miércoles, 23 de abril de 2008

Trabajo Final

CSX388 – De Bolívar al Che Guevara: Análisis del papel que juega el icono de la Revolución Cubana Ernesto Guevara de la Serna dentro de la mitología chavista

Autor: Gabriel Castellanos 01-33686

A lo largo de estos años, el discurso del presidente Hugo Chávez ha realizado un viraje ideológico evidente. Su ascenso al poder suponía la fundación de una Quinta República, un nuevo comienzo, inscrito dentro de una mitología muy particular donde la Patria era devuelta a su período originario (La Gran Colombia) y a su padre fundador (Simón Bolívar). Estas ideas implicaban además una antipolítica que venía a ocupar un vacío dejado por los partidos tradicionales, así como un nacionalismo intenso, fervor a lo militar, política exterior integracionista y manejo del lenguaje folklórico y popular.

Tras casi nueve años en el poder, encontramos un nuevo código, un nuevo lenguaje político mucho más complejo que durante aquellos años iniciales. La actual Revolución ya no es referida a la Revolución Independentista de 1811, sino a la polémica Revolución Cubana. Bolívar, Miranda, Zamora, han sido yuxtapuestos y en algunos casos desplazados por iconos de la Revolución Cubana, muy en especial Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.

Esta nueva iconografía se hizo patente durante la semana del 8 de octubre de 2007. El tratamiento que el Gobierno venezolano dio a la conmemoración del 40º aniversario de la muerte de Ernesto Che Guevara, fue más allá del estricto homenaje. Los venezolanos observamos cómo se desplegaba una agenda informativa donde todos los espacios eran llenados por la figura de Guevara. En honor al argentino no sólo hubo himnos y condecoraciones, sino festival cultural, estela de cristal, documentales apologéticos, docenas de páginas en los periódicos oficialistas y, por supuesto, Aló Presidente desde Santa Clara, donde hoy día reposan sus restos físicos. Cada una de estas manifestaciones destacaba la identificación total del proyecto de Estado impulsado por el Ejecutivo llamado Socialismo del Siglo XXI con el pensamiento guevarista.

Sin lugar a dudas ha habido una re-escritura del proyecto inicial que fue presentado a la sociedad venezolana en 1999. Bajo estas circunstancias, vale la pena identificar cuál es el verdadero rol que juega el pensamiento guevarista dentro del chavismo. Suponiendo la coherencia ideológica del presidente, ¿es acaso el guevarismo la fase cumbre del bolivarianismo?

Primero, es necesario definir lo que es un mito político. Los mitos políticos son la narrativa común de un grupo social o sociedad, a través de la cual sus miembros representan y depositan sus experiencias y obras[i]. No apelan a la razón, sino a la emoción, “con el mito no se intenta convencer a nadie, sino arrastrarlo a derribar una bastilla, un régimen, un sistema[ii]”. El mito político es además una escatología, una poderosa ficción que más que reflejar eventos pasados, anticipa un futuro soñado, imaginado, que vendrá a completar una verdad[iii].

Ahora bien, entendemos por chavismo a la ideología que lidera Hugo Chávez y bajo la cual se controla la política de Estado en Venezuela, la cual posee un marcado acento personalista, con fuertes rasgos de militarismo, mesianismo, caudillismo y autoritarismo. Hablamos de “mitología chavista” cuando nos referimos al conjunto de mitos políticos que son incorporados al chavismo, con la finalidad de proporcionarle sustento, vigor y nexo con el pueblo venezolano y su historia.

El más importante de estos mitos lo constituye la renovación del culto a Bolívar, el cual fue iniciado con Páez en 1842, continuado por Guzmán Blanco y concluye con el presidente Hugo Chávez Frías y el bautismo de Venezuela como República Bolivariana[iv]. El culto oficial se ha convertido en una religión patriótica, cuyo Dios es el “Padre Nuestro Libertador”. La deificación del Libertador hace que todos sus escritos y pensamientos sean tomados como la verdad absoluta, desprovista de su contexto histórico, y que cada gobernante se convierta en una especie de Sumo Sacerdote, único capaz de interpretar los designios del divino Bolívar.

Dos vertientes han surgido de este mito político a lo largo de la historia contemporánea. Una de ellas justificó los abusos de poder cometidos por la dictadura gomecista y es la de un Bolívar Dictador cuya máxima preocupación fue “la reorganización social, la necesidad de refrenar la anarquía, establecer el orden e imponer el respeto a la autoridad[v]”. Incrustada en las raíces del positivismo y el militarismo tradicional de Venezuela, esta imagen de un Bolívar que venía a poner mano dura, freír ‘adecos’ y encarcelar corruptos fue ampliamente utilizada por Hugo Chávez durante la campaña presidencial de 1998.

La otra vertiente es la de Bolívar Revolucionario, en la cual se interpreta el pensamiento de Bolívar desde una óptica marxista: el ejército bolivariano es convertido en un “ejército popular de masas” que luchó por la igualdad y la justicia social, la integración de los pueblos de América Latina en una gran nación es comparada con la propuesta de Lenin de una coalición de Estados socialistas, incluso el famoso “cesen los partidos y se consolide la unión” es el pretexto para la instauración de un partido único[vi]. Esta última vertiente es la que a partir del año 2005 y más aún durante el 2007 se ha convertido en el gran discurso político del presidente.

Pero toda revolución persigue la instauración de un nuevo orden y su propia consumación. El discurso chavista inicial fue “un planteamiento, vago y más bien emocional, de redención social pero [desde 2005] trata de dársele mayor profundidad conceptual, asociándolo caprichosa, y hasta grotescamente, a la búsqueda de un contenido específico para el inefable ‘socialismo del siglo XXI’[vii]”. Lejos de la hipótesis de Garrido en la cual la evolución de bolivarianismo a socialismo obedece a una estrategia concebida desde hace muchos años[viii], lo que se plantea es que el nuevo discurso se introduce dentro de una tradición de continuos cambios de formas ideológicas.

El socialismo del siglo XXI necesita héroes. El Bolívar Revolucionario tal vez pueda servir de enlace entre el pasado histórico y el presente cambiante, pero se necesita una figura del futuro. No puede seguir siendo extraído de la historia venezolana, pues ningún prócer le llega a los talones al divino Bolívar. Se recurre entonces a otra Revolución, exitosa, latinoamericana, nacionalista, socialista y militarista: la Revolución Cubana. Y de entre todos los ‘barbudos’, el más carismático: Ernesto Guevara de la Serna, el Che.

El culto a Guevara comenzó en Cuba a través de la relación directa entre él y sus compañeros de armas. En la Sierra Maestra, el Che era frío a la hora de encarar misiones peligrosas, severo con su tropa, feroz en el combate violento, duro con los traidores revolucionarios. Además se tomaba el tiempo para inculcar la abnegación, la conciencia social y las letras a los guerrilleros y campesinos analfabetos. Para éstos, “el Che era un guía y maestro, un modelo a emular[ix]”. Esta moral revolucionaria creció mucho más tras la llegada a La Habana, cuando ejerció el cargo de fiscal supremo durante los juicios sumarios en La Cabaña y aplicó la justicia de manera veloz e implacable. Luego, en las distintas posiciones que ocupó al servicio de la Revolución hizo gala de su austeridad y ética intachables.

Su mito creció fuera de las fronteras de la isla cuando decidió convertirse en el principal embajador de la Revolución y extender la guerrilla a través del continente y más allá. Entonces Guevara fue visto como el arquetipo del rebelde que se oponía no sólo al imperialismo yanqui sino también al soviético. Su prematura muerte en Bolivia lo elevó a la calidad de mártir. Esta rebeldía y carácter universal del Che fue la que lo transformó en bandera de las fuerzas de contracultura que durante los años sesenta y principios de los setenta se propagaron por Estados Unidos y Europa. A pesar de que hoy en día ha degenerado en icono de la cultura ‘pop’, el Che sigue siendo referencia y es una de las figuras más reivindicada por los movimientos antiglobales y de izquierda en todo el mundo.

Tomando en cuenta que una de las características de la política exterior de Hugo Chávez es su deseo de convertirse en adalid de las luchas anti-imperialistas mundiales en representación de los pueblos oprimidos, es natural la selección de un personaje ‘hip’, reconocible por multitud de culturas y facciones políticas, que transmite un mensaje claro y preciso como lo es el Che Guevara. La efigie de Bolívar, con su traje napoleónico, perfil adusto y marcado localismo y anacronismo es mucho menos llamativa que el rostro soñador e inconforme capturado por la foto de Alberto Korda.

Guevara es tan versátil que incluso puede representar por sí sólo muchas de las ideas bolivarianas o al menos serle referencia. Durante una reunión en Moscú con dirigentes de los partidos comunistas latinoamericanos, el Che propuso que “los ejércitos marxistas de los países norteños Venezuela, Colombia y Ecuador marcharían hacia el sur como las tropas de Bolívar, mientras que los del sur –Chile, Perú, Uruguay y Argentina– lo harían hacia el norte como San Martín[x]” para encontrarse en Bolivia. Por eso puede ser usado como símbolo del integracionismo latinoamericano, más ahora a las luces de una posible confederación entre Cuba y Venezuela.

El Che diría en 1959 que “[el guerrillero] es el combatiente de la libertad por excelencia; es el elegido del pueblo, la vanguardia combatiente del mismo en su lucha por la liberación[xi]”. Además, “el guerrillero es un reformador social[xii]”, por lo cual no es de extrañar que en múltiples discursos Chávez haya dicho que él también es un guerrillero. La imagen no sólo busca identificarse con el ideal de lucha y de reforma social que representa el Che, sino también cristalizar esa difícil dualidad que encarna Chávez: un militar comunista.

Como último punto destaco un fenómeno que se ha ido observado recientemente dentro del chavismo como fuerza política. Ante las denuncias de corrupción, las fracturas ideológicas y la derrota del referéndum de reforma constitucional, muchos buscan la radicalización de la revolución. Cito las siguientes líneas de un ejemplar de prensa oficialista: “[la derecha endógena que anida en la revolución bolivariana] en su ceguera y exhibicionismo grosero, se [niega] a practicar el valor más preciado de una revolución socialista: el desprendimiento de todo bien material. Es el comandante Chávez quien acude al ejemplo guevariano que [ella evade], el único ejemplo vivo de la austeridad y el trabajo permanente que conduce al humanismo y a la solidaridad que le debemos al pueblo[xiii]”.

Puede que se inicie ahora un capítulo de ‘revolución dentro de la revolución’, una radicalización en los cuadros chavistas que conlleve a un control disciplinario de los allegados al gobierno. Guevara entonces podrá ser el símbolo del burócrata ideal, responsable, incorruptible, el fiel revolucionario que trabaja por su proceso y su patria. Conociendo lo que sucedió en Cuba, donde el ‘hombre nuevo’ jamás nació, difícilmente tal utopía modernista podrá establecerse en otra nación caribeña donde nadie se toma demasiado en serio ni su trabajo ni la moral.

Finalmente, tal y como sucede con Bolívar, Guevara es un mito en sí mismo, anterior al chavismo y con vida propia. Destaco esto pues se puede creer que Chávez ha despertado antiguas creencias ocultas en el subconsciente colectivo, cuando en realidad ha hecho algo mucho más fácil: montarse en corrientes bien definidas, identificables y emotivas que estaban allí para ser explotadas. Una no necesariamente excluye a la otra. Como es tradición en el chavismo, los mitos, los personajes y las ideologías se superponen y forman el espectáculo de la revolución. Es imposible e innecesario saber si este discurso obedece a un razonamiento honesto en favor del pueblo: sólo se puede valorar cómo sus acciones le ayudan o no a conservar el poder.



[i] Boticci, C. (2007): A Philosophy of Political Myth. Nueva York, Cambridge University Press. http://www.google.co.uk/books?id=dlRj1kzlNzcC&printsec=frontcover&dq=chiara+bottici&sig=Nq8LHf0fEJg6rJz2KFLMvmJir5c – Consultado el 11 de noviembre de 2007

[ii] Caballero, M. (2007): “Política: un mito solar y otros mitos lunares” en Ni Dios, ni Federación. Crítica de la historia política. Caracas, Editorial Alfa, p. 185.

[iii] Boer, R. (2005): Political Myth. Monash University, Centre for Comparative Literature & Cultural Studies. http://arts.monash.edu.au/cclcs/research/papers/political-myth.pdf - Consultado el 11 de noviembre de 2007

[iv] Pino Iturrieta, E. (2006): El divino Bolívar. Caracas, Alfadil, p. 35

[v] Vallenilla Lanz, L. (2007): “El gendarme necesario” citado por I. Quintero en “Bolívar Dictador, Bolívar Revolucionario” El Bolívar de Marx. Caracas, Editorial Alfa, p. 32

[vi] Quintero, I., op. cit., pp. 37-47

[vii] Petkoff, T. (2005): “Las dos izquierdas” en Dos izquierdas. Caracas, Alfadil, p. 36

[viii] Garrido, A. (2005): “La revolución socialista bolivariana” en La guerra (asimétrica) de Chávez. Caracas, Alfadil, p. 115

[ix] Anderson, J. L. (2006): Che Guevara. Una vida revolucionaria. Barcelona, Anagrama, p. 327

[x] Ibid, p. 578

[xi] Guevara, E. (1974): “Qué es un ‘guerrillero’” en Obra Revolucionaria. México, Ediciones ERA, p. 501

[xii] Ibid, p. 502

[xiii] Silva García, M. (2007-10-5): “La esperanza sigue su curso… ¡inalterable!” en La Hojilla Impresa. Caracas, p. 2