miércoles, 23 de abril de 2008

Trabajo Final

CSX388 – De Bolívar al Che Guevara: Análisis del papel que juega el icono de la Revolución Cubana Ernesto Guevara de la Serna dentro de la mitología chavista

Autor: Gabriel Castellanos 01-33686

A lo largo de estos años, el discurso del presidente Hugo Chávez ha realizado un viraje ideológico evidente. Su ascenso al poder suponía la fundación de una Quinta República, un nuevo comienzo, inscrito dentro de una mitología muy particular donde la Patria era devuelta a su período originario (La Gran Colombia) y a su padre fundador (Simón Bolívar). Estas ideas implicaban además una antipolítica que venía a ocupar un vacío dejado por los partidos tradicionales, así como un nacionalismo intenso, fervor a lo militar, política exterior integracionista y manejo del lenguaje folklórico y popular.

Tras casi nueve años en el poder, encontramos un nuevo código, un nuevo lenguaje político mucho más complejo que durante aquellos años iniciales. La actual Revolución ya no es referida a la Revolución Independentista de 1811, sino a la polémica Revolución Cubana. Bolívar, Miranda, Zamora, han sido yuxtapuestos y en algunos casos desplazados por iconos de la Revolución Cubana, muy en especial Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.

Esta nueva iconografía se hizo patente durante la semana del 8 de octubre de 2007. El tratamiento que el Gobierno venezolano dio a la conmemoración del 40º aniversario de la muerte de Ernesto Che Guevara, fue más allá del estricto homenaje. Los venezolanos observamos cómo se desplegaba una agenda informativa donde todos los espacios eran llenados por la figura de Guevara. En honor al argentino no sólo hubo himnos y condecoraciones, sino festival cultural, estela de cristal, documentales apologéticos, docenas de páginas en los periódicos oficialistas y, por supuesto, Aló Presidente desde Santa Clara, donde hoy día reposan sus restos físicos. Cada una de estas manifestaciones destacaba la identificación total del proyecto de Estado impulsado por el Ejecutivo llamado Socialismo del Siglo XXI con el pensamiento guevarista.

Sin lugar a dudas ha habido una re-escritura del proyecto inicial que fue presentado a la sociedad venezolana en 1999. Bajo estas circunstancias, vale la pena identificar cuál es el verdadero rol que juega el pensamiento guevarista dentro del chavismo. Suponiendo la coherencia ideológica del presidente, ¿es acaso el guevarismo la fase cumbre del bolivarianismo?

Primero, es necesario definir lo que es un mito político. Los mitos políticos son la narrativa común de un grupo social o sociedad, a través de la cual sus miembros representan y depositan sus experiencias y obras[i]. No apelan a la razón, sino a la emoción, “con el mito no se intenta convencer a nadie, sino arrastrarlo a derribar una bastilla, un régimen, un sistema[ii]”. El mito político es además una escatología, una poderosa ficción que más que reflejar eventos pasados, anticipa un futuro soñado, imaginado, que vendrá a completar una verdad[iii].

Ahora bien, entendemos por chavismo a la ideología que lidera Hugo Chávez y bajo la cual se controla la política de Estado en Venezuela, la cual posee un marcado acento personalista, con fuertes rasgos de militarismo, mesianismo, caudillismo y autoritarismo. Hablamos de “mitología chavista” cuando nos referimos al conjunto de mitos políticos que son incorporados al chavismo, con la finalidad de proporcionarle sustento, vigor y nexo con el pueblo venezolano y su historia.

El más importante de estos mitos lo constituye la renovación del culto a Bolívar, el cual fue iniciado con Páez en 1842, continuado por Guzmán Blanco y concluye con el presidente Hugo Chávez Frías y el bautismo de Venezuela como República Bolivariana[iv]. El culto oficial se ha convertido en una religión patriótica, cuyo Dios es el “Padre Nuestro Libertador”. La deificación del Libertador hace que todos sus escritos y pensamientos sean tomados como la verdad absoluta, desprovista de su contexto histórico, y que cada gobernante se convierta en una especie de Sumo Sacerdote, único capaz de interpretar los designios del divino Bolívar.

Dos vertientes han surgido de este mito político a lo largo de la historia contemporánea. Una de ellas justificó los abusos de poder cometidos por la dictadura gomecista y es la de un Bolívar Dictador cuya máxima preocupación fue “la reorganización social, la necesidad de refrenar la anarquía, establecer el orden e imponer el respeto a la autoridad[v]”. Incrustada en las raíces del positivismo y el militarismo tradicional de Venezuela, esta imagen de un Bolívar que venía a poner mano dura, freír ‘adecos’ y encarcelar corruptos fue ampliamente utilizada por Hugo Chávez durante la campaña presidencial de 1998.

La otra vertiente es la de Bolívar Revolucionario, en la cual se interpreta el pensamiento de Bolívar desde una óptica marxista: el ejército bolivariano es convertido en un “ejército popular de masas” que luchó por la igualdad y la justicia social, la integración de los pueblos de América Latina en una gran nación es comparada con la propuesta de Lenin de una coalición de Estados socialistas, incluso el famoso “cesen los partidos y se consolide la unión” es el pretexto para la instauración de un partido único[vi]. Esta última vertiente es la que a partir del año 2005 y más aún durante el 2007 se ha convertido en el gran discurso político del presidente.

Pero toda revolución persigue la instauración de un nuevo orden y su propia consumación. El discurso chavista inicial fue “un planteamiento, vago y más bien emocional, de redención social pero [desde 2005] trata de dársele mayor profundidad conceptual, asociándolo caprichosa, y hasta grotescamente, a la búsqueda de un contenido específico para el inefable ‘socialismo del siglo XXI’[vii]”. Lejos de la hipótesis de Garrido en la cual la evolución de bolivarianismo a socialismo obedece a una estrategia concebida desde hace muchos años[viii], lo que se plantea es que el nuevo discurso se introduce dentro de una tradición de continuos cambios de formas ideológicas.

El socialismo del siglo XXI necesita héroes. El Bolívar Revolucionario tal vez pueda servir de enlace entre el pasado histórico y el presente cambiante, pero se necesita una figura del futuro. No puede seguir siendo extraído de la historia venezolana, pues ningún prócer le llega a los talones al divino Bolívar. Se recurre entonces a otra Revolución, exitosa, latinoamericana, nacionalista, socialista y militarista: la Revolución Cubana. Y de entre todos los ‘barbudos’, el más carismático: Ernesto Guevara de la Serna, el Che.

El culto a Guevara comenzó en Cuba a través de la relación directa entre él y sus compañeros de armas. En la Sierra Maestra, el Che era frío a la hora de encarar misiones peligrosas, severo con su tropa, feroz en el combate violento, duro con los traidores revolucionarios. Además se tomaba el tiempo para inculcar la abnegación, la conciencia social y las letras a los guerrilleros y campesinos analfabetos. Para éstos, “el Che era un guía y maestro, un modelo a emular[ix]”. Esta moral revolucionaria creció mucho más tras la llegada a La Habana, cuando ejerció el cargo de fiscal supremo durante los juicios sumarios en La Cabaña y aplicó la justicia de manera veloz e implacable. Luego, en las distintas posiciones que ocupó al servicio de la Revolución hizo gala de su austeridad y ética intachables.

Su mito creció fuera de las fronteras de la isla cuando decidió convertirse en el principal embajador de la Revolución y extender la guerrilla a través del continente y más allá. Entonces Guevara fue visto como el arquetipo del rebelde que se oponía no sólo al imperialismo yanqui sino también al soviético. Su prematura muerte en Bolivia lo elevó a la calidad de mártir. Esta rebeldía y carácter universal del Che fue la que lo transformó en bandera de las fuerzas de contracultura que durante los años sesenta y principios de los setenta se propagaron por Estados Unidos y Europa. A pesar de que hoy en día ha degenerado en icono de la cultura ‘pop’, el Che sigue siendo referencia y es una de las figuras más reivindicada por los movimientos antiglobales y de izquierda en todo el mundo.

Tomando en cuenta que una de las características de la política exterior de Hugo Chávez es su deseo de convertirse en adalid de las luchas anti-imperialistas mundiales en representación de los pueblos oprimidos, es natural la selección de un personaje ‘hip’, reconocible por multitud de culturas y facciones políticas, que transmite un mensaje claro y preciso como lo es el Che Guevara. La efigie de Bolívar, con su traje napoleónico, perfil adusto y marcado localismo y anacronismo es mucho menos llamativa que el rostro soñador e inconforme capturado por la foto de Alberto Korda.

Guevara es tan versátil que incluso puede representar por sí sólo muchas de las ideas bolivarianas o al menos serle referencia. Durante una reunión en Moscú con dirigentes de los partidos comunistas latinoamericanos, el Che propuso que “los ejércitos marxistas de los países norteños Venezuela, Colombia y Ecuador marcharían hacia el sur como las tropas de Bolívar, mientras que los del sur –Chile, Perú, Uruguay y Argentina– lo harían hacia el norte como San Martín[x]” para encontrarse en Bolivia. Por eso puede ser usado como símbolo del integracionismo latinoamericano, más ahora a las luces de una posible confederación entre Cuba y Venezuela.

El Che diría en 1959 que “[el guerrillero] es el combatiente de la libertad por excelencia; es el elegido del pueblo, la vanguardia combatiente del mismo en su lucha por la liberación[xi]”. Además, “el guerrillero es un reformador social[xii]”, por lo cual no es de extrañar que en múltiples discursos Chávez haya dicho que él también es un guerrillero. La imagen no sólo busca identificarse con el ideal de lucha y de reforma social que representa el Che, sino también cristalizar esa difícil dualidad que encarna Chávez: un militar comunista.

Como último punto destaco un fenómeno que se ha ido observado recientemente dentro del chavismo como fuerza política. Ante las denuncias de corrupción, las fracturas ideológicas y la derrota del referéndum de reforma constitucional, muchos buscan la radicalización de la revolución. Cito las siguientes líneas de un ejemplar de prensa oficialista: “[la derecha endógena que anida en la revolución bolivariana] en su ceguera y exhibicionismo grosero, se [niega] a practicar el valor más preciado de una revolución socialista: el desprendimiento de todo bien material. Es el comandante Chávez quien acude al ejemplo guevariano que [ella evade], el único ejemplo vivo de la austeridad y el trabajo permanente que conduce al humanismo y a la solidaridad que le debemos al pueblo[xiii]”.

Puede que se inicie ahora un capítulo de ‘revolución dentro de la revolución’, una radicalización en los cuadros chavistas que conlleve a un control disciplinario de los allegados al gobierno. Guevara entonces podrá ser el símbolo del burócrata ideal, responsable, incorruptible, el fiel revolucionario que trabaja por su proceso y su patria. Conociendo lo que sucedió en Cuba, donde el ‘hombre nuevo’ jamás nació, difícilmente tal utopía modernista podrá establecerse en otra nación caribeña donde nadie se toma demasiado en serio ni su trabajo ni la moral.

Finalmente, tal y como sucede con Bolívar, Guevara es un mito en sí mismo, anterior al chavismo y con vida propia. Destaco esto pues se puede creer que Chávez ha despertado antiguas creencias ocultas en el subconsciente colectivo, cuando en realidad ha hecho algo mucho más fácil: montarse en corrientes bien definidas, identificables y emotivas que estaban allí para ser explotadas. Una no necesariamente excluye a la otra. Como es tradición en el chavismo, los mitos, los personajes y las ideologías se superponen y forman el espectáculo de la revolución. Es imposible e innecesario saber si este discurso obedece a un razonamiento honesto en favor del pueblo: sólo se puede valorar cómo sus acciones le ayudan o no a conservar el poder.



[i] Boticci, C. (2007): A Philosophy of Political Myth. Nueva York, Cambridge University Press. http://www.google.co.uk/books?id=dlRj1kzlNzcC&printsec=frontcover&dq=chiara+bottici&sig=Nq8LHf0fEJg6rJz2KFLMvmJir5c – Consultado el 11 de noviembre de 2007

[ii] Caballero, M. (2007): “Política: un mito solar y otros mitos lunares” en Ni Dios, ni Federación. Crítica de la historia política. Caracas, Editorial Alfa, p. 185.

[iii] Boer, R. (2005): Political Myth. Monash University, Centre for Comparative Literature & Cultural Studies. http://arts.monash.edu.au/cclcs/research/papers/political-myth.pdf - Consultado el 11 de noviembre de 2007

[iv] Pino Iturrieta, E. (2006): El divino Bolívar. Caracas, Alfadil, p. 35

[v] Vallenilla Lanz, L. (2007): “El gendarme necesario” citado por I. Quintero en “Bolívar Dictador, Bolívar Revolucionario” El Bolívar de Marx. Caracas, Editorial Alfa, p. 32

[vi] Quintero, I., op. cit., pp. 37-47

[vii] Petkoff, T. (2005): “Las dos izquierdas” en Dos izquierdas. Caracas, Alfadil, p. 36

[viii] Garrido, A. (2005): “La revolución socialista bolivariana” en La guerra (asimétrica) de Chávez. Caracas, Alfadil, p. 115

[ix] Anderson, J. L. (2006): Che Guevara. Una vida revolucionaria. Barcelona, Anagrama, p. 327

[x] Ibid, p. 578

[xi] Guevara, E. (1974): “Qué es un ‘guerrillero’” en Obra Revolucionaria. México, Ediciones ERA, p. 501

[xii] Ibid, p. 502

[xiii] Silva García, M. (2007-10-5): “La esperanza sigue su curso… ¡inalterable!” en La Hojilla Impresa. Caracas, p. 2

sábado, 1 de diciembre de 2007



He llegado al capítulo sobre la “guerrilla salteña” en la biografía escrita por Anderson. Confieso que al principio pasé muchas de las páginas sin leerlas, pues Anderson como siempre expone toda la panoplia de su abultada investigación, en las cuales los detalles son lo más importante. Pasé estas páginas de manera muy rápida también por la escasez del tiempo que me queda para terminar de leer la biografía y proceder a dejar las anotaciones marginales, elucubraciones conspirativas y devaneos espirituales y de una vez por todas hacer el proyecto. Sin embargo, al llegar al final del capítulo, sentí que había dejado pasar uno de los momentos más especiales de la biografía, pues recordé que, al parecer, Anderson había sido explícito en muchas cosas que nunca antes otro escritor había detallado tanto. Por ello las releí, como también releo poco a poco todo lo que fue el año 1958, durante el cual se fraguó la victoria de la Revolución. Hoy me detendré solamente en Argentina.




La decisión del Che de apoyar un foco guerrillero en Argentina, discurre en varios niveles. Mencionábamos antes a Régis Debray y la problemática de cómo hacer triunfar a la Revolución: a través de las armas o a través del partido. En esos mismos momentos ocurría el cisma entre Moscú y Pekín, motivado por razones ideológicas, geopolíticas, históricas que van más allá de mis intenciones en este momento. Lo que resulta claro es que Guevara, a partir de los viajes que realizó a Rusia donde observó el status de la burocracia soviética y la diferencia con respecto al pueblo común, y sobre todo después de la crisis de los misiles, donde la Unión Soviética tomó decisiones que afectaban a Cuba sin consultarlas con ellos, ejerciendo al máximo su poder imperial, comenzó a dudar de la infalibilidad de Moscú. Muchos observaron que su tesis del foquismo, explicitada en La Guerra de Guerrillas era de corte sumamente maoísta, incluso trotskista, lo cual separaba al Che del dogma soviético.



El Che era acérrimo partidario de su propia tesis, la cual era para él una suerte de descubrimiento científico. Creía que el éxito de la Revolución Cubana podía ser repetido en otras partes de Latinoamérica. En su artículo llamado “Cuba, ¿excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista”, publicado el 9 de abril de 1961 en la revista Verde Olivo, expone la verdad científica a la cual había llegado a través de métodos empíricos: “la cura para los males del hombre, era el marxismo-leninismo, y la guerra de guerrillas era el medio para alcanzarla” (Anderson, 479). El médico argentino finalmente, tras diagnosticar a América durante todos sus viajes, experimentar en Cuba y comprobar su éxito había emitido la fórmula de una vacuna.



Entonces comenzó una campaña de apoyo a movimientos insurgentes por toda Latinoamérica. Al principio no tuvo control directo sobre ellos, sólo ayudaba con armas y logística. Es a la vertiente guerrillera en Argentina, donde concentra por primera vez sus esfuerzos de manera directa, aunque no presencial. De todos los países de Latinoamérica, ¿por qué empezar por Argentina? Básicamente, porque el Che era argentino. Le dolía su nación. Tenía conocimiento sobre la geopolítica, idiosincrasia y estructura social de su país. Podía establecer contactos rápidos con personas como Ricardo Rojo, amigos de infancia que conocían de primera fuente la situación política de la Argentina. Es decir, había características de naturaleza práctica que conducían la escogencia de Argentina como destino del primer foco guerrillero bajo las estrictas órdenes del Che, por así llamarlo.



Pero Anderson también nos recuerda lo casual de la ubicación geográfica de la penetración guerrillera: la provincia de Salta. Esa provincia había sido visitada por el Che durante su primer viaje en motocicleta por Argentina, en el año 1950. La provincia era una de las más atrasadas de Argentina, cuya población era mayoritariamente indígena y los terratenientes controlaban la mayor parte de la actividad económica. Fue uno de sus primeros contactos con los problemas sociales de su país. En efecto, en relación a los descamisados, “por primera vez, Ernesto dejó de verlos como sirvientes o símbolos; había viajado con ellos” (Anderson, 71). Por lo tanto existía una conexión personal entre el Che y Salta, al formar parte de su propia experiencia la injusticia de la sociedad provinciana. Lo importante, como hace entender Anderson, es que este análisis no es hecho posteriormente por quienes estudian a Guevara, sino fue una reflexión del propio Guevara: siempre buscando de entre sus anécdotas, vivencias y lecturas la motivación de todas sus actividades. Eso típico del argentino que ya decía Cortázar: “vive mucho, lee mucho y después, escribe todo”. Pareciera entonces que las decisiones políticas del Che maduro vienen condicionadas por el deseo de consumación de fantasías muy preciadas de su juventud. Todas esas fantasías contribuían alimentaron sus futuras tesis. La vertiente guerrillera llegó a Salta a través de Bolivia. Recordemos que el Che creía firmemente en la idea de hacer de la Cordillera de los Andes la Sierra Maestra de la Revolución Latinoamericana. Y Bolivia, el ombligo de la cordillera andina, sería el centro de todas las operaciones. Conclusión a la cual no había llegado recientemente, sino una idea con la cual ya se regodeaba desde su viaje a la región durante 1953 con su amigo Calica. Vemos entonces esta característica particular de Guevara: una especie de sentido hermético de su propia vida, en la cual los caminos trazados al principio son cerrados al final, el destino trascendental.


Por último, Anderson también nos sugiere que posiblemente el Che añoraba volver a la Argentina. Estando en Punta del Este en agosto de 1961, el Partido Socialista Argentino le ofreció una candidatura para las elecciones legislativas. La conversación que sostuvo en ese momento con Julia Constela de Giussani, quien le hizo la propuesta, deja entrever que la razón de su respuesta negativa fue menos su compromiso con la Revolución Cubana que las diferencias estratégicas que poseía con el partido respecto a la toma del poder (Anderson, 488). Sin embargo, la oferta tal vez haya desencadenado en el propio Che una nostalgia a su tierra natal. Anderson, a través de muchos ejemplos y anécdotas nos da un atisbo a la verdadera vida del Che burócrata durante esos años en Cuba. “A pesar del mito póstumo que se creó en Cuba, el Che se diferenciaba de casi todos cuantos lo rodeaban” (Anderson, 538). Argentino de humor filoso, introvertido, moralista santurrón, carente de oído musical para el baile, abstemio, adicto al mate, cruel y austero difícilmente encajaba en la alegre y liviana cultura caribeña cubana. Sus únicos amigos eran precisamente los argentinos a quienes durante los primeros años de la Revolución Cubana fue convocando, amigos de infancia y de la vida, u otros que llegaron por sus propias voluntades, atraídos por el éxito de su compatriota. En definitiva, había también un saudade, un rimpianto en la decisión de Guevara de crear la guerrilla salteña.

Anderson nos relata la comedia de errores que fue la acción del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), el nombre que recibió la vertiente, en Salta. Gran parte del fracaso se debió a la personalidad paranoica de Jorge Ricardo Masetti, ex-miembro de la ultranacionalista y antesimista Alianza Libertadora Nacionalista. Anderson cierra el capítulo así:

"El fracaso de la guerrilla en Salta significó para el Che un momento crucial. Una vez más, hombres 'buenos' pero inexpertos habían sido incapaces de poner a prueba sus teorías de la guerra de guerrillas. Por consiguiente, le incumbía a él demostrar la efectividad de sus ideas. Así como la Revolución Cubana había contado con un Fidel como caudillo para reunir y aglutinar las distintas fuerzas revolucionarias en una máquina de combate eficaz, el éxito de la revolución continental dependía de la presencia física de un dirigente conocido: él mismo" (Anderson, 559)

miércoles, 28 de noviembre de 2007


Utilizando un lenguaje militar que considero es el que mejor describe muchos aspectos del pensamiento chavista, Alberto Garrido sostiene que:

“La estrategia de Chávez siempre ha sido una y única: instalar un proceso revolucionario continental (fase bolivariana) y mundial (nueva etapa socialista del siglo XXI), en el marco de un nuevo poder planetario multipolar. La táctica principal ha sido innovadora: combinar procesos insurreccionales revolucionarios con rutas electorales de la democracia representativa.” (Alberto Garrido, La guerra (asimétrica) de Chávez. Caracas, Alfadil 2005, p. 115)


Ahora bien, esta aseveración le da a Chávez dotes de gran estadista, de un Julio César que conquista Galias y cruza Rubicones. Por supuesto que la historia es mucho más bella una vez que la contamos en retroceso. Precisamente, la estrategia de la que nos habla Garrido existe únicamente ahora, en gran parte construida por Chávez mismo e incluso por autores como Garrido, quienes han recopilado una monumental cantidad de basura reciclada, borrona que cayó del escritorio donde se fraguó el golpe del 4 de febrero de 1992. Lo único bueno de ese párrafo de Garrido es que viene a ser la síntesis del “mito oficial”, no tanto público, pues al pueblo no siempre es bueno hacer ver grandes panoramas, pero sí a determinada audiencia interna, con ciertas ínfulas políticas, las cuales se satisfacen con un panorama de espejismos.

Hablar de esta estrategia hoy en día tendría como única finalidad reivindicar el ideal chavista de un Socialismo del Siglo XXI autóctono, que tenga las consabidas raíces en el bolivarianismo y el nacionalismo. Esta “necesidad necesaria” de toda Revolución (ser nacional antes que nada), ya la veíamos en el Proceso a la Izquierda de Teodoro y hoy en clase la volvimos a ver en La Révolution dans la Révolution de Régis Debray. Que de alguna manera podemos conectarlo a la principal razón del éxito de la Revolución Cubana: el nacionalismo.



¿Puede compararse el nacionalismo cubano con el nacionalismo venezolano? Cuba estuvo físicamente ocupada por España hasta 1898, más de ochenta años después que la independencia venezolana. Sin embargo, en Venezuela, el petróleo es igual a la nación y su explotación por trasnacionales se ha transformado en una colonización. La venta de barriles se ha convertido en el nuevo discurso en la venta de la patria. El petróleo, en lugar de ser un combustible, un artículo de mercado, es un símbolo patrio: así como hay ave patria (el turpial), flor patria (la orquídea) y árbol patrio (el aragüaney), símbolos que abarcan los dos primeros reinos de la naturaleza, no podíamos dejar de tener un representante del reino mineral, el más patriota de los hidrocarburos, el petróleo, no importa si el nuestro es más sulfuroso o más bituminoso que los livianos hidrocarburos sauditas, ¿quién necesita tener mejor propiedades químicas cuando se tiene dignidad? Un petróleo viscoso pero patriota es mejor que cualquier gasolina de alto octanaje imperialista.



Por supuesto hay otros puntos calientes del nacionalismo venezolano: las fronteras. Es lamentable cómo durante todo bachillerato y primaria todos mis profesores de historia lo único que hicieron fue hablar de cómo a Venezuela la habían estafado en todo tratado, laudo arbitral, acuerdo equis que se haya firmado durante nuestra historia republicana. Fue como si todas las potencias mundiales se hubiesen puesto de parte de Colombia. Ah porque por supuesto a Guayana se le nombra pero se le olvida, a Brasil ni siquiera se menciona, pero a Colombia… los colombianos son vistos como aves de rapiña que van moviendo los mojones fronterizos un metro cada noche, hasta que sin darnos cuenta están en Caracas. Otro de los grandes mitos políticos de este país y que no sirve para nada ni ayuda en nada ni soluciona nada.



Este mito ha sido usado recientemente en la disputa con Colombia, por supuesto aunado a la muerte de Bolívar (que ahora es convertida en envenenamiento, el grito de Marco Antonio en la escalinata del Senado) y la larga tradición de disputa entre Venezuela y la oligarquía neogranadina.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Hace varios días que no escribo en el blog. Demasiadas cosas en la cabeza. Entre tesis, VHDL, planes futuros, reforma constitucional y viajes no he avanzado mucho. Y si pienso sobre el Che, lo hago en función del proyecto.

Pero hoy vale la pena volver un poco.

“El programa del Che, que con el tiempo se llamaría ‘emulación comunista’, se basaba en el principio de que al trabajar voluntariamente para la sociedad sin pensar en la remuneración, el individuo da un paso importante hacia la construcción de una auténtica ‘conciencia’ comunista” (Anderson, 477)

El histrionismo revolucionario del Che. Me encanta esa expresión. Siento que debo hablar de alguna manera de los mitos que rodean al Che y cómo son jugados en el actual gobierno. El mito del líder asceta, desprendido de los bienes materiales, un poco a eso del Rey Salomón, el rey santo, Ricardo Corazón de León.

Hago una pausa para hacer una reflexión. He escrito en las páginas anteriores (no sé si escrito, pero las he manifestado al menos a otras personas) mi desprecio por ciertas actitudes de Guevara, por ejemplo su rebeldía malcriada que proyectaba hacia su familia, su vida política transformada en martirologio, sus ideas del hombre completamente erradas, su virilidad estúpida y chovinista, escritura torpe, rimbombante y que en lugar de construir oraciones solamente acumula palabras… en fin… Y sin embargo… No lo he dicho antes pero… Hay algo que me atrae del Che, al menos a mí, y es su desprecio por la sociedad. ¿Cómo puede ser atractiva esa actitud antisocial, me dirán? Creo que también tengo algo de antisocial, algo de autodidacta… En este diario también, con la suficiente agudeza puede notarse en mí alguna petulancia, hidalguía perezosa, esquizofrenia laboral, del joven que estudia una carrera que no le gusta mucho (el Che fue medicina, yo Ingeniería) y elige por las circunstancias… Y sin embargo no renuncia a los que él llama sus verdaderas pasiones, la literatura y el pensamiento, para convertirse en este ser que todo lo lee y todo lo anota, pues incapaz de establecer un diálogo gremial con los profesionales que discuten esos menesteres en el entorno académico, a él sólo le quedan los libros y los diarios: el onanismo intelectual. El Che era muy introspectivo, así que no puedo decir que le faltó interiorizar sus pensamientos para darse cuenta que los monstruos que observa en la sociedad también forman parte de él… creo que más bien fue exceso de interiorizar todo… de pasar toda la historia de la América a través del filtro de su espíritu, como quien usa un colador de café para hacer té… queda manchado de todo lo que tengamos por dentro, pues cualquiera de nuestras elucubraciones, por muy brillantes que pensamos puedan ser, por más emocionados que estemos de haber descubierto tal o cual teorema social del funcionamiento de las masas, al fin y al cabo nos estamos escribiendo a nosotros mismos y a los pequeños mundos que nos habitan. Tal vez debí esperar a leer un poco más de Anderson para soltar esta suerte de conclusión, mas la idea estaba ahí y debía expresarla… Más adelante a lo mejor vendrán otras… Lo cierto es que si alguien me dice que estoy loco por compararme con el Che, que él fue un icono del siglo XX, tú quién eres, está perdiendo el punto… primero que no hay comparación de vidas, ninguna vida es igual a otra eso es obvio, segundo que tampoco me elevo a un nivel histórico ni a él lo desciendo al plano incidental… es solamente el personaje Che, en cuanto a motivaciones, en cuanto a pasiones, como me lo imagino yo al leer la biografía Anderson y las cosas que despierta en mí como lector. Si no soy capaz de establecer ninguna relación entre el Che y yo, no estoy leyendo, no estoy siendo afectado, sería inmune… y hoy me doy cuenta que no soy. Quizás porque mis opiniones en vez de ser firmes juegan a la combinatoria y prueban todas las alternativas hasta perderme…



Tal vez lo bueno del diario sea esto… la oportunidad de “manchar”, de “filtrar”, de “colar”… en el proyecto todo queda pulcro… aquí: embarrado de ambivalencias y contradicciones.

miércoles, 14 de noviembre de 2007


Termino de leer Contracultura para principiantes. Debo entender que esa contracultura fue un fenómeno que eminentemente afectó a los países desarrollados: Estados Unidos, Inglaterra, Francia de la época. Digo esto porque cuando uno escucha esas historias de los años 60 uno enseguida le pregunta a sus familiares cómo había sido eso: mi abuela tenía 21 años en 1960, así que precisamente esa fue su generación. Y sin embargo, aquí en Venezuela, lo que se hacía era bailar pasodoble y La Billo’s. Al menos esa fue la juventud de mi abuela. Además, en 1960 ella ya estaba casada y con una hija. Cuando la era hippie culminó en 1969, mi abuela no pudo haberla notado menos, pues ya para ese momento tenía cuatro hijos y era una de las maestras más respetadas de La Victoria. Me resulta interesante pues creo que en Venezuela o en Latinoamérica la contracultura no fue tan fuerte, no tuvo éxito. Teodoro mismo nos dice que la izquierda en los sesenta fracasó, que al pueblo no le convencía su mensaje, que el campesino en la Sierra de San Luis lo único que quería era irse a Caracas a hacer real, no apoyar ninguna revolución ¡¿qué es eso?! Quizás en Caracas sí, en la clase media alta o incluso a nivel general sí se vivió un poco de esa contracultura, al estar más en contacto con la movida internacional.

Al leer las páginas mitad relato mitad historieta, confieso que al principio, cuando se cuenta la historia de los poetas beat encontré otra vez eco a viejas pasiones adolescentes, esa misteriosa llama que impulsa a uno a convertirse en otro de los poetas malditos. Luego a medida que uno va leyendo, uno se aburre del aburrimiento de sus vidas y de lo banal de sus posiciones. Más cuando te das cuenta que esa “libertad” da pie a esas organizaciones ecológicas, organopónicas y antiaerosoles que tanto escandalizan con lo del calentamiento global hoy en día. No sé pero a mí me fastidia escuchar que en el año 2050 el Mediterráneo será un desierto y todos nos tendremos que mudar a Siberia, que será una suerte de paraíso tropical mientras las regiones equinocciales serán pasto de los rayos ultravioleta. ¿No es esa la más nueva escatología? ¿Qué se supone que hagamos? El petróleo se va a acabar pronto, tranquilos… dentro de cien años no habrá automóviles probablemente, pues por el camino que vamos la energía se hace más y más escasa: sólo queda la materia… (interesante einstensianismo)



Lo de las comunas hippies aterroriza, al saber que muy pronto esos experimentos sociales tendrán rango constitucional en nuestro país. Claro que aquí se nos dice que no va a ser así, pero no es acaso eso del “todo es de todos”, “PDVSA es de todos” lo más cursilmente hippie que puede haber? Claro que luego uno se reanima al rememorar la música mientras se leen los nombres de Bob Dylan, Janis Joplin, Jefferson Airplane, etc. etc. Pero a la vez hay una molestia, sí una molestia grande que crece en uno el joven del año 2007 cuando se leen esas páginas y es la de sentir que, a pesar de lo banal, lo trivial, lo heroinómanamente perdidas de esas juventudes, ellos podían disfrutar del exquisito sabor de la lucha contra el sistema. Es un análisis banal, lo sé, pues los critico y sé que no puedo vivir así y rechazo las manifestaciones tardías de esa forma de vida… pero uno se voltea y los ve y se pregunta si ellos en verdad son felices… y con cierto regocijo los vemos desde este lado volver de sus fracasos a trabajar y ganarse la vida… ¿no es eso el más duro pensamiento capitalista, vendido al sistema, sometido por el establishment? ¿Pero qué es el establishment? ¿Qué es el sistema? ¿Trabajar? ¿Ganarse la vida? And yet, yo no trabajo todavía… ¿Por qué me molesto, si todo lo que tengo no me lo he pagado, si soy otro babyboomer más? En realidad uno el joven de hoy es mucho más contradictorio que el de los sesenta. Uno usa la estabilidad para soñar, pero hay que asegurar la estabilidad ante todo. Jamás podría compartir mi cepillo de dientes o hacer una silla con la madera que corto en el bosque… Walden no va conmigo. Y aunque no quiero ferraris, aunque el reggaeton me cansa y me aturde, aunque mi celular es un modelo obsoleto de hace cuatro años que todavía reproduce ringtones MIDI, aunque compro más libros de filosofía que ropa y más ropa que cerveza y eso me hace ser en cierto modo un “outsider” para los estándares culturales venezolanos, la insustituible comodidad urbana me ha dominado.

En realidad sí hay un modelo que considero es admirable, dentro de todo ese movimiento de contracultura, y fue el de Rosa Parks, la mujer que en 1955 se sentó en la sección blanca y no cedió su puesto en Montgomery, Alabama. Tal vez hoy en día seamos más maduros políticamente, y que mis lecturas de Coetzee no han sido en vano, porque la verdad lo que hizo esa mujer, empequeñece a todas las proezas de Kerouac, Burroughs, Grateful Dead y Timothy Leary. ¿Quién hizo la verdadera revolución? ¿Quién cambió al mundo?



¿Será que somos tan marxistas que hasta el “marxismo Light” de los hippies nos resulta imperialista y alienante y sólo reconocemos la voz del afroamericano oprimido como única fiel representante de la clase proletaria del mundo?

sábado, 10 de noviembre de 2007

En la página 387 de Anderson: “El Che sugirió que se redujera la jornada laboral de ocho a seis horas para crear puestos de trabajo”. Una similitud de Cuba y Venezuela para ese entonces: ambas eran naciones monoproductoras, una dependiente del precio internacional del azúcar, la otra del petróleo. Esto hizo que la economía de Cuba siempre fuera dependiente, así como lo es la venezolana. Tal característica fue tan influyente que “las negociaciones azucareras fueron el primer paso importante en las conversaciones secretas que desembocaron en la alianza cubano-soviética” P 409.

En una carta que le escribe el Che desde la India a su madre:

“Algo que realmente se ha desarrollado en mí es la sensación de lo masivo en contraposición con lo personal; soy el mismo solitario que era, buscando mi camino sin ayuda personal, pero ahora poseo el sentido de mi deber histórico. No tengo hogar ni mujer ni hijos ni padres ni hermanos y hermanas, mis amigos son mis amigos en tanto piensen políticamente como yo y sin embargo estoy contento, siento algo en la vida, no sólo una poderosa fuerza interior, que siempre sentí, sino también el poder de inyectarla a los demás y un sentido absolutamente fatalista de mi misión que me despoja del miedo.” P 413

lunes, 5 de noviembre de 2007


Teodoro Petkoff escribió hace treinta años que el éxito de la izquierda que él representaba iba a depender de “la capacidad que tengamos de crear entre la población la conciencia de que existe una vía venezolana al socialismo y un modelo específicamente venezolano de socialismo” P 142. Esto va más allá de la tautología, pues es evidente que todo socialismo que surja en Venezuela, es venezolano. Prosigue: “no existe una sola revolución triunfante que no lleve una profundísima impronta nacional, que no sea hija de una voluntad revolucionaria de raíces y modalidades exteriores, sino totalmente nacionales, absolutamente específicas, políticamente determinadas y condicionadas por una historia y por una coyuntura totalmente diferenciadas y aprovechadas al margen de todo esquema o de toda “receta” supuestamente universal”. P 142-143.

Luego sigue un largo párrafo que parece recoger los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI:

“Por eso, cuando acentuamos la naturaleza venezolana de nuestra vía al socialismo, no sólo queremos subrayar la existencia de un conjunto de rasgos específicos de nuestra nación –cosa que, por lo demás, no negaría nadie, pues es demasiado obvia-, sino, lo que es decisivo, la necesidad de ajustar nuestra conducta a tales rasgos, la necesidad de ser específicos también en nuestra actuación y en la proposición que elaboramos. […] No estamos, en este momento, ante la construcción de una sociedad socialista, sino ante las demandas provenientes de la lucha por la conquista del poder, objetivo que es una función directa de la creación de una fuerza social y política capaz de alcanzarlo […] Para que el socialismo pueda ser ‘popular’ –para que posea raíces en el pueblo- tiene que ser ‘nacional’ –con raíces en la historia de la nación-. Y viceversa. Existe entre lo ‘nacional’ y lo ‘popular’ una doble relación. Por una parte, la que corresponde a los lazos entre pueblo y nación, que son categorías inseparables entre sí, mutuamente determinadas y condicionadas; y por la otra, una relación en cuanto a percepción: para que el socialismo pueda ser popular tiene que ser percibido como una resultante de la historia real de la nación, de la historia no mitificada de los combates de nuestro pueblo.” P 143-144.

A lo largo del texto existen varias tesis: la primera es la que hemos copiado textualmente arriba, la necesidad de despojar de internacionalismos al socialismo e introducirlo dentro de una tradición histórica para poder venderlo al pueblo como un fenómeno natural y nacional. Segundo, la necesidad de romper con el capitalismo de Estado y pasar a un verdadero socialismo fundamentado en métodos de producción autogestionados y comunitarios. Tercero, romper con el “esencialismo” o seguimiento literal de las ideas de Marx y Lenin, lo que significa ir más allá del “obrerismo” y el “economismo”, entender las variables sociales como entidades mucho más complejas y de las cuales la producción es otra integrante más y apoyarse en el concepto de “cultura de la dependencia” en lugar de “dependencia cultural”. Cuarto, la necesidad de una solución democrática, política y no violenta: la revolución triunfará por las elecciones.

Pero en aquellos tiempos Teodoro hablaba de un “modo de vida” errado, tal y como Chávez expresa hoy en día. La cultura venezolana se proyecta desde la clase dominante burguesa, hasta los más pobres tienen ideas burguesas y disfrutan de ellas. Todo esto continuado y protegido por los regímenes de AD y COPEI que no han producido los cambios necesarios, sólo reformas superficiales que no conducen a nada. También dice que el carácter elitista de la izquierda la hace ver con ridículo las fallas del venezolano, que son, por coincidencia, precisamente lo más venezolano de la venezolanidad. Entonces, Teodoro básicamente está diciendo que la izquierda debe entender al venezolano, incluso respetar ciertas “zonas prohibidas” como la religión, el entretenimiento, etc. y dedicarse a la construcción de un nuevo modelo que, sin embargo, y a largo plazo, terminará cambiando a la cultura misma del venezolano. Sencillamente, que lamentablemente el venezolano es así y él es quien vota, así que debemos aceptarlo como es. Por supuesto, la mera habilidad de simulación demagógica no es creíble. Es decir: hay que ser adeco para ganar, pero no se olviden nunca de las aspiraciones revolucionarias.

En otra parte se nombra una gran ilusión de la izquierda que, al parecer, estamos viendo convertida en realidad hoy en día. Teodoro dice: “Cuando este Estado [el venezolano] tome en sus manos la producción de hierro y petróleo va a ser un verdadero mamut económico” P 183. La gran fantasía de la izquierda en Venezuela entonces consiste en llegar al poder y hacerse herederos del Tesoro Nacional, el cual usarán para poder impulsar la revolución. Como dice Teodoro, el capital del Estado se encuentra separado del capital privado y, por lo tanto, puede ejercer con cierta comodidad sus medidas económicas socialistas. Hoy en día estamos viendo tal cual esto, el Estado hace lo que quiere, gasta enormes sumas de dinero en las misiones y, francamente, desprecia a la empresa privada, incluso socava (aunque parece que no será tan fácil) sus propias garantías constitucionales.

Pero, ¿acaso no es esto lo que precisamente han hecho todos los gobiernos democráticos de Venezuela? El Estado como gran benefactor, inyectando millones de millones de bolívares en el país que ha recibido por fruto de los ingresos petroleros (y en menor medida del fisco). Por supuesto que si antes se favorecía el capitalismo, ahora se favorece al “socialismo”… Tal vez Teodoro tenga más razón ahora que lo leo… Quizás el gran problema en estos momentos es que tenemos a un gobierno socialista, tal cual, y que el pueblo aún no entiende qué es el socialismo y qué clase de derechos y deberes está recibiendo. Los debates de reforma constitucional vienen a ser entonces la última edición de la Misión Robinson: una alfabetización económica, aprender el socialismo: S con O, SO, C con I con A, CIA…

¿Cuán diferentes somos a los venezolanos de hace treinta años a los cuales hablaba Teodoro? Discutíamos antes acerca de las universidades, del rol que ha tenido la educación en hacer mejorar y progresar a ciertas porciones de la población… ¿Consiguió la democracia su meta? ¿Somos más cultos como pueblo, como nación, más tecnológicamente desarrollados, más independientes, que en 1960? Creo que sólo basta ver a quién está en Miraflores hoy en día para saber la respuesta. ¿La sociedad actual, dividida, políticamente idiota, económicamente fracasada, es entonces producto de las universidades? No sé… Me da miedo hasta atreverme a decir eso…

Al parecer entonces quien sí cambió fue la izquierda. Ella leyó a Petkoff –y quizás Chávez también- y se hizo un autoproceso, un juicio introspectivo. Entró a los cuarteles, se apropió del ideario bolivariano, llegó al poder y ahora es dueña absoluta del país. Pero eso entonces es decir que Chávez es hijo de la izquierda. José Vicente estaba con Teodoro en el MAS, así que está muy bien informado de los errores de la izquierda pasada. Nos insistían en que, ante todo, Chávez es un gobierno militar. Sí, pero… los militares en Venezuela son una clase extraña. Recuerdo la anécdota de un familiar que llegó a ser General de Brigada y fue enviado a Perú de agregado militar o algo por el estilo. Cuando fue presentado ante oficiales del Ejército Peruano, estos quedaron sorprendidos pues “en el Perú, un negro jamás hubiese llegado a ser General”. Eso fue hace muchos años, y desde luego es probable que en el Perú hoy día existan Coroneles, Almirantes y Generales que sean negros de Arequipa, indios de la Cordillera o hijos de inmigrantes asiáticos, pero el sabor de la anécdota es el mismo: consiste en la comprobación de nuestra gran concepción igualitaria de nosotros mismos, que los venezolanos no adolecemos del pernicioso cáncer del racismo. Pero también habla de la diferencia de los cuerpos militares venezolanos, herederos de los lanceros de Páez y los soldados andinos de Gómez, con respecto a los demás del continente. ¿Qué fue el Porteñazo y el Carupanazo? Interesante averiguar esas cosas.

Y, a todas éstas… ¿qué es de la vida del Che? Ya volveré a él…

Leo partes de El Divino Bolívar de Elías Pino Iturrieta. Chávez = Locura… sencillamente… ¿Cómo logro empatar el hilo histórico de Bolívar con el Che Guevara dentro de la ideología chavista? Tal vez Zamora sea la clave. El papá de Maisanta era guerrillero, de las guerrillas zamoranas. La guerrilla es entonces algo familiar. Puede ser una de las tesis. Eso y la virtud armada rousseauniana.

El Che en Sierra Maestra, en uno de los tantos “combaticos”: “Personalmente noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse para la próxima oportunidad”. Como sigue la explicación de JL Anderson: “Es difícil imaginar que muchos hombres en la misma situación harían semejante juicio autocrítico, pero así enfrentaba la vida Ernesto Guevara en su nueva identidad del Che. Era una de las facetas de su carácter que lo destacaba de la vasta mayoría de sus camaradas guerrilleros, los que en pleno combate aún esperaban sobrevivir a la experiencia”. P 313-314. La necesidad de vivir es concebida como un defecto en el que se resumen las quejas, la falta de combatividad, las deserciones, desobediencias, etc.

“Uno de los aspectos más notables de su diario de esta época es la ausencia casi total de detalles de su vida personal o de pasajes introspectivos, sobre todo cuando se lo compara con el ensimismado vagabundo Ernesto de pocos años atrás” P 315