domingo, 21 de octubre de 2007

Hace unas 3 semanas que terminé de leer el libro Del Buen Salvaje... Algunos conceptos han sido madurados, ciertas frases que quedaron en mi mente y ahora resuenan fuertemente. Sin lugar a dudas, libros así no son aceptados a la primera lectura. Son libros difíciles y recalco la dureza de sus ideas. Pero por supuesto, no estamos leyendo por placer (aunque Borges nos diga que esa es la única finalidad que nuestra lectura debería tener) y para sentirme bien y mejor conmigo mismo y Latinoamérica bien pudiera leer el Canto General, seguir drogado con el polvo blanco de los mitos sociopolíticos y calmar mis insatisfacciones. Así que vamos a partir de algo: soy escéptico porque soy parte de esos mitos. Sencillamente oye, el capítulo de las universidades, por ejemplo, no sé a los demás pero a mí me duele, no voy a decir que profundamente, oye pero incomoda. Lo irónico es que si no fuera del todo verdad no incomodaría.

Pero oye, sentir que uno ha cumplido el viejo libreto que ya había sido escrito en los setenta y mucho antes, hace pensar mucho. Por supuesto que los títulos no son importantes y que no hay nada más cursi que un título enmarcado (pero, sinceramente, sabemos que lo que más deseo en este momento, último trimestre, es tener mi título, y cualquier estudiante sabrá que lo que se empieza hay que terminarlo). Menciono al viejo libreto porque muy probablemente después de graduarme, iré al exterior a seguir estudiando y sí, cultivaré las amistades que pueda, intentaré de manera modesta y sencilla conocer a gente a la cual me toparé más adelante en la vida... Personalmente considero que esta conducta no tiene nada negativo. Perjudiciales son otras cosas que no tienen porqué estar incluidas en el mismo análisis, como lo son el camaraderismo, el nepotismo, la mediocridad y otras cosas que Rangel mete en el mismo saco. Lo digo porque, a pesar de que acepte el hecho de que un título no significa nada, a pesar de que sé que el Estado invirtió en mí dinero que pudo haber gastado en darle de comer a un niño pobre, que como estudiante no siempre di el 100%, no voy a acarrear complejos de culpa y caminaré tranquilo el día de mi graduación a recibir mi título, del cual se sentirán muy orgullosos mis seres queridos. ¿Es eso ser inmoderno? ¿Qué hay acaso de las cofradías que existen en las universidades norteamericanas? Hay una novela de la autora inglesa Zadie Smith, On Beauty, que describe con suma ironía el mundo mezquino, agresivo y desprovisto de moral que se vive en las universidades de Nueva Inglaterra. También Tom Wolfe en I am Charlotte Simmons describe la vida de una universitaria común en los Estados Unidos que es un relato decadente, lleno de sexo, drogas y juegos de poder.

No vengo a moralizar sobre el asunto. Jóvenes habemos de todo tipo, de todas las personalidades, más en Caracas, y cualquiera de nosotros tendrá algún anécdota que pudiera escandalizar a ciertas sensibilidades. La crisis de las instituciones universitarias es la crisis de la juventud, una crisis que se ha venido fraguando desde hace mucho tiempo y es, sencillamente, la consecuencia de un mundo que cada vez se hace más rico, donde los jóvenes tienen más dinero y más libertad. Las instituciones universitarias son elitistas de por sí, pues toda sociedad desea la formación de una élite que la pueda formar. Lamentablemente Rangel no transmite bien su mensaje y no entiendo si deseaba denunciar la conducta del alumnado universitario venezolano o simplemente hacer un mea culpa y de algún modo establecer un coloquio del estilo "tranquilo, que yo entiendo cómo eres". Quisiera que Rangel hablase con algún padre de un universitario, esos padres que se matan día a día para poder darles a sus hijos la educación que tienen y decirle que la Ingeniería o Derecho u Odontología en la cual se está graduando su hijo son "pretextos para la prolongación de antiguos privilegios". Entiendo ahora que en cierta manera el libro sí envejeció mal: la democracia puntofijista sirvió entonces, para poder hacer que esos "privilegios" llegaran a mayores sectores de la población. Defiendo mi posición y la de muchos compañeros al decir que no estamos preservando ningunos privilegios, sino todo lo contrario: hemos conquistado privilegios que generaciones pasadas no tuvieron. De ahí que el retrato de la Universidad que Rangel hace, sea incorrecto, pues más allá de los errores que toda institución pueda tener, la educación es la única manera de ennoblecer a los hombres y, como cualquier madre diría: "mejor en un salón con un libro que en la calle con las drogas". Triste, pero es la realidad. Puede que las sociedades latinoamericanas aspiren muy bajo, pero eso es producto de la pobreza: pareciera contradictorio, y sé que cualquier sociólogo o estadístico me refutará, pero muchas veces la pobreza enseña a dejar de soñar y te convierte en el ser más pragmático.

No voy a extenderme más en la discusión de ese capítulo, pero así como éste hay muchos ejemplos en los cuales debo detenerme y mantener mi posición. Además, todos sabemos cómo terminó la vida de Rangel. Sé que es malo mezclar esas cosas con las ideas, oye pero ese recuerdo es como un fantasma que acosa las páginas del libro. Es como leer a Hemingway o a Virginia Woolf. La vida del autor se refleja en cada párrafo, así sea el más estéril tratado de psicología social.

No sé si he respondido las razones mi escepticismo. Pero podemos seguir discutiendo y creo que bien vale la pena la discusión. Como dije, he vivido durante mucho tiempo con los mitos que dice Rangel y hay veces en que no logro distinguir qué es mito y qué es realidad. La razón entrena a la percepción y la hace herramienta de sí misma. Por eso estamos aquí, leyendo, discutiendo, para expandir a la razón y mejorar la percepción. Además, la única experiencia universitaria que poseo me la ha brindado la Universidad Simón Bolívar, que para mal o para bien la considero uno de los pocos reductos de excelencia que conserva el país. Uno siente la diferencia en lo que sale de Sartenejas, es reconocible una barrera. No se puede culpar a la Universidad por los problemas de afuera, la Universidad cumple con formar a sus estudiantes. Qué papel jugarán los graduados puede ser otro punto de debate, y más allá de la filosofía de una universidad, existe la libertad individual de todo estudiante. Hay mucho por hacer y mucho qué cambiar, pero comprenderás mi punto de vista que la Universidad Venezolana sí brinda oportunidades y su gratuidad ha favorecido a muchas personas.

Tal vez a Rangel haya que concederle una victoria y es la siguiente. Si bien el libro fue escrito durante la Guerra Fría, cuando el comunismo soviético amenazaba con destruir las conquistas de la democracia occidental liberal, hoy en día lo leemos bajo una situación no menos angustiante y agresiva: la progresiva instauración de un régimen socialista autoritario en Venezuela. Del Buen Salvaje... puede ser leído como un gran tratado de la miseria humana que somos los latinoamericanos y, más allá de la depresión y el pesimismo que pueda haber acosado su autor, bien puede dársele el beneficio de la duda y aceptarlo como una postura fuerte y valiente ante la influencia de la izquierda soviética en la intelectualidad venezolana. Tal vez, mi lectura ha sido la equivocada, y el disgusto que siento ante leer las críticas de Rangel, es un disgusto infundado pues no se dirige a mí, sino a las personas que, creyendo ser "socialistas" y "revolucionarios" durante los años setenta, seguían practicando los viejos libretos de la sociedad latinoamericana y cuidaban sobre todas las cosas sus intereses personales. Tal vez, como lector ingenuo haya caído en la trampa (Umberto Eco dice que hay dos tipos de lectores: el que cae en la trampa del autor para luego darse cuenta de haber caído y aquél que reconoce de antemano la trampa y, sin embargo, decide caer en la trampa para seguir el autor... sin duda siempre seré de los del primer tipo) que Rangel le ha tendido al lector: el ataque a la izquierda insincera consigo misma.

Si es así, una vez más, cambio mi análisis y recuerdo al artículo de Emeterio Gómez el día de hoy en el diario El Universal, donde nos advierte que "[ahora] no es el momento de reforzar las ilusiones que Occidente nos ha inculcado!! y que condujeron finalmente a la utopía marxista y cheguevarista del hombre nuevo. Es más bien la época ¡de equilibrar! nuestra visión de lo humano, recalcando la miseria profunda que somos". Entonces el libro de Carlos Rangel sí es vigente y es correcto que nos moleste y que nos hiera, pues nos demuestra la "miseria profunda" de nuestras sociedades y nos aleja de las utopías bolivariano-socialistas que este gobierno quiere imponer a la fuerza a la mayoría de los venezolanos. Lo irónico del asunto es que, los defectos de los cuales hablaba Rangel hoy en día son recordados con nostalgia, ya que pertenecen al pasado puntofijista, cuando hoy en día todos esos defectos han sido exacerbados al límite y han aparecido nuevos otros. La institución universitaria puntofijista luce inmensa al ser comparada a Misión Robinson, Misión Ribas y no sé cuáles otras... Tal vez el capítulo de la Universidad deba ser escrito hoy, con los nuevos protagonistas y los nuevos villanos.

Sólo pido algo de respeto por aquellas personas que a no ser por la gratuidad de la Universidad pública venezolana jamás hubiesen recibido una educación superior, pues a veces en una sociedad tan miserable como la nuestra, un poco de educación es la gran diferencia entre la riqueza y el hambre, entre la sabiduría y la ignorancia. Sí defiendo a la excelencia, no como cualidad exclusiva de las universidades, sino como forma de vida de la sociedad, como única forma de reducir la mediocridad y garantizar la productividad. Y finalmente, la educación superior debe ser concebida no como un derecho sino como una oportunidad.

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