miércoles, 28 de noviembre de 2007


Utilizando un lenguaje militar que considero es el que mejor describe muchos aspectos del pensamiento chavista, Alberto Garrido sostiene que:

“La estrategia de Chávez siempre ha sido una y única: instalar un proceso revolucionario continental (fase bolivariana) y mundial (nueva etapa socialista del siglo XXI), en el marco de un nuevo poder planetario multipolar. La táctica principal ha sido innovadora: combinar procesos insurreccionales revolucionarios con rutas electorales de la democracia representativa.” (Alberto Garrido, La guerra (asimétrica) de Chávez. Caracas, Alfadil 2005, p. 115)


Ahora bien, esta aseveración le da a Chávez dotes de gran estadista, de un Julio César que conquista Galias y cruza Rubicones. Por supuesto que la historia es mucho más bella una vez que la contamos en retroceso. Precisamente, la estrategia de la que nos habla Garrido existe únicamente ahora, en gran parte construida por Chávez mismo e incluso por autores como Garrido, quienes han recopilado una monumental cantidad de basura reciclada, borrona que cayó del escritorio donde se fraguó el golpe del 4 de febrero de 1992. Lo único bueno de ese párrafo de Garrido es que viene a ser la síntesis del “mito oficial”, no tanto público, pues al pueblo no siempre es bueno hacer ver grandes panoramas, pero sí a determinada audiencia interna, con ciertas ínfulas políticas, las cuales se satisfacen con un panorama de espejismos.

Hablar de esta estrategia hoy en día tendría como única finalidad reivindicar el ideal chavista de un Socialismo del Siglo XXI autóctono, que tenga las consabidas raíces en el bolivarianismo y el nacionalismo. Esta “necesidad necesaria” de toda Revolución (ser nacional antes que nada), ya la veíamos en el Proceso a la Izquierda de Teodoro y hoy en clase la volvimos a ver en La Révolution dans la Révolution de Régis Debray. Que de alguna manera podemos conectarlo a la principal razón del éxito de la Revolución Cubana: el nacionalismo.



¿Puede compararse el nacionalismo cubano con el nacionalismo venezolano? Cuba estuvo físicamente ocupada por España hasta 1898, más de ochenta años después que la independencia venezolana. Sin embargo, en Venezuela, el petróleo es igual a la nación y su explotación por trasnacionales se ha transformado en una colonización. La venta de barriles se ha convertido en el nuevo discurso en la venta de la patria. El petróleo, en lugar de ser un combustible, un artículo de mercado, es un símbolo patrio: así como hay ave patria (el turpial), flor patria (la orquídea) y árbol patrio (el aragüaney), símbolos que abarcan los dos primeros reinos de la naturaleza, no podíamos dejar de tener un representante del reino mineral, el más patriota de los hidrocarburos, el petróleo, no importa si el nuestro es más sulfuroso o más bituminoso que los livianos hidrocarburos sauditas, ¿quién necesita tener mejor propiedades químicas cuando se tiene dignidad? Un petróleo viscoso pero patriota es mejor que cualquier gasolina de alto octanaje imperialista.



Por supuesto hay otros puntos calientes del nacionalismo venezolano: las fronteras. Es lamentable cómo durante todo bachillerato y primaria todos mis profesores de historia lo único que hicieron fue hablar de cómo a Venezuela la habían estafado en todo tratado, laudo arbitral, acuerdo equis que se haya firmado durante nuestra historia republicana. Fue como si todas las potencias mundiales se hubiesen puesto de parte de Colombia. Ah porque por supuesto a Guayana se le nombra pero se le olvida, a Brasil ni siquiera se menciona, pero a Colombia… los colombianos son vistos como aves de rapiña que van moviendo los mojones fronterizos un metro cada noche, hasta que sin darnos cuenta están en Caracas. Otro de los grandes mitos políticos de este país y que no sirve para nada ni ayuda en nada ni soluciona nada.



Este mito ha sido usado recientemente en la disputa con Colombia, por supuesto aunado a la muerte de Bolívar (que ahora es convertida en envenenamiento, el grito de Marco Antonio en la escalinata del Senado) y la larga tradición de disputa entre Venezuela y la oligarquía neogranadina.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Hace varios días que no escribo en el blog. Demasiadas cosas en la cabeza. Entre tesis, VHDL, planes futuros, reforma constitucional y viajes no he avanzado mucho. Y si pienso sobre el Che, lo hago en función del proyecto.

Pero hoy vale la pena volver un poco.

“El programa del Che, que con el tiempo se llamaría ‘emulación comunista’, se basaba en el principio de que al trabajar voluntariamente para la sociedad sin pensar en la remuneración, el individuo da un paso importante hacia la construcción de una auténtica ‘conciencia’ comunista” (Anderson, 477)

El histrionismo revolucionario del Che. Me encanta esa expresión. Siento que debo hablar de alguna manera de los mitos que rodean al Che y cómo son jugados en el actual gobierno. El mito del líder asceta, desprendido de los bienes materiales, un poco a eso del Rey Salomón, el rey santo, Ricardo Corazón de León.

Hago una pausa para hacer una reflexión. He escrito en las páginas anteriores (no sé si escrito, pero las he manifestado al menos a otras personas) mi desprecio por ciertas actitudes de Guevara, por ejemplo su rebeldía malcriada que proyectaba hacia su familia, su vida política transformada en martirologio, sus ideas del hombre completamente erradas, su virilidad estúpida y chovinista, escritura torpe, rimbombante y que en lugar de construir oraciones solamente acumula palabras… en fin… Y sin embargo… No lo he dicho antes pero… Hay algo que me atrae del Che, al menos a mí, y es su desprecio por la sociedad. ¿Cómo puede ser atractiva esa actitud antisocial, me dirán? Creo que también tengo algo de antisocial, algo de autodidacta… En este diario también, con la suficiente agudeza puede notarse en mí alguna petulancia, hidalguía perezosa, esquizofrenia laboral, del joven que estudia una carrera que no le gusta mucho (el Che fue medicina, yo Ingeniería) y elige por las circunstancias… Y sin embargo no renuncia a los que él llama sus verdaderas pasiones, la literatura y el pensamiento, para convertirse en este ser que todo lo lee y todo lo anota, pues incapaz de establecer un diálogo gremial con los profesionales que discuten esos menesteres en el entorno académico, a él sólo le quedan los libros y los diarios: el onanismo intelectual. El Che era muy introspectivo, así que no puedo decir que le faltó interiorizar sus pensamientos para darse cuenta que los monstruos que observa en la sociedad también forman parte de él… creo que más bien fue exceso de interiorizar todo… de pasar toda la historia de la América a través del filtro de su espíritu, como quien usa un colador de café para hacer té… queda manchado de todo lo que tengamos por dentro, pues cualquiera de nuestras elucubraciones, por muy brillantes que pensamos puedan ser, por más emocionados que estemos de haber descubierto tal o cual teorema social del funcionamiento de las masas, al fin y al cabo nos estamos escribiendo a nosotros mismos y a los pequeños mundos que nos habitan. Tal vez debí esperar a leer un poco más de Anderson para soltar esta suerte de conclusión, mas la idea estaba ahí y debía expresarla… Más adelante a lo mejor vendrán otras… Lo cierto es que si alguien me dice que estoy loco por compararme con el Che, que él fue un icono del siglo XX, tú quién eres, está perdiendo el punto… primero que no hay comparación de vidas, ninguna vida es igual a otra eso es obvio, segundo que tampoco me elevo a un nivel histórico ni a él lo desciendo al plano incidental… es solamente el personaje Che, en cuanto a motivaciones, en cuanto a pasiones, como me lo imagino yo al leer la biografía Anderson y las cosas que despierta en mí como lector. Si no soy capaz de establecer ninguna relación entre el Che y yo, no estoy leyendo, no estoy siendo afectado, sería inmune… y hoy me doy cuenta que no soy. Quizás porque mis opiniones en vez de ser firmes juegan a la combinatoria y prueban todas las alternativas hasta perderme…



Tal vez lo bueno del diario sea esto… la oportunidad de “manchar”, de “filtrar”, de “colar”… en el proyecto todo queda pulcro… aquí: embarrado de ambivalencias y contradicciones.

miércoles, 14 de noviembre de 2007


Termino de leer Contracultura para principiantes. Debo entender que esa contracultura fue un fenómeno que eminentemente afectó a los países desarrollados: Estados Unidos, Inglaterra, Francia de la época. Digo esto porque cuando uno escucha esas historias de los años 60 uno enseguida le pregunta a sus familiares cómo había sido eso: mi abuela tenía 21 años en 1960, así que precisamente esa fue su generación. Y sin embargo, aquí en Venezuela, lo que se hacía era bailar pasodoble y La Billo’s. Al menos esa fue la juventud de mi abuela. Además, en 1960 ella ya estaba casada y con una hija. Cuando la era hippie culminó en 1969, mi abuela no pudo haberla notado menos, pues ya para ese momento tenía cuatro hijos y era una de las maestras más respetadas de La Victoria. Me resulta interesante pues creo que en Venezuela o en Latinoamérica la contracultura no fue tan fuerte, no tuvo éxito. Teodoro mismo nos dice que la izquierda en los sesenta fracasó, que al pueblo no le convencía su mensaje, que el campesino en la Sierra de San Luis lo único que quería era irse a Caracas a hacer real, no apoyar ninguna revolución ¡¿qué es eso?! Quizás en Caracas sí, en la clase media alta o incluso a nivel general sí se vivió un poco de esa contracultura, al estar más en contacto con la movida internacional.

Al leer las páginas mitad relato mitad historieta, confieso que al principio, cuando se cuenta la historia de los poetas beat encontré otra vez eco a viejas pasiones adolescentes, esa misteriosa llama que impulsa a uno a convertirse en otro de los poetas malditos. Luego a medida que uno va leyendo, uno se aburre del aburrimiento de sus vidas y de lo banal de sus posiciones. Más cuando te das cuenta que esa “libertad” da pie a esas organizaciones ecológicas, organopónicas y antiaerosoles que tanto escandalizan con lo del calentamiento global hoy en día. No sé pero a mí me fastidia escuchar que en el año 2050 el Mediterráneo será un desierto y todos nos tendremos que mudar a Siberia, que será una suerte de paraíso tropical mientras las regiones equinocciales serán pasto de los rayos ultravioleta. ¿No es esa la más nueva escatología? ¿Qué se supone que hagamos? El petróleo se va a acabar pronto, tranquilos… dentro de cien años no habrá automóviles probablemente, pues por el camino que vamos la energía se hace más y más escasa: sólo queda la materia… (interesante einstensianismo)



Lo de las comunas hippies aterroriza, al saber que muy pronto esos experimentos sociales tendrán rango constitucional en nuestro país. Claro que aquí se nos dice que no va a ser así, pero no es acaso eso del “todo es de todos”, “PDVSA es de todos” lo más cursilmente hippie que puede haber? Claro que luego uno se reanima al rememorar la música mientras se leen los nombres de Bob Dylan, Janis Joplin, Jefferson Airplane, etc. etc. Pero a la vez hay una molestia, sí una molestia grande que crece en uno el joven del año 2007 cuando se leen esas páginas y es la de sentir que, a pesar de lo banal, lo trivial, lo heroinómanamente perdidas de esas juventudes, ellos podían disfrutar del exquisito sabor de la lucha contra el sistema. Es un análisis banal, lo sé, pues los critico y sé que no puedo vivir así y rechazo las manifestaciones tardías de esa forma de vida… pero uno se voltea y los ve y se pregunta si ellos en verdad son felices… y con cierto regocijo los vemos desde este lado volver de sus fracasos a trabajar y ganarse la vida… ¿no es eso el más duro pensamiento capitalista, vendido al sistema, sometido por el establishment? ¿Pero qué es el establishment? ¿Qué es el sistema? ¿Trabajar? ¿Ganarse la vida? And yet, yo no trabajo todavía… ¿Por qué me molesto, si todo lo que tengo no me lo he pagado, si soy otro babyboomer más? En realidad uno el joven de hoy es mucho más contradictorio que el de los sesenta. Uno usa la estabilidad para soñar, pero hay que asegurar la estabilidad ante todo. Jamás podría compartir mi cepillo de dientes o hacer una silla con la madera que corto en el bosque… Walden no va conmigo. Y aunque no quiero ferraris, aunque el reggaeton me cansa y me aturde, aunque mi celular es un modelo obsoleto de hace cuatro años que todavía reproduce ringtones MIDI, aunque compro más libros de filosofía que ropa y más ropa que cerveza y eso me hace ser en cierto modo un “outsider” para los estándares culturales venezolanos, la insustituible comodidad urbana me ha dominado.

En realidad sí hay un modelo que considero es admirable, dentro de todo ese movimiento de contracultura, y fue el de Rosa Parks, la mujer que en 1955 se sentó en la sección blanca y no cedió su puesto en Montgomery, Alabama. Tal vez hoy en día seamos más maduros políticamente, y que mis lecturas de Coetzee no han sido en vano, porque la verdad lo que hizo esa mujer, empequeñece a todas las proezas de Kerouac, Burroughs, Grateful Dead y Timothy Leary. ¿Quién hizo la verdadera revolución? ¿Quién cambió al mundo?



¿Será que somos tan marxistas que hasta el “marxismo Light” de los hippies nos resulta imperialista y alienante y sólo reconocemos la voz del afroamericano oprimido como única fiel representante de la clase proletaria del mundo?

sábado, 10 de noviembre de 2007

En la página 387 de Anderson: “El Che sugirió que se redujera la jornada laboral de ocho a seis horas para crear puestos de trabajo”. Una similitud de Cuba y Venezuela para ese entonces: ambas eran naciones monoproductoras, una dependiente del precio internacional del azúcar, la otra del petróleo. Esto hizo que la economía de Cuba siempre fuera dependiente, así como lo es la venezolana. Tal característica fue tan influyente que “las negociaciones azucareras fueron el primer paso importante en las conversaciones secretas que desembocaron en la alianza cubano-soviética” P 409.

En una carta que le escribe el Che desde la India a su madre:

“Algo que realmente se ha desarrollado en mí es la sensación de lo masivo en contraposición con lo personal; soy el mismo solitario que era, buscando mi camino sin ayuda personal, pero ahora poseo el sentido de mi deber histórico. No tengo hogar ni mujer ni hijos ni padres ni hermanos y hermanas, mis amigos son mis amigos en tanto piensen políticamente como yo y sin embargo estoy contento, siento algo en la vida, no sólo una poderosa fuerza interior, que siempre sentí, sino también el poder de inyectarla a los demás y un sentido absolutamente fatalista de mi misión que me despoja del miedo.” P 413

lunes, 5 de noviembre de 2007


Teodoro Petkoff escribió hace treinta años que el éxito de la izquierda que él representaba iba a depender de “la capacidad que tengamos de crear entre la población la conciencia de que existe una vía venezolana al socialismo y un modelo específicamente venezolano de socialismo” P 142. Esto va más allá de la tautología, pues es evidente que todo socialismo que surja en Venezuela, es venezolano. Prosigue: “no existe una sola revolución triunfante que no lleve una profundísima impronta nacional, que no sea hija de una voluntad revolucionaria de raíces y modalidades exteriores, sino totalmente nacionales, absolutamente específicas, políticamente determinadas y condicionadas por una historia y por una coyuntura totalmente diferenciadas y aprovechadas al margen de todo esquema o de toda “receta” supuestamente universal”. P 142-143.

Luego sigue un largo párrafo que parece recoger los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI:

“Por eso, cuando acentuamos la naturaleza venezolana de nuestra vía al socialismo, no sólo queremos subrayar la existencia de un conjunto de rasgos específicos de nuestra nación –cosa que, por lo demás, no negaría nadie, pues es demasiado obvia-, sino, lo que es decisivo, la necesidad de ajustar nuestra conducta a tales rasgos, la necesidad de ser específicos también en nuestra actuación y en la proposición que elaboramos. […] No estamos, en este momento, ante la construcción de una sociedad socialista, sino ante las demandas provenientes de la lucha por la conquista del poder, objetivo que es una función directa de la creación de una fuerza social y política capaz de alcanzarlo […] Para que el socialismo pueda ser ‘popular’ –para que posea raíces en el pueblo- tiene que ser ‘nacional’ –con raíces en la historia de la nación-. Y viceversa. Existe entre lo ‘nacional’ y lo ‘popular’ una doble relación. Por una parte, la que corresponde a los lazos entre pueblo y nación, que son categorías inseparables entre sí, mutuamente determinadas y condicionadas; y por la otra, una relación en cuanto a percepción: para que el socialismo pueda ser popular tiene que ser percibido como una resultante de la historia real de la nación, de la historia no mitificada de los combates de nuestro pueblo.” P 143-144.

A lo largo del texto existen varias tesis: la primera es la que hemos copiado textualmente arriba, la necesidad de despojar de internacionalismos al socialismo e introducirlo dentro de una tradición histórica para poder venderlo al pueblo como un fenómeno natural y nacional. Segundo, la necesidad de romper con el capitalismo de Estado y pasar a un verdadero socialismo fundamentado en métodos de producción autogestionados y comunitarios. Tercero, romper con el “esencialismo” o seguimiento literal de las ideas de Marx y Lenin, lo que significa ir más allá del “obrerismo” y el “economismo”, entender las variables sociales como entidades mucho más complejas y de las cuales la producción es otra integrante más y apoyarse en el concepto de “cultura de la dependencia” en lugar de “dependencia cultural”. Cuarto, la necesidad de una solución democrática, política y no violenta: la revolución triunfará por las elecciones.

Pero en aquellos tiempos Teodoro hablaba de un “modo de vida” errado, tal y como Chávez expresa hoy en día. La cultura venezolana se proyecta desde la clase dominante burguesa, hasta los más pobres tienen ideas burguesas y disfrutan de ellas. Todo esto continuado y protegido por los regímenes de AD y COPEI que no han producido los cambios necesarios, sólo reformas superficiales que no conducen a nada. También dice que el carácter elitista de la izquierda la hace ver con ridículo las fallas del venezolano, que son, por coincidencia, precisamente lo más venezolano de la venezolanidad. Entonces, Teodoro básicamente está diciendo que la izquierda debe entender al venezolano, incluso respetar ciertas “zonas prohibidas” como la religión, el entretenimiento, etc. y dedicarse a la construcción de un nuevo modelo que, sin embargo, y a largo plazo, terminará cambiando a la cultura misma del venezolano. Sencillamente, que lamentablemente el venezolano es así y él es quien vota, así que debemos aceptarlo como es. Por supuesto, la mera habilidad de simulación demagógica no es creíble. Es decir: hay que ser adeco para ganar, pero no se olviden nunca de las aspiraciones revolucionarias.

En otra parte se nombra una gran ilusión de la izquierda que, al parecer, estamos viendo convertida en realidad hoy en día. Teodoro dice: “Cuando este Estado [el venezolano] tome en sus manos la producción de hierro y petróleo va a ser un verdadero mamut económico” P 183. La gran fantasía de la izquierda en Venezuela entonces consiste en llegar al poder y hacerse herederos del Tesoro Nacional, el cual usarán para poder impulsar la revolución. Como dice Teodoro, el capital del Estado se encuentra separado del capital privado y, por lo tanto, puede ejercer con cierta comodidad sus medidas económicas socialistas. Hoy en día estamos viendo tal cual esto, el Estado hace lo que quiere, gasta enormes sumas de dinero en las misiones y, francamente, desprecia a la empresa privada, incluso socava (aunque parece que no será tan fácil) sus propias garantías constitucionales.

Pero, ¿acaso no es esto lo que precisamente han hecho todos los gobiernos democráticos de Venezuela? El Estado como gran benefactor, inyectando millones de millones de bolívares en el país que ha recibido por fruto de los ingresos petroleros (y en menor medida del fisco). Por supuesto que si antes se favorecía el capitalismo, ahora se favorece al “socialismo”… Tal vez Teodoro tenga más razón ahora que lo leo… Quizás el gran problema en estos momentos es que tenemos a un gobierno socialista, tal cual, y que el pueblo aún no entiende qué es el socialismo y qué clase de derechos y deberes está recibiendo. Los debates de reforma constitucional vienen a ser entonces la última edición de la Misión Robinson: una alfabetización económica, aprender el socialismo: S con O, SO, C con I con A, CIA…

¿Cuán diferentes somos a los venezolanos de hace treinta años a los cuales hablaba Teodoro? Discutíamos antes acerca de las universidades, del rol que ha tenido la educación en hacer mejorar y progresar a ciertas porciones de la población… ¿Consiguió la democracia su meta? ¿Somos más cultos como pueblo, como nación, más tecnológicamente desarrollados, más independientes, que en 1960? Creo que sólo basta ver a quién está en Miraflores hoy en día para saber la respuesta. ¿La sociedad actual, dividida, políticamente idiota, económicamente fracasada, es entonces producto de las universidades? No sé… Me da miedo hasta atreverme a decir eso…

Al parecer entonces quien sí cambió fue la izquierda. Ella leyó a Petkoff –y quizás Chávez también- y se hizo un autoproceso, un juicio introspectivo. Entró a los cuarteles, se apropió del ideario bolivariano, llegó al poder y ahora es dueña absoluta del país. Pero eso entonces es decir que Chávez es hijo de la izquierda. José Vicente estaba con Teodoro en el MAS, así que está muy bien informado de los errores de la izquierda pasada. Nos insistían en que, ante todo, Chávez es un gobierno militar. Sí, pero… los militares en Venezuela son una clase extraña. Recuerdo la anécdota de un familiar que llegó a ser General de Brigada y fue enviado a Perú de agregado militar o algo por el estilo. Cuando fue presentado ante oficiales del Ejército Peruano, estos quedaron sorprendidos pues “en el Perú, un negro jamás hubiese llegado a ser General”. Eso fue hace muchos años, y desde luego es probable que en el Perú hoy día existan Coroneles, Almirantes y Generales que sean negros de Arequipa, indios de la Cordillera o hijos de inmigrantes asiáticos, pero el sabor de la anécdota es el mismo: consiste en la comprobación de nuestra gran concepción igualitaria de nosotros mismos, que los venezolanos no adolecemos del pernicioso cáncer del racismo. Pero también habla de la diferencia de los cuerpos militares venezolanos, herederos de los lanceros de Páez y los soldados andinos de Gómez, con respecto a los demás del continente. ¿Qué fue el Porteñazo y el Carupanazo? Interesante averiguar esas cosas.

Y, a todas éstas… ¿qué es de la vida del Che? Ya volveré a él…

Leo partes de El Divino Bolívar de Elías Pino Iturrieta. Chávez = Locura… sencillamente… ¿Cómo logro empatar el hilo histórico de Bolívar con el Che Guevara dentro de la ideología chavista? Tal vez Zamora sea la clave. El papá de Maisanta era guerrillero, de las guerrillas zamoranas. La guerrilla es entonces algo familiar. Puede ser una de las tesis. Eso y la virtud armada rousseauniana.

El Che en Sierra Maestra, en uno de los tantos “combaticos”: “Personalmente noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse para la próxima oportunidad”. Como sigue la explicación de JL Anderson: “Es difícil imaginar que muchos hombres en la misma situación harían semejante juicio autocrítico, pero así enfrentaba la vida Ernesto Guevara en su nueva identidad del Che. Era una de las facetas de su carácter que lo destacaba de la vasta mayoría de sus camaradas guerrilleros, los que en pleno combate aún esperaban sobrevivir a la experiencia”. P 313-314. La necesidad de vivir es concebida como un defecto en el que se resumen las quejas, la falta de combatividad, las deserciones, desobediencias, etc.

“Uno de los aspectos más notables de su diario de esta época es la ausencia casi total de detalles de su vida personal o de pasajes introspectivos, sobre todo cuando se lo compara con el ensimismado vagabundo Ernesto de pocos años atrás” P 315

jueves, 1 de noviembre de 2007


De cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades. En clase nos referíamos acerca de las necesidades. Termino aquí de completar la idea. Básicamente esa sentencia nos indica que en el socialismo el Estado surge como única entidad capaz de resolver el problema económico de cómo producir (al escoger selectivamente los recursos) y de la distribución de los productos. La distribución se haría en base a las necesidades de cada quién. Por supuesto, ya está claro que el gran problema de esto consiste en definir cuáles son las necesidades de la sociedad, pues por definición las necesidades son ilimitadas y siempre crecientes. Ahora, precisamente, el modelo socialista, tal y como ha sido comprobado en tantas partes, es incapaz de generar riqueza y adolece de muy baja productividad. Por ende, cada vez le quedan menos productos qué distribuir y menos necesidades qué satisfacer. Claro, el socialismo es también incapaz de ver esto y sencillamente se proclama como ente moral, reestructurador de la cultura humana y ¿qué hace? Pues nos dice que nuestras necesidades no son verdaderas, que nuestras necesidades económicas son fruto de la dominación burguesa: uno no necesita un carro, ni una casa, ni vacaciones en Margarita… todo eso hiede a pequeña burguesía… El socialismo, al ser incapaz de aumentar la calidad de vida, hace algo muy fácil: proclama la dignidad de la pobreza, por supuesto después de explicar las razones a través del imperialismo, el peso de un modelo histórico tradicional y corrupto, la traición de los infiltrados, etc. Eso es lo que quise decir cuando el Estado desciende el estándar de necesidades del pueblo, pues el Estado Socialista asume que las necesidades de la sociedad se encuentran en una lista de cosas por hacer, como un mandado de supermercado. Lo malo es que no se tiene suficiente dinero y nunca alcanza para la leche, ni la carne ni los huevos.