Triste el optimismo de Teodoro también. Las suyas son opiniones timbradas en 1990, cuando el éxito de la perestroika y el glasnot parecían asegurar la democracia en Rusia. Triste desde luego, para nosotros que conocemos a Putin, a los petromillonarios, al yate de Abramovich, al exespía envenenado con polonio, a la periodista acribillada en Vladivostok y a los rusos que día a día huyen de Rusia hacia Europa en busca de libertad y oportunidades.
Marx habla en El 18 Brumario de Luis Bonaparte citado por Teodoro: “La tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de las vivientes […] Y precisamente cuando debieran estar comprometidas en revolucionarse a sí mismas y a las cosas, en crear algo enteramente nuevo, precisamente en tales épocas de crisis revolucionaria, conjuran ansiosamente los espíritus del pasado y toman de ellos nombres, consignas de lucha y costumbres, con vistas a presentar la nueva escena de la historia mundial con ese disfraz dignificado del tiempo y con ese lenguaje prestado.” P 89
Por supuesto, Teodoro critica a la izquierda que se encasilla en Marx, en Lenin, en el octubre rojo de Petrogrado… La izquierda chavista es cierto que ha sido algo completamente nuevo, pero nuevo en el sentido que ha buscado nuevos muertos: Bolívar, Miranda y el Che.
El Estado burgués moderno según Teodoro es un mini-Leviatán que controla amplísimos aspectos de la vida de la sociedad.
Sin lugar a dudas el chavismo, con todo y su germen leninista-stalinista, es un partido moderno.
En Latinoamérica, el “obrerismo” ha sido sustituido por “marginalismo”.
Una añoranza por el sistema político de los Estados Unidos, de Francia, de Italia, donde el Estado burgués impone “los fines de la burguesía sin apelar a la dictadura en el gobierno” P 103. ¿Acaso no es eso lo que tenemos hoy? ¿Una dictadura disfrazada?
Kautsky.
Las críticas que se le hacían a Marx en aquél entonces siempre eran puntuales, pero como advierte Teodoro: “se equivocan es al creer, o al mostrar que creen que pueden suprimir los fundamentos sobre los que se apoya la construcción teórica de Marx y al mismo tiempo mantener en pie todo el edificio. Es éste un modo de comportarse que no es simplemente ilusorio. Rehusando admitir que aquello que se rechaza de la obra de Marx no es secundario sino esencial, se oculta y, por consiguiente, se hace más grave la crisis del marxismo en su conjunto”. P 112 Lucio Colletti, Internista politico-filosofica, Laterza 1975
En Manuel Caballero: la lucha a la corrupción como un combate mítico, el Armageddon entre los militares del 4 de febrero, arcángeles de la moralidad y la virtud, en contra de las huestes malignas de Carlos Andrés Pérez.

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