sábado, 1 de diciembre de 2007



He llegado al capítulo sobre la “guerrilla salteña” en la biografía escrita por Anderson. Confieso que al principio pasé muchas de las páginas sin leerlas, pues Anderson como siempre expone toda la panoplia de su abultada investigación, en las cuales los detalles son lo más importante. Pasé estas páginas de manera muy rápida también por la escasez del tiempo que me queda para terminar de leer la biografía y proceder a dejar las anotaciones marginales, elucubraciones conspirativas y devaneos espirituales y de una vez por todas hacer el proyecto. Sin embargo, al llegar al final del capítulo, sentí que había dejado pasar uno de los momentos más especiales de la biografía, pues recordé que, al parecer, Anderson había sido explícito en muchas cosas que nunca antes otro escritor había detallado tanto. Por ello las releí, como también releo poco a poco todo lo que fue el año 1958, durante el cual se fraguó la victoria de la Revolución. Hoy me detendré solamente en Argentina.




La decisión del Che de apoyar un foco guerrillero en Argentina, discurre en varios niveles. Mencionábamos antes a Régis Debray y la problemática de cómo hacer triunfar a la Revolución: a través de las armas o a través del partido. En esos mismos momentos ocurría el cisma entre Moscú y Pekín, motivado por razones ideológicas, geopolíticas, históricas que van más allá de mis intenciones en este momento. Lo que resulta claro es que Guevara, a partir de los viajes que realizó a Rusia donde observó el status de la burocracia soviética y la diferencia con respecto al pueblo común, y sobre todo después de la crisis de los misiles, donde la Unión Soviética tomó decisiones que afectaban a Cuba sin consultarlas con ellos, ejerciendo al máximo su poder imperial, comenzó a dudar de la infalibilidad de Moscú. Muchos observaron que su tesis del foquismo, explicitada en La Guerra de Guerrillas era de corte sumamente maoísta, incluso trotskista, lo cual separaba al Che del dogma soviético.



El Che era acérrimo partidario de su propia tesis, la cual era para él una suerte de descubrimiento científico. Creía que el éxito de la Revolución Cubana podía ser repetido en otras partes de Latinoamérica. En su artículo llamado “Cuba, ¿excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista”, publicado el 9 de abril de 1961 en la revista Verde Olivo, expone la verdad científica a la cual había llegado a través de métodos empíricos: “la cura para los males del hombre, era el marxismo-leninismo, y la guerra de guerrillas era el medio para alcanzarla” (Anderson, 479). El médico argentino finalmente, tras diagnosticar a América durante todos sus viajes, experimentar en Cuba y comprobar su éxito había emitido la fórmula de una vacuna.



Entonces comenzó una campaña de apoyo a movimientos insurgentes por toda Latinoamérica. Al principio no tuvo control directo sobre ellos, sólo ayudaba con armas y logística. Es a la vertiente guerrillera en Argentina, donde concentra por primera vez sus esfuerzos de manera directa, aunque no presencial. De todos los países de Latinoamérica, ¿por qué empezar por Argentina? Básicamente, porque el Che era argentino. Le dolía su nación. Tenía conocimiento sobre la geopolítica, idiosincrasia y estructura social de su país. Podía establecer contactos rápidos con personas como Ricardo Rojo, amigos de infancia que conocían de primera fuente la situación política de la Argentina. Es decir, había características de naturaleza práctica que conducían la escogencia de Argentina como destino del primer foco guerrillero bajo las estrictas órdenes del Che, por así llamarlo.



Pero Anderson también nos recuerda lo casual de la ubicación geográfica de la penetración guerrillera: la provincia de Salta. Esa provincia había sido visitada por el Che durante su primer viaje en motocicleta por Argentina, en el año 1950. La provincia era una de las más atrasadas de Argentina, cuya población era mayoritariamente indígena y los terratenientes controlaban la mayor parte de la actividad económica. Fue uno de sus primeros contactos con los problemas sociales de su país. En efecto, en relación a los descamisados, “por primera vez, Ernesto dejó de verlos como sirvientes o símbolos; había viajado con ellos” (Anderson, 71). Por lo tanto existía una conexión personal entre el Che y Salta, al formar parte de su propia experiencia la injusticia de la sociedad provinciana. Lo importante, como hace entender Anderson, es que este análisis no es hecho posteriormente por quienes estudian a Guevara, sino fue una reflexión del propio Guevara: siempre buscando de entre sus anécdotas, vivencias y lecturas la motivación de todas sus actividades. Eso típico del argentino que ya decía Cortázar: “vive mucho, lee mucho y después, escribe todo”. Pareciera entonces que las decisiones políticas del Che maduro vienen condicionadas por el deseo de consumación de fantasías muy preciadas de su juventud. Todas esas fantasías contribuían alimentaron sus futuras tesis. La vertiente guerrillera llegó a Salta a través de Bolivia. Recordemos que el Che creía firmemente en la idea de hacer de la Cordillera de los Andes la Sierra Maestra de la Revolución Latinoamericana. Y Bolivia, el ombligo de la cordillera andina, sería el centro de todas las operaciones. Conclusión a la cual no había llegado recientemente, sino una idea con la cual ya se regodeaba desde su viaje a la región durante 1953 con su amigo Calica. Vemos entonces esta característica particular de Guevara: una especie de sentido hermético de su propia vida, en la cual los caminos trazados al principio son cerrados al final, el destino trascendental.


Por último, Anderson también nos sugiere que posiblemente el Che añoraba volver a la Argentina. Estando en Punta del Este en agosto de 1961, el Partido Socialista Argentino le ofreció una candidatura para las elecciones legislativas. La conversación que sostuvo en ese momento con Julia Constela de Giussani, quien le hizo la propuesta, deja entrever que la razón de su respuesta negativa fue menos su compromiso con la Revolución Cubana que las diferencias estratégicas que poseía con el partido respecto a la toma del poder (Anderson, 488). Sin embargo, la oferta tal vez haya desencadenado en el propio Che una nostalgia a su tierra natal. Anderson, a través de muchos ejemplos y anécdotas nos da un atisbo a la verdadera vida del Che burócrata durante esos años en Cuba. “A pesar del mito póstumo que se creó en Cuba, el Che se diferenciaba de casi todos cuantos lo rodeaban” (Anderson, 538). Argentino de humor filoso, introvertido, moralista santurrón, carente de oído musical para el baile, abstemio, adicto al mate, cruel y austero difícilmente encajaba en la alegre y liviana cultura caribeña cubana. Sus únicos amigos eran precisamente los argentinos a quienes durante los primeros años de la Revolución Cubana fue convocando, amigos de infancia y de la vida, u otros que llegaron por sus propias voluntades, atraídos por el éxito de su compatriota. En definitiva, había también un saudade, un rimpianto en la decisión de Guevara de crear la guerrilla salteña.

Anderson nos relata la comedia de errores que fue la acción del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), el nombre que recibió la vertiente, en Salta. Gran parte del fracaso se debió a la personalidad paranoica de Jorge Ricardo Masetti, ex-miembro de la ultranacionalista y antesimista Alianza Libertadora Nacionalista. Anderson cierra el capítulo así:

"El fracaso de la guerrilla en Salta significó para el Che un momento crucial. Una vez más, hombres 'buenos' pero inexpertos habían sido incapaces de poner a prueba sus teorías de la guerra de guerrillas. Por consiguiente, le incumbía a él demostrar la efectividad de sus ideas. Así como la Revolución Cubana había contado con un Fidel como caudillo para reunir y aglutinar las distintas fuerzas revolucionarias en una máquina de combate eficaz, el éxito de la revolución continental dependía de la presencia física de un dirigente conocido: él mismo" (Anderson, 559)

miércoles, 28 de noviembre de 2007


Utilizando un lenguaje militar que considero es el que mejor describe muchos aspectos del pensamiento chavista, Alberto Garrido sostiene que:

“La estrategia de Chávez siempre ha sido una y única: instalar un proceso revolucionario continental (fase bolivariana) y mundial (nueva etapa socialista del siglo XXI), en el marco de un nuevo poder planetario multipolar. La táctica principal ha sido innovadora: combinar procesos insurreccionales revolucionarios con rutas electorales de la democracia representativa.” (Alberto Garrido, La guerra (asimétrica) de Chávez. Caracas, Alfadil 2005, p. 115)


Ahora bien, esta aseveración le da a Chávez dotes de gran estadista, de un Julio César que conquista Galias y cruza Rubicones. Por supuesto que la historia es mucho más bella una vez que la contamos en retroceso. Precisamente, la estrategia de la que nos habla Garrido existe únicamente ahora, en gran parte construida por Chávez mismo e incluso por autores como Garrido, quienes han recopilado una monumental cantidad de basura reciclada, borrona que cayó del escritorio donde se fraguó el golpe del 4 de febrero de 1992. Lo único bueno de ese párrafo de Garrido es que viene a ser la síntesis del “mito oficial”, no tanto público, pues al pueblo no siempre es bueno hacer ver grandes panoramas, pero sí a determinada audiencia interna, con ciertas ínfulas políticas, las cuales se satisfacen con un panorama de espejismos.

Hablar de esta estrategia hoy en día tendría como única finalidad reivindicar el ideal chavista de un Socialismo del Siglo XXI autóctono, que tenga las consabidas raíces en el bolivarianismo y el nacionalismo. Esta “necesidad necesaria” de toda Revolución (ser nacional antes que nada), ya la veíamos en el Proceso a la Izquierda de Teodoro y hoy en clase la volvimos a ver en La Révolution dans la Révolution de Régis Debray. Que de alguna manera podemos conectarlo a la principal razón del éxito de la Revolución Cubana: el nacionalismo.



¿Puede compararse el nacionalismo cubano con el nacionalismo venezolano? Cuba estuvo físicamente ocupada por España hasta 1898, más de ochenta años después que la independencia venezolana. Sin embargo, en Venezuela, el petróleo es igual a la nación y su explotación por trasnacionales se ha transformado en una colonización. La venta de barriles se ha convertido en el nuevo discurso en la venta de la patria. El petróleo, en lugar de ser un combustible, un artículo de mercado, es un símbolo patrio: así como hay ave patria (el turpial), flor patria (la orquídea) y árbol patrio (el aragüaney), símbolos que abarcan los dos primeros reinos de la naturaleza, no podíamos dejar de tener un representante del reino mineral, el más patriota de los hidrocarburos, el petróleo, no importa si el nuestro es más sulfuroso o más bituminoso que los livianos hidrocarburos sauditas, ¿quién necesita tener mejor propiedades químicas cuando se tiene dignidad? Un petróleo viscoso pero patriota es mejor que cualquier gasolina de alto octanaje imperialista.



Por supuesto hay otros puntos calientes del nacionalismo venezolano: las fronteras. Es lamentable cómo durante todo bachillerato y primaria todos mis profesores de historia lo único que hicieron fue hablar de cómo a Venezuela la habían estafado en todo tratado, laudo arbitral, acuerdo equis que se haya firmado durante nuestra historia republicana. Fue como si todas las potencias mundiales se hubiesen puesto de parte de Colombia. Ah porque por supuesto a Guayana se le nombra pero se le olvida, a Brasil ni siquiera se menciona, pero a Colombia… los colombianos son vistos como aves de rapiña que van moviendo los mojones fronterizos un metro cada noche, hasta que sin darnos cuenta están en Caracas. Otro de los grandes mitos políticos de este país y que no sirve para nada ni ayuda en nada ni soluciona nada.



Este mito ha sido usado recientemente en la disputa con Colombia, por supuesto aunado a la muerte de Bolívar (que ahora es convertida en envenenamiento, el grito de Marco Antonio en la escalinata del Senado) y la larga tradición de disputa entre Venezuela y la oligarquía neogranadina.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Hace varios días que no escribo en el blog. Demasiadas cosas en la cabeza. Entre tesis, VHDL, planes futuros, reforma constitucional y viajes no he avanzado mucho. Y si pienso sobre el Che, lo hago en función del proyecto.

Pero hoy vale la pena volver un poco.

“El programa del Che, que con el tiempo se llamaría ‘emulación comunista’, se basaba en el principio de que al trabajar voluntariamente para la sociedad sin pensar en la remuneración, el individuo da un paso importante hacia la construcción de una auténtica ‘conciencia’ comunista” (Anderson, 477)

El histrionismo revolucionario del Che. Me encanta esa expresión. Siento que debo hablar de alguna manera de los mitos que rodean al Che y cómo son jugados en el actual gobierno. El mito del líder asceta, desprendido de los bienes materiales, un poco a eso del Rey Salomón, el rey santo, Ricardo Corazón de León.

Hago una pausa para hacer una reflexión. He escrito en las páginas anteriores (no sé si escrito, pero las he manifestado al menos a otras personas) mi desprecio por ciertas actitudes de Guevara, por ejemplo su rebeldía malcriada que proyectaba hacia su familia, su vida política transformada en martirologio, sus ideas del hombre completamente erradas, su virilidad estúpida y chovinista, escritura torpe, rimbombante y que en lugar de construir oraciones solamente acumula palabras… en fin… Y sin embargo… No lo he dicho antes pero… Hay algo que me atrae del Che, al menos a mí, y es su desprecio por la sociedad. ¿Cómo puede ser atractiva esa actitud antisocial, me dirán? Creo que también tengo algo de antisocial, algo de autodidacta… En este diario también, con la suficiente agudeza puede notarse en mí alguna petulancia, hidalguía perezosa, esquizofrenia laboral, del joven que estudia una carrera que no le gusta mucho (el Che fue medicina, yo Ingeniería) y elige por las circunstancias… Y sin embargo no renuncia a los que él llama sus verdaderas pasiones, la literatura y el pensamiento, para convertirse en este ser que todo lo lee y todo lo anota, pues incapaz de establecer un diálogo gremial con los profesionales que discuten esos menesteres en el entorno académico, a él sólo le quedan los libros y los diarios: el onanismo intelectual. El Che era muy introspectivo, así que no puedo decir que le faltó interiorizar sus pensamientos para darse cuenta que los monstruos que observa en la sociedad también forman parte de él… creo que más bien fue exceso de interiorizar todo… de pasar toda la historia de la América a través del filtro de su espíritu, como quien usa un colador de café para hacer té… queda manchado de todo lo que tengamos por dentro, pues cualquiera de nuestras elucubraciones, por muy brillantes que pensamos puedan ser, por más emocionados que estemos de haber descubierto tal o cual teorema social del funcionamiento de las masas, al fin y al cabo nos estamos escribiendo a nosotros mismos y a los pequeños mundos que nos habitan. Tal vez debí esperar a leer un poco más de Anderson para soltar esta suerte de conclusión, mas la idea estaba ahí y debía expresarla… Más adelante a lo mejor vendrán otras… Lo cierto es que si alguien me dice que estoy loco por compararme con el Che, que él fue un icono del siglo XX, tú quién eres, está perdiendo el punto… primero que no hay comparación de vidas, ninguna vida es igual a otra eso es obvio, segundo que tampoco me elevo a un nivel histórico ni a él lo desciendo al plano incidental… es solamente el personaje Che, en cuanto a motivaciones, en cuanto a pasiones, como me lo imagino yo al leer la biografía Anderson y las cosas que despierta en mí como lector. Si no soy capaz de establecer ninguna relación entre el Che y yo, no estoy leyendo, no estoy siendo afectado, sería inmune… y hoy me doy cuenta que no soy. Quizás porque mis opiniones en vez de ser firmes juegan a la combinatoria y prueban todas las alternativas hasta perderme…



Tal vez lo bueno del diario sea esto… la oportunidad de “manchar”, de “filtrar”, de “colar”… en el proyecto todo queda pulcro… aquí: embarrado de ambivalencias y contradicciones.

miércoles, 14 de noviembre de 2007


Termino de leer Contracultura para principiantes. Debo entender que esa contracultura fue un fenómeno que eminentemente afectó a los países desarrollados: Estados Unidos, Inglaterra, Francia de la época. Digo esto porque cuando uno escucha esas historias de los años 60 uno enseguida le pregunta a sus familiares cómo había sido eso: mi abuela tenía 21 años en 1960, así que precisamente esa fue su generación. Y sin embargo, aquí en Venezuela, lo que se hacía era bailar pasodoble y La Billo’s. Al menos esa fue la juventud de mi abuela. Además, en 1960 ella ya estaba casada y con una hija. Cuando la era hippie culminó en 1969, mi abuela no pudo haberla notado menos, pues ya para ese momento tenía cuatro hijos y era una de las maestras más respetadas de La Victoria. Me resulta interesante pues creo que en Venezuela o en Latinoamérica la contracultura no fue tan fuerte, no tuvo éxito. Teodoro mismo nos dice que la izquierda en los sesenta fracasó, que al pueblo no le convencía su mensaje, que el campesino en la Sierra de San Luis lo único que quería era irse a Caracas a hacer real, no apoyar ninguna revolución ¡¿qué es eso?! Quizás en Caracas sí, en la clase media alta o incluso a nivel general sí se vivió un poco de esa contracultura, al estar más en contacto con la movida internacional.

Al leer las páginas mitad relato mitad historieta, confieso que al principio, cuando se cuenta la historia de los poetas beat encontré otra vez eco a viejas pasiones adolescentes, esa misteriosa llama que impulsa a uno a convertirse en otro de los poetas malditos. Luego a medida que uno va leyendo, uno se aburre del aburrimiento de sus vidas y de lo banal de sus posiciones. Más cuando te das cuenta que esa “libertad” da pie a esas organizaciones ecológicas, organopónicas y antiaerosoles que tanto escandalizan con lo del calentamiento global hoy en día. No sé pero a mí me fastidia escuchar que en el año 2050 el Mediterráneo será un desierto y todos nos tendremos que mudar a Siberia, que será una suerte de paraíso tropical mientras las regiones equinocciales serán pasto de los rayos ultravioleta. ¿No es esa la más nueva escatología? ¿Qué se supone que hagamos? El petróleo se va a acabar pronto, tranquilos… dentro de cien años no habrá automóviles probablemente, pues por el camino que vamos la energía se hace más y más escasa: sólo queda la materia… (interesante einstensianismo)



Lo de las comunas hippies aterroriza, al saber que muy pronto esos experimentos sociales tendrán rango constitucional en nuestro país. Claro que aquí se nos dice que no va a ser así, pero no es acaso eso del “todo es de todos”, “PDVSA es de todos” lo más cursilmente hippie que puede haber? Claro que luego uno se reanima al rememorar la música mientras se leen los nombres de Bob Dylan, Janis Joplin, Jefferson Airplane, etc. etc. Pero a la vez hay una molestia, sí una molestia grande que crece en uno el joven del año 2007 cuando se leen esas páginas y es la de sentir que, a pesar de lo banal, lo trivial, lo heroinómanamente perdidas de esas juventudes, ellos podían disfrutar del exquisito sabor de la lucha contra el sistema. Es un análisis banal, lo sé, pues los critico y sé que no puedo vivir así y rechazo las manifestaciones tardías de esa forma de vida… pero uno se voltea y los ve y se pregunta si ellos en verdad son felices… y con cierto regocijo los vemos desde este lado volver de sus fracasos a trabajar y ganarse la vida… ¿no es eso el más duro pensamiento capitalista, vendido al sistema, sometido por el establishment? ¿Pero qué es el establishment? ¿Qué es el sistema? ¿Trabajar? ¿Ganarse la vida? And yet, yo no trabajo todavía… ¿Por qué me molesto, si todo lo que tengo no me lo he pagado, si soy otro babyboomer más? En realidad uno el joven de hoy es mucho más contradictorio que el de los sesenta. Uno usa la estabilidad para soñar, pero hay que asegurar la estabilidad ante todo. Jamás podría compartir mi cepillo de dientes o hacer una silla con la madera que corto en el bosque… Walden no va conmigo. Y aunque no quiero ferraris, aunque el reggaeton me cansa y me aturde, aunque mi celular es un modelo obsoleto de hace cuatro años que todavía reproduce ringtones MIDI, aunque compro más libros de filosofía que ropa y más ropa que cerveza y eso me hace ser en cierto modo un “outsider” para los estándares culturales venezolanos, la insustituible comodidad urbana me ha dominado.

En realidad sí hay un modelo que considero es admirable, dentro de todo ese movimiento de contracultura, y fue el de Rosa Parks, la mujer que en 1955 se sentó en la sección blanca y no cedió su puesto en Montgomery, Alabama. Tal vez hoy en día seamos más maduros políticamente, y que mis lecturas de Coetzee no han sido en vano, porque la verdad lo que hizo esa mujer, empequeñece a todas las proezas de Kerouac, Burroughs, Grateful Dead y Timothy Leary. ¿Quién hizo la verdadera revolución? ¿Quién cambió al mundo?



¿Será que somos tan marxistas que hasta el “marxismo Light” de los hippies nos resulta imperialista y alienante y sólo reconocemos la voz del afroamericano oprimido como única fiel representante de la clase proletaria del mundo?

sábado, 10 de noviembre de 2007

En la página 387 de Anderson: “El Che sugirió que se redujera la jornada laboral de ocho a seis horas para crear puestos de trabajo”. Una similitud de Cuba y Venezuela para ese entonces: ambas eran naciones monoproductoras, una dependiente del precio internacional del azúcar, la otra del petróleo. Esto hizo que la economía de Cuba siempre fuera dependiente, así como lo es la venezolana. Tal característica fue tan influyente que “las negociaciones azucareras fueron el primer paso importante en las conversaciones secretas que desembocaron en la alianza cubano-soviética” P 409.

En una carta que le escribe el Che desde la India a su madre:

“Algo que realmente se ha desarrollado en mí es la sensación de lo masivo en contraposición con lo personal; soy el mismo solitario que era, buscando mi camino sin ayuda personal, pero ahora poseo el sentido de mi deber histórico. No tengo hogar ni mujer ni hijos ni padres ni hermanos y hermanas, mis amigos son mis amigos en tanto piensen políticamente como yo y sin embargo estoy contento, siento algo en la vida, no sólo una poderosa fuerza interior, que siempre sentí, sino también el poder de inyectarla a los demás y un sentido absolutamente fatalista de mi misión que me despoja del miedo.” P 413

lunes, 5 de noviembre de 2007


Teodoro Petkoff escribió hace treinta años que el éxito de la izquierda que él representaba iba a depender de “la capacidad que tengamos de crear entre la población la conciencia de que existe una vía venezolana al socialismo y un modelo específicamente venezolano de socialismo” P 142. Esto va más allá de la tautología, pues es evidente que todo socialismo que surja en Venezuela, es venezolano. Prosigue: “no existe una sola revolución triunfante que no lleve una profundísima impronta nacional, que no sea hija de una voluntad revolucionaria de raíces y modalidades exteriores, sino totalmente nacionales, absolutamente específicas, políticamente determinadas y condicionadas por una historia y por una coyuntura totalmente diferenciadas y aprovechadas al margen de todo esquema o de toda “receta” supuestamente universal”. P 142-143.

Luego sigue un largo párrafo que parece recoger los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI:

“Por eso, cuando acentuamos la naturaleza venezolana de nuestra vía al socialismo, no sólo queremos subrayar la existencia de un conjunto de rasgos específicos de nuestra nación –cosa que, por lo demás, no negaría nadie, pues es demasiado obvia-, sino, lo que es decisivo, la necesidad de ajustar nuestra conducta a tales rasgos, la necesidad de ser específicos también en nuestra actuación y en la proposición que elaboramos. […] No estamos, en este momento, ante la construcción de una sociedad socialista, sino ante las demandas provenientes de la lucha por la conquista del poder, objetivo que es una función directa de la creación de una fuerza social y política capaz de alcanzarlo […] Para que el socialismo pueda ser ‘popular’ –para que posea raíces en el pueblo- tiene que ser ‘nacional’ –con raíces en la historia de la nación-. Y viceversa. Existe entre lo ‘nacional’ y lo ‘popular’ una doble relación. Por una parte, la que corresponde a los lazos entre pueblo y nación, que son categorías inseparables entre sí, mutuamente determinadas y condicionadas; y por la otra, una relación en cuanto a percepción: para que el socialismo pueda ser popular tiene que ser percibido como una resultante de la historia real de la nación, de la historia no mitificada de los combates de nuestro pueblo.” P 143-144.

A lo largo del texto existen varias tesis: la primera es la que hemos copiado textualmente arriba, la necesidad de despojar de internacionalismos al socialismo e introducirlo dentro de una tradición histórica para poder venderlo al pueblo como un fenómeno natural y nacional. Segundo, la necesidad de romper con el capitalismo de Estado y pasar a un verdadero socialismo fundamentado en métodos de producción autogestionados y comunitarios. Tercero, romper con el “esencialismo” o seguimiento literal de las ideas de Marx y Lenin, lo que significa ir más allá del “obrerismo” y el “economismo”, entender las variables sociales como entidades mucho más complejas y de las cuales la producción es otra integrante más y apoyarse en el concepto de “cultura de la dependencia” en lugar de “dependencia cultural”. Cuarto, la necesidad de una solución democrática, política y no violenta: la revolución triunfará por las elecciones.

Pero en aquellos tiempos Teodoro hablaba de un “modo de vida” errado, tal y como Chávez expresa hoy en día. La cultura venezolana se proyecta desde la clase dominante burguesa, hasta los más pobres tienen ideas burguesas y disfrutan de ellas. Todo esto continuado y protegido por los regímenes de AD y COPEI que no han producido los cambios necesarios, sólo reformas superficiales que no conducen a nada. También dice que el carácter elitista de la izquierda la hace ver con ridículo las fallas del venezolano, que son, por coincidencia, precisamente lo más venezolano de la venezolanidad. Entonces, Teodoro básicamente está diciendo que la izquierda debe entender al venezolano, incluso respetar ciertas “zonas prohibidas” como la religión, el entretenimiento, etc. y dedicarse a la construcción de un nuevo modelo que, sin embargo, y a largo plazo, terminará cambiando a la cultura misma del venezolano. Sencillamente, que lamentablemente el venezolano es así y él es quien vota, así que debemos aceptarlo como es. Por supuesto, la mera habilidad de simulación demagógica no es creíble. Es decir: hay que ser adeco para ganar, pero no se olviden nunca de las aspiraciones revolucionarias.

En otra parte se nombra una gran ilusión de la izquierda que, al parecer, estamos viendo convertida en realidad hoy en día. Teodoro dice: “Cuando este Estado [el venezolano] tome en sus manos la producción de hierro y petróleo va a ser un verdadero mamut económico” P 183. La gran fantasía de la izquierda en Venezuela entonces consiste en llegar al poder y hacerse herederos del Tesoro Nacional, el cual usarán para poder impulsar la revolución. Como dice Teodoro, el capital del Estado se encuentra separado del capital privado y, por lo tanto, puede ejercer con cierta comodidad sus medidas económicas socialistas. Hoy en día estamos viendo tal cual esto, el Estado hace lo que quiere, gasta enormes sumas de dinero en las misiones y, francamente, desprecia a la empresa privada, incluso socava (aunque parece que no será tan fácil) sus propias garantías constitucionales.

Pero, ¿acaso no es esto lo que precisamente han hecho todos los gobiernos democráticos de Venezuela? El Estado como gran benefactor, inyectando millones de millones de bolívares en el país que ha recibido por fruto de los ingresos petroleros (y en menor medida del fisco). Por supuesto que si antes se favorecía el capitalismo, ahora se favorece al “socialismo”… Tal vez Teodoro tenga más razón ahora que lo leo… Quizás el gran problema en estos momentos es que tenemos a un gobierno socialista, tal cual, y que el pueblo aún no entiende qué es el socialismo y qué clase de derechos y deberes está recibiendo. Los debates de reforma constitucional vienen a ser entonces la última edición de la Misión Robinson: una alfabetización económica, aprender el socialismo: S con O, SO, C con I con A, CIA…

¿Cuán diferentes somos a los venezolanos de hace treinta años a los cuales hablaba Teodoro? Discutíamos antes acerca de las universidades, del rol que ha tenido la educación en hacer mejorar y progresar a ciertas porciones de la población… ¿Consiguió la democracia su meta? ¿Somos más cultos como pueblo, como nación, más tecnológicamente desarrollados, más independientes, que en 1960? Creo que sólo basta ver a quién está en Miraflores hoy en día para saber la respuesta. ¿La sociedad actual, dividida, políticamente idiota, económicamente fracasada, es entonces producto de las universidades? No sé… Me da miedo hasta atreverme a decir eso…

Al parecer entonces quien sí cambió fue la izquierda. Ella leyó a Petkoff –y quizás Chávez también- y se hizo un autoproceso, un juicio introspectivo. Entró a los cuarteles, se apropió del ideario bolivariano, llegó al poder y ahora es dueña absoluta del país. Pero eso entonces es decir que Chávez es hijo de la izquierda. José Vicente estaba con Teodoro en el MAS, así que está muy bien informado de los errores de la izquierda pasada. Nos insistían en que, ante todo, Chávez es un gobierno militar. Sí, pero… los militares en Venezuela son una clase extraña. Recuerdo la anécdota de un familiar que llegó a ser General de Brigada y fue enviado a Perú de agregado militar o algo por el estilo. Cuando fue presentado ante oficiales del Ejército Peruano, estos quedaron sorprendidos pues “en el Perú, un negro jamás hubiese llegado a ser General”. Eso fue hace muchos años, y desde luego es probable que en el Perú hoy día existan Coroneles, Almirantes y Generales que sean negros de Arequipa, indios de la Cordillera o hijos de inmigrantes asiáticos, pero el sabor de la anécdota es el mismo: consiste en la comprobación de nuestra gran concepción igualitaria de nosotros mismos, que los venezolanos no adolecemos del pernicioso cáncer del racismo. Pero también habla de la diferencia de los cuerpos militares venezolanos, herederos de los lanceros de Páez y los soldados andinos de Gómez, con respecto a los demás del continente. ¿Qué fue el Porteñazo y el Carupanazo? Interesante averiguar esas cosas.

Y, a todas éstas… ¿qué es de la vida del Che? Ya volveré a él…

Leo partes de El Divino Bolívar de Elías Pino Iturrieta. Chávez = Locura… sencillamente… ¿Cómo logro empatar el hilo histórico de Bolívar con el Che Guevara dentro de la ideología chavista? Tal vez Zamora sea la clave. El papá de Maisanta era guerrillero, de las guerrillas zamoranas. La guerrilla es entonces algo familiar. Puede ser una de las tesis. Eso y la virtud armada rousseauniana.

El Che en Sierra Maestra, en uno de los tantos “combaticos”: “Personalmente noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse para la próxima oportunidad”. Como sigue la explicación de JL Anderson: “Es difícil imaginar que muchos hombres en la misma situación harían semejante juicio autocrítico, pero así enfrentaba la vida Ernesto Guevara en su nueva identidad del Che. Era una de las facetas de su carácter que lo destacaba de la vasta mayoría de sus camaradas guerrilleros, los que en pleno combate aún esperaban sobrevivir a la experiencia”. P 313-314. La necesidad de vivir es concebida como un defecto en el que se resumen las quejas, la falta de combatividad, las deserciones, desobediencias, etc.

“Uno de los aspectos más notables de su diario de esta época es la ausencia casi total de detalles de su vida personal o de pasajes introspectivos, sobre todo cuando se lo compara con el ensimismado vagabundo Ernesto de pocos años atrás” P 315

jueves, 1 de noviembre de 2007


De cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades. En clase nos referíamos acerca de las necesidades. Termino aquí de completar la idea. Básicamente esa sentencia nos indica que en el socialismo el Estado surge como única entidad capaz de resolver el problema económico de cómo producir (al escoger selectivamente los recursos) y de la distribución de los productos. La distribución se haría en base a las necesidades de cada quién. Por supuesto, ya está claro que el gran problema de esto consiste en definir cuáles son las necesidades de la sociedad, pues por definición las necesidades son ilimitadas y siempre crecientes. Ahora, precisamente, el modelo socialista, tal y como ha sido comprobado en tantas partes, es incapaz de generar riqueza y adolece de muy baja productividad. Por ende, cada vez le quedan menos productos qué distribuir y menos necesidades qué satisfacer. Claro, el socialismo es también incapaz de ver esto y sencillamente se proclama como ente moral, reestructurador de la cultura humana y ¿qué hace? Pues nos dice que nuestras necesidades no son verdaderas, que nuestras necesidades económicas son fruto de la dominación burguesa: uno no necesita un carro, ni una casa, ni vacaciones en Margarita… todo eso hiede a pequeña burguesía… El socialismo, al ser incapaz de aumentar la calidad de vida, hace algo muy fácil: proclama la dignidad de la pobreza, por supuesto después de explicar las razones a través del imperialismo, el peso de un modelo histórico tradicional y corrupto, la traición de los infiltrados, etc. Eso es lo que quise decir cuando el Estado desciende el estándar de necesidades del pueblo, pues el Estado Socialista asume que las necesidades de la sociedad se encuentran en una lista de cosas por hacer, como un mandado de supermercado. Lo malo es que no se tiene suficiente dinero y nunca alcanza para la leche, ni la carne ni los huevos.

martes, 30 de octubre de 2007

Triste el optimismo de Teodoro también. Las suyas son opiniones timbradas en 1990, cuando el éxito de la perestroika y el glasnot parecían asegurar la democracia en Rusia. Triste desde luego, para nosotros que conocemos a Putin, a los petromillonarios, al yate de Abramovich, al exespía envenenado con polonio, a la periodista acribillada en Vladivostok y a los rusos que día a día huyen de Rusia hacia Europa en busca de libertad y oportunidades.

Marx habla en El 18 Brumario de Luis Bonaparte citado por Teodoro: “La tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de las vivientes […] Y precisamente cuando debieran estar comprometidas en revolucionarse a sí mismas y a las cosas, en crear algo enteramente nuevo, precisamente en tales épocas de crisis revolucionaria, conjuran ansiosamente los espíritus del pasado y toman de ellos nombres, consignas de lucha y costumbres, con vistas a presentar la nueva escena de la historia mundial con ese disfraz dignificado del tiempo y con ese lenguaje prestado.” P 89

Por supuesto, Teodoro critica a la izquierda que se encasilla en Marx, en Lenin, en el octubre rojo de Petrogrado… La izquierda chavista es cierto que ha sido algo completamente nuevo, pero nuevo en el sentido que ha buscado nuevos muertos: Bolívar, Miranda y el Che.

El Estado burgués moderno según Teodoro es un mini-Leviatán que controla amplísimos aspectos de la vida de la sociedad.

Sin lugar a dudas el chavismo, con todo y su germen leninista-stalinista, es un partido moderno.

En Latinoamérica, el “obrerismo” ha sido sustituido por “marginalismo”.

Una añoranza por el sistema político de los Estados Unidos, de Francia, de Italia, donde el Estado burgués impone “los fines de la burguesía sin apelar a la dictadura en el gobierno” P 103. ¿Acaso no es eso lo que tenemos hoy? ¿Una dictadura disfrazada?

Kautsky.

Las críticas que se le hacían a Marx en aquél entonces siempre eran puntuales, pero como advierte Teodoro: “se equivocan es al creer, o al mostrar que creen que pueden suprimir los fundamentos sobre los que se apoya la construcción teórica de Marx y al mismo tiempo mantener en pie todo el edificio. Es éste un modo de comportarse que no es simplemente ilusorio. Rehusando admitir que aquello que se rechaza de la obra de Marx no es secundario sino esencial, se oculta y, por consiguiente, se hace más grave la crisis del marxismo en su conjunto”. P 112 Lucio Colletti, Internista politico-filosofica, Laterza 1975

En Manuel Caballero: la lucha a la corrupción como un combate mítico, el Armageddon entre los militares del 4 de febrero, arcángeles de la moralidad y la virtud, en contra de las huestes malignas de Carlos Andrés Pérez.

lunes, 29 de octubre de 2007

Comienzo a concebir al pensamiento chavista como un espectro que comienza en Bolívar y termina en Guevara, unidos por una bisagra, un enlace iónico que es la virtud armada a la vanguardia del pueblo. Problemas que deben ser destacados: la diferencia del concepto “revolución” en Bolívar y en Guevara, destacando que Bolívar no era revolucionario. ¿Únicamente lo militar? También el ensueño, la utopía, el delirio pontifical… Bolívar montado en una estatua y el Che en una cruz… Ambos jugaron a canonizarse en vida. Entonces la unión puede hacerse en cuanto a la ética con la cual regían su vida política y personal y más que todo a retomar esa ética por el gobierno actual.

Tomo esta cita de Pompeyo Márquez de su libro La vigencia del PCV no está en discusión que aparece en el Proceso a la izquierda de Petkoff:

“Seremos incapaces de entender a nuestro pueblo y éste será incapaz de comprendernos si de una u otra manera, para responder a las exigencias de un ‘internacionalismo’ sui géneris, nuestra política pudiera aparecer como la proyección, como la sombra, de la política de cualquier grande o pequeño país socialista, o de cualquier grande o pequeño partido comunista o revolucionario en general.” P.29

En consecuencia, la caída de la Unión Soviética, lejos de desfavorecer las condiciones para el surgimiento del socialismo en Venezuela, lo han fomentado, pues ahora la izquierda inmadura, “borbónica” puede llegar al poder sin que parezca supeditada a algún lineamiento o precepto dictado telegráficamente por los maestros del Kremlin. Por supuesto, las amistades con un “pequeño país socialista” como Cuba pueden perturbar la imagen que la izquierda tiene en el pueblo, tal cual ha sido el caso, mas ocurren dos cosas importantes: primero, hoy en día no existe algo llamado “internacionalismo” de la izquierda, y si llamásemos así a la tendencia de algunos estados, dicho “bloque” más bien disperso comparte no proyectos, sino un enemigo en Washington; y en segundo lugar, ante los últimos sucesos, es dudoso saber quién vive bajo la sombra de quién, si Venezuela de Cuba, o más bien Cuba de la de Venezuela.

Además, se destaca que el gran leitmotiv del gobierno siempre ha sido la recuperación de la nación, rescatarla de la degradación moral de la democracia, del ultraje económico del liberalismo. El uso mismo de la figura de Bolívar responde a la necesidad de garantizar que todo programa político del gobierno es y será nacionalista de manera connatural. Cualquier objeción es sospechosa y antipatriota, pues hace tiempo que en Venezuela se ha hecho la unión sagrada entre Patria y Gobierno.
En resumen, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se encuentra libre de actuar, pues no hay autoridad externa que le diga qué debe hacer ni hay peligro de que en el país se conciba como sujeto a un mandato extranjero. Eso no está en discusión. Pero por supuesto, cualquier fracaso será justificado por las manos del imperio estadounidense, como “gran facedor de agravios” del continente. En la victoria solos, pero en la derrota, arrastrando a todos…

Otro fragmento:

(Para el estalinismo) “La única fuerza genuinamente revolucionaria, la única capaz de llevar a término la revolución es el partido”. P 29

Entendido bajo la luz de la expresión de la vanguardia militar colmada de virtudes que ya veíamos en Caballero. También:

“Mal puede inspirar confianza en las perspectivas democráticas de la sociedad socialista un movimiento socialista que es incapaz de promover el ejercicio democrático en su seno.” P 30

Tal y como nos dice Caballero: “a partir de 1945 por lo menos, no existe un solo régimen en el mundo que no sea democrático; y que no sea sincero al decirlo. Eso es así porque la democracia es el ambiente cultural de nuestro tiempo […] Por supuesto que estamos conscientes de las toneladas de objeciones que se pueden hacer a una afirmación como ésta […] Pero también sabemos desde La Rochefoucauld que la hipocresía es un homenaje del vicio a la virtud. Si hoy no existe un solo gobierno que no se proclame democrático es sencillamente porque sabe que, de no ser así, nadie lo aceptaría.” (en Ni Dios ni Federación, p. 235). La democracia es entonces una máscara, un protocolo que se sigue para guardar apariencias y ya a principios de los años setenta Petkoff había advertido a la izquierda que no iría a ningún lado si no seguía el ritual democrático. Como en efecto lo aprendió a la fuerza el teniente coronel reinante.

Revelador cuando Petkoff nos dice, hablando del militante dentro de un partido típico leninista estalinista: “Ese militante, así robotizado, sólo podría admitirse como tal en condiciones de clandestinidad, en las cuales las exigencias de la conspiración son tales que una forma organizativa distinta a la de los compartimientos estancos sería una crasa demostración de incosistencia.” La clandestinidad es entendida como una situación de supervivencia, cuando el partido atenta contra un modelo pre-establecido y es perseguido como criminal. Semejante situación no es distinta a una situación de guerra, donde hay estrategia defensiva y ofensiva, por lo tanto el partido toma la forma de una estructura jerárquica militar. En pocas palabras: la Sierra Maestra. A continuación, Petkoff dice: “Mas, en las condiciones de una sociedad relativamente democrática, resulta una incongruencia –que el militante pronto percibe con incomodidad- tratar de mantener el mecanismo conspirativo.” P 31

¿Qué hacer? de Lenin, es una fuente que se cita como origen de la estructura leninista de los partidos.

Curioso también que las penurias financieras que sobrellevó el Movimiento al Socialismo (MAS) hagan merecer el nombre de “el paso de los Andes” a su primera campaña electoral.

Por supuesto, la mea culpa de la izquierda: “Excesivamente abstractos en la denuncia del capitalismo, no logramos hacer suficientemente comprensible un mensaje que, referido casi siempre a la estructura y a los grandes planos del sistema al cual combatimos, descuidaba el tratamiento de aspectos más vinculados a la experiencia diaria de la gente, como el costo de la vida, para citar un ejemplo.” P 45

El análisis que hace Petkoff del resultado de las elecciones celebradas en diciembre del año 1973 resulta muy vivo, un relato muy ameno que hace posible a un lector como yo, nacido once años después, capaz de imaginar y entender un hecho político tan particular e idiosincrásico, correspondiente a su época. Se nombra al perezjimenismo, una fuerza que jamás creí viva después de 1958, en la cual Pérez Jiménez “era simultáneamente programa, mensaje y liderazgo” y, por lo tanto, “los grupos vinculados a su nombre no pueden sostenerse por sí solos”. Nos trae a los tiempos actuales del chavismo, donde pareciera que Chávez es también programa, mensaje y liderazgo. Pero en realidad, Chávez conoce la debilidad de cualquier política construida únicamente en torno a una persona y por consiguiente ha procurado rodearse de una mitología política profusa, florida y tropical: la Santísima Trinidad de Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez, a la cual se le suma ahora un nuevo paradigma, el paradigma cubano, donde entran Fidel, el Che, Martí, etc. Sin mencionar las influencias pasajeras y efímeras que han integrado la biblioteca babélica del presidente, las cuales abarcan desde Walt Whitman hasta Mahoma.

Leemos por ejemplo la “madurez” alcanzada por la izquierda, por supuesto liderada por el MAS: “la determinación de asistir al proceso electoral [fue] la única posición coherentemente revolucionaria, la única que [dio] a la acción revolucionaria un campo posible de operaciones, sacándola del narcisismo grupuscular o de la futilidad de una lucha armada que se vuelve pura frase superrevolucionaria y que obliga a entrecomillar todo lo que a ella se refiera” P 55. Semejante reflexión llegaron después los comandantes del 4 de febrero en prisión.

Acusados por la ultra-izquierda de “electorerismo”, de “hacerle juego al sistema” y de “avalar la legalidad y la democracia del sistema”. Exactamente los debates que surgen en la oposición hoy en día.

Interesante el rechazo al frentismo. Parece ser entonces que Teodoro mantuvo esta actitud incluso hasta 1998 cuando se configuró el Polo Patriótico.

También da algo de nostalgia leer el prólogo que le hace Arturo Uslar Pietri a la reedición por parte de Monte Ávila Editores (cuando era Ávila y no Guaraira Repano) del libro Checoeslovaquia: El Socialismo como problema. El optimismo con el cual Uslar Pietri observa la caída del comunismo soviético es algo que nos entristece ante la dura realidad que estamos viviendo en Venezuela. Frases como “el fin de la historia” nos resuenan tan huecas que es sencillamente increíble. Es increíble también que tal vez haya venezolanos hoy en día que inmigrarán a Varsovia o Praga, por ejemplo, en busca de una vida mejor y más libre. ¿No sería eso así como la gran ironía de la historia?

También el segundo prólogo, escrito por Manuel Caballero, menciona un término que tenía mucho tiempo sin escuchar: “pragmatismo clientelar”, en referencia a la política de aquél año en que se reedita el libro, es decir 1990. El clientelismo. ¿Qué es lo que significa eso? Ya hasta se me olvidó…

Teodoro nos dice, veinte años después de la primera edición, en referencia a la llamada ‘condición comunista’: ¿Algo especial? Sí, se trata de la condición de un extraño animal político. Un militante con virtudes de integridad, abnegación y disposición al sacrificio extremadamente bien cultivadas, pero, simultáneamente, casi robotizado en cuanto atañe a su partido y a la URSS”. P 16. ¿El guerrillero ejemplar del Che Guevara? Pero un momento, no es tan fácil la analogía, pues recordemos las diferencias de Guevara con Moscú. ¿Sería precisamente eso de lo que estábamos hablando antes? ¿De Venezuela libre del ‘internacionalismo’ soviético, libre de Kuominterns y por lo tanto libre de cumplir el verdadero sueño de Guevara?

Qué mal parados quedan intelectuales como Jean Paul Sartre y Alejo Carpentier. Ridículos. El francés diciendo: “Moralmente no se puede estar contra la URSS” y el cubano que quería ser francés diciendo: “Yo creo lo que dice Fidel. El nunca se equivoca”. Con intelectuales como esos qué se puede esperar de los simples mortales…

jueves, 25 de octubre de 2007

Leyendo a Ni Dios Ni Federación de Manuel Caballero. La primera parte fue interesante, debido a sus definiciones de lo político, de historia y de la historia de lo político. Pero los ensayos de la segunda parte, al menos los dos que llevo, son magistrales. Creo que los lineamientos de mi trabajo ya se están formando, a partir del capítulo llamado “De la ideología de Bolívar a la ideología bolivarista”. Es precisamente el meollo del tema. Manuel Caballero es excelente. Esto es precisamente lo que le critico a Carlos Rangel: se puede ser muy crítico e incluso ácido, pero no por ello caer en la agresividad, el aborrecer al otro… Caballero es una cátedra de sutil desenfado… Vuelvo y repito, ese capítulo es fundamental. ¿Por qué? Pues por lo de la virtud militar como figura tutelar de la República, algo que Bolívar decía en su discurso de Angostura. Esto conduce directamente a la moral del guerrillero revolucionario que preconizaba el Che… Ese es precisamente el punto de unión de las dos corrientes y en el cual se está basando el gobierno: de nuevo, el fundamento militarista, no hay pele…

Vital eso de distinguir la ideología de Simón Bolívar de la propuesta ideológica del Libertador: Simón Bolívar como el niño mantuano criado rodeado de privilegios y literatura francesa, muy distinto al Libertador, héroe marcial curtido por la guerra más sangrienta y larga de América. ¿Acaso no es lo mismo que Ernesto Guevara luego sublimado a Che?

martes, 23 de octubre de 2007

Mañana entregaremos la propuesta. Mi proyecto final va a tener como título “De Bolívar al ‘Che’ Guevara: Análisis del papel que juega el icono de la Revolución Cubana Ernesto Guevara de la Serna dentro de la re-editada mitología chavista". Había bosquejado la información ayer pero ya hoy no me convence tanto. Por ejemplo, lo de re-editada… Leyendo el libro El Bolívar de Marx, me encuentro con ciertas notas en las cuales se observa que el actual gobierno ha usado con anterioridad la identificación de Bolívar como héroe revolucionario insigne de la lucha de las clases oprimidas de América Latina. La verdad no sé porqué, creo que es por experiencias particulares, había olvidado esto. Lo cual es interesantísimo pues entonces significa que la mitología chavista sí ha sido concebida inicialmente como Panteón Nacional, Valhala Revolucionario donde Simón Bolívar y el ‘Che’ Guevara. Ahora, una cosa es que en la disparatada cabeza del barinés funcione y otra a que funcione dentro de la sociedad venezolana. Pero antes de soltar prejuicios y pesimismos, prefiero ahondar más.

Una cosa que me intrigó tras leer el ensayo de Inés Quintero (pues el de Vladimir Acosta, por supuesto es la cristalización del nuevo catecismo histórico chavista) es el de saber cómo ve el pueblo venezolano a Bolívar. Entre las dos figuras extremas, dictador y revolucionario, ¿cómo lo ven? Debe haber encuestas donde eso haya quedado reflejado. Interesantísimo pues a partir de ahí puede extrapolarse el éxito de la estrategia de mercado de Chávez. Sinceramente pensaba que el Bolívar dictador era la idea que había conducido a la victoria de Chávez. El gendarme necesario encarnado en el teniente coronel que vino a limpiar, a sanear, a purgar el sistema. Sorprendente que historiadores como Olavarría, intelectuales, políticos, hayan caído en esa trampa. Al menos, esa fue la percepción que tuve para ese momento, 1998. Hoy en realidad no estoy tan seguro. Tras revisar las metas políticas revolucionarias del MBR-200 pienso que hay algo extraño en todo. ¿Es Chávez el gendarme necesario disfrazado de guerrillero revolucionario o al revés o siempre ha sido un injerto de ambas? Es que vuelvo y repito, Chávez evoca todo eso y muchas otras cosas…

No sé si me estoy desviando mucho del Che… pero es que sinceramente yo no voy a ponerme a analizar textos del Che… Hojée los Apuntes críticos de Economía Política o algo así… Mira, ese libro es un absurdo… Abrí las páginas y vi párrafos inconexos cifrados, codificados, como si fueran los exiguos textos recuperados de algún filósofo presocrático… Yo una cosa así no la quiero leer… Llego hasta Guerra de Guerrillas donde al menos hay una idea… Y los diarios, me basta con JL Anderson.

lunes, 22 de octubre de 2007

Por supuesto que el libro no se dedica exclusivamente a hablar sobre la educación superior venezolana. Existen otras cosas con las cuales no estoy de acuerdo, sobre todo en los neuróticos capítulos 7 y 8 donde Rangel se dedica a destapar "verdades". Por ejemplo, está la destrucción sistemática de la figura de Salvador Allende. Sé que muchas cosas son verdad, pero... ¿No es un poco cruel con el hombre, vale? ¿Será que para mi generación los crímenes de Pinochet y las novelas de Isabel Allende han absuelto al presidente chileno? Otro punto es Rómulo Betancourt. La verdad es que antes de emitir cualquier opinión prefiero leer más, pues siendo mi bisabuela medinista, mi abuela perezjimenista y mi papá comunista (en su juventud), te imaginarás qué papel juega Rómulo dentro del árbol político familiar...

domingo, 21 de octubre de 2007

Hace unas 3 semanas que terminé de leer el libro Del Buen Salvaje... Algunos conceptos han sido madurados, ciertas frases que quedaron en mi mente y ahora resuenan fuertemente. Sin lugar a dudas, libros así no son aceptados a la primera lectura. Son libros difíciles y recalco la dureza de sus ideas. Pero por supuesto, no estamos leyendo por placer (aunque Borges nos diga que esa es la única finalidad que nuestra lectura debería tener) y para sentirme bien y mejor conmigo mismo y Latinoamérica bien pudiera leer el Canto General, seguir drogado con el polvo blanco de los mitos sociopolíticos y calmar mis insatisfacciones. Así que vamos a partir de algo: soy escéptico porque soy parte de esos mitos. Sencillamente oye, el capítulo de las universidades, por ejemplo, no sé a los demás pero a mí me duele, no voy a decir que profundamente, oye pero incomoda. Lo irónico es que si no fuera del todo verdad no incomodaría.

Pero oye, sentir que uno ha cumplido el viejo libreto que ya había sido escrito en los setenta y mucho antes, hace pensar mucho. Por supuesto que los títulos no son importantes y que no hay nada más cursi que un título enmarcado (pero, sinceramente, sabemos que lo que más deseo en este momento, último trimestre, es tener mi título, y cualquier estudiante sabrá que lo que se empieza hay que terminarlo). Menciono al viejo libreto porque muy probablemente después de graduarme, iré al exterior a seguir estudiando y sí, cultivaré las amistades que pueda, intentaré de manera modesta y sencilla conocer a gente a la cual me toparé más adelante en la vida... Personalmente considero que esta conducta no tiene nada negativo. Perjudiciales son otras cosas que no tienen porqué estar incluidas en el mismo análisis, como lo son el camaraderismo, el nepotismo, la mediocridad y otras cosas que Rangel mete en el mismo saco. Lo digo porque, a pesar de que acepte el hecho de que un título no significa nada, a pesar de que sé que el Estado invirtió en mí dinero que pudo haber gastado en darle de comer a un niño pobre, que como estudiante no siempre di el 100%, no voy a acarrear complejos de culpa y caminaré tranquilo el día de mi graduación a recibir mi título, del cual se sentirán muy orgullosos mis seres queridos. ¿Es eso ser inmoderno? ¿Qué hay acaso de las cofradías que existen en las universidades norteamericanas? Hay una novela de la autora inglesa Zadie Smith, On Beauty, que describe con suma ironía el mundo mezquino, agresivo y desprovisto de moral que se vive en las universidades de Nueva Inglaterra. También Tom Wolfe en I am Charlotte Simmons describe la vida de una universitaria común en los Estados Unidos que es un relato decadente, lleno de sexo, drogas y juegos de poder.

No vengo a moralizar sobre el asunto. Jóvenes habemos de todo tipo, de todas las personalidades, más en Caracas, y cualquiera de nosotros tendrá algún anécdota que pudiera escandalizar a ciertas sensibilidades. La crisis de las instituciones universitarias es la crisis de la juventud, una crisis que se ha venido fraguando desde hace mucho tiempo y es, sencillamente, la consecuencia de un mundo que cada vez se hace más rico, donde los jóvenes tienen más dinero y más libertad. Las instituciones universitarias son elitistas de por sí, pues toda sociedad desea la formación de una élite que la pueda formar. Lamentablemente Rangel no transmite bien su mensaje y no entiendo si deseaba denunciar la conducta del alumnado universitario venezolano o simplemente hacer un mea culpa y de algún modo establecer un coloquio del estilo "tranquilo, que yo entiendo cómo eres". Quisiera que Rangel hablase con algún padre de un universitario, esos padres que se matan día a día para poder darles a sus hijos la educación que tienen y decirle que la Ingeniería o Derecho u Odontología en la cual se está graduando su hijo son "pretextos para la prolongación de antiguos privilegios". Entiendo ahora que en cierta manera el libro sí envejeció mal: la democracia puntofijista sirvió entonces, para poder hacer que esos "privilegios" llegaran a mayores sectores de la población. Defiendo mi posición y la de muchos compañeros al decir que no estamos preservando ningunos privilegios, sino todo lo contrario: hemos conquistado privilegios que generaciones pasadas no tuvieron. De ahí que el retrato de la Universidad que Rangel hace, sea incorrecto, pues más allá de los errores que toda institución pueda tener, la educación es la única manera de ennoblecer a los hombres y, como cualquier madre diría: "mejor en un salón con un libro que en la calle con las drogas". Triste, pero es la realidad. Puede que las sociedades latinoamericanas aspiren muy bajo, pero eso es producto de la pobreza: pareciera contradictorio, y sé que cualquier sociólogo o estadístico me refutará, pero muchas veces la pobreza enseña a dejar de soñar y te convierte en el ser más pragmático.

No voy a extenderme más en la discusión de ese capítulo, pero así como éste hay muchos ejemplos en los cuales debo detenerme y mantener mi posición. Además, todos sabemos cómo terminó la vida de Rangel. Sé que es malo mezclar esas cosas con las ideas, oye pero ese recuerdo es como un fantasma que acosa las páginas del libro. Es como leer a Hemingway o a Virginia Woolf. La vida del autor se refleja en cada párrafo, así sea el más estéril tratado de psicología social.

No sé si he respondido las razones mi escepticismo. Pero podemos seguir discutiendo y creo que bien vale la pena la discusión. Como dije, he vivido durante mucho tiempo con los mitos que dice Rangel y hay veces en que no logro distinguir qué es mito y qué es realidad. La razón entrena a la percepción y la hace herramienta de sí misma. Por eso estamos aquí, leyendo, discutiendo, para expandir a la razón y mejorar la percepción. Además, la única experiencia universitaria que poseo me la ha brindado la Universidad Simón Bolívar, que para mal o para bien la considero uno de los pocos reductos de excelencia que conserva el país. Uno siente la diferencia en lo que sale de Sartenejas, es reconocible una barrera. No se puede culpar a la Universidad por los problemas de afuera, la Universidad cumple con formar a sus estudiantes. Qué papel jugarán los graduados puede ser otro punto de debate, y más allá de la filosofía de una universidad, existe la libertad individual de todo estudiante. Hay mucho por hacer y mucho qué cambiar, pero comprenderás mi punto de vista que la Universidad Venezolana sí brinda oportunidades y su gratuidad ha favorecido a muchas personas.

Tal vez a Rangel haya que concederle una victoria y es la siguiente. Si bien el libro fue escrito durante la Guerra Fría, cuando el comunismo soviético amenazaba con destruir las conquistas de la democracia occidental liberal, hoy en día lo leemos bajo una situación no menos angustiante y agresiva: la progresiva instauración de un régimen socialista autoritario en Venezuela. Del Buen Salvaje... puede ser leído como un gran tratado de la miseria humana que somos los latinoamericanos y, más allá de la depresión y el pesimismo que pueda haber acosado su autor, bien puede dársele el beneficio de la duda y aceptarlo como una postura fuerte y valiente ante la influencia de la izquierda soviética en la intelectualidad venezolana. Tal vez, mi lectura ha sido la equivocada, y el disgusto que siento ante leer las críticas de Rangel, es un disgusto infundado pues no se dirige a mí, sino a las personas que, creyendo ser "socialistas" y "revolucionarios" durante los años setenta, seguían practicando los viejos libretos de la sociedad latinoamericana y cuidaban sobre todas las cosas sus intereses personales. Tal vez, como lector ingenuo haya caído en la trampa (Umberto Eco dice que hay dos tipos de lectores: el que cae en la trampa del autor para luego darse cuenta de haber caído y aquél que reconoce de antemano la trampa y, sin embargo, decide caer en la trampa para seguir el autor... sin duda siempre seré de los del primer tipo) que Rangel le ha tendido al lector: el ataque a la izquierda insincera consigo misma.

Si es así, una vez más, cambio mi análisis y recuerdo al artículo de Emeterio Gómez el día de hoy en el diario El Universal, donde nos advierte que "[ahora] no es el momento de reforzar las ilusiones que Occidente nos ha inculcado!! y que condujeron finalmente a la utopía marxista y cheguevarista del hombre nuevo. Es más bien la época ¡de equilibrar! nuestra visión de lo humano, recalcando la miseria profunda que somos". Entonces el libro de Carlos Rangel sí es vigente y es correcto que nos moleste y que nos hiera, pues nos demuestra la "miseria profunda" de nuestras sociedades y nos aleja de las utopías bolivariano-socialistas que este gobierno quiere imponer a la fuerza a la mayoría de los venezolanos. Lo irónico del asunto es que, los defectos de los cuales hablaba Rangel hoy en día son recordados con nostalgia, ya que pertenecen al pasado puntofijista, cuando hoy en día todos esos defectos han sido exacerbados al límite y han aparecido nuevos otros. La institución universitaria puntofijista luce inmensa al ser comparada a Misión Robinson, Misión Ribas y no sé cuáles otras... Tal vez el capítulo de la Universidad deba ser escrito hoy, con los nuevos protagonistas y los nuevos villanos.

Sólo pido algo de respeto por aquellas personas que a no ser por la gratuidad de la Universidad pública venezolana jamás hubiesen recibido una educación superior, pues a veces en una sociedad tan miserable como la nuestra, un poco de educación es la gran diferencia entre la riqueza y el hambre, entre la sabiduría y la ignorancia. Sí defiendo a la excelencia, no como cualidad exclusiva de las universidades, sino como forma de vida de la sociedad, como única forma de reducir la mediocridad y garantizar la productividad. Y finalmente, la educación superior debe ser concebida no como un derecho sino como una oportunidad.

miércoles, 17 de octubre de 2007

La clase hoy con Colette fue una de las mejores. Abrimos con una serie de reflexiones en torno al ajetreado fin de semana guevarista. Colette vio, como psicólogo social, aspectos que tal vez los demás no pudimos captar igual o al menos no sintetizar de manera tan precisa. Y me refiero a Chávez utilizando a todos los escritos e ideas de Guevara para justificar su proceso: Guevara como el profeta, el Juan Bautista que anunció la inminente llegada del Mesías Revolucionario, quien no es otro sino el teniente coronel Hugo Chávez.

Es que Chávez es un jardín semiótico. El maestro del espectáculo. Mensajes enviados a ritmo vertiginoso, constantemente, aturdiendo al público. ¿Cómo olvidar a Chávez trazando meridianos inexistentes con ademanes pastorales, de espaldas a la cámara, mirando hacia la estatua del Che, con el cielo cubano a su esplendor?

Se menciona mucho a Neruda. También tengo muchos intereses en la poesía, lo que pasa es que detesto a Neruda, pero gente muy crítica reconoce que Canto General es un texto fundamental. Y eso que estuve a punto de comprarlo el lunes pasado, pero preferí a Las flores del mal de Baudelaire… una torpe edición en español, pero

que me sirve a corto plazo… más adelante voy con la original en francés.

Una de las cosas que más me gustaron de las que se mencionaron en clase –y de hecho me está llamando tanto la atención que puede ser que la convierta en mi trabajo final– es el embrollo en que está metido el gobierno al tratar de hacer convivir el Antiguo Testamento (Bolívar) con el Nuevo Testamento (Che). Un embrollo bizantino, que recuerda a las discusiones entre arrianos y neoplatónicos… ¿Tal vez sobrevenga un cisma? Es demasiado in

teresante. La inquietud que tengo es la vastedad del problema… debería enfocarme en un único aspecto, ya que Bolívar habló de muchas cosas y el Che de muchas otras también. Una comparación total del pensamiento de ambos y, de paso, analizarlos a través de la manipulación que le da Chávez es demasiado trabajo. Debo encontrar un aspecto que sea clave, un punto de quiebre por así decirlo entre el pensamiento bolivariano y el pensamiento guevarista para no aislarlo del resto pero sí profundizar en él y poder efectuar un proyecto final factible.

Inolvidable: la iconografía del Che. Ya en la clase pasada mostré la página central del diario La Hojilla donde podíamos ver a un Che con el pañuelito ese de Arafat, con el emblema “Palestina Libre”, graffitis del Che en Bolivia, Argentina, Corea del Sur, Estados Unidos, tatuado en el brazo de Maradona, en una fotografía enmarcada en cristal junto a Frida Kahlo, en fin… Hoy también vimos diseños gráficos modernos inspirados en la emblemática foto de Korda. La foto de Korda es perfectamente lo que definimos como icono. Su representación es esquemática: mirada hacia la izquierda, abundante cabellera despeinada, expresión seria, boina con estrella… hay muchas variaciones, pero el resultado es inconfundible. La foto del siglo, nada más y nada menos. Pero pareciera que es un cascarón vacío, al cual cada artista le otorga su significado y puede convertir en apología o burla. Es interesante, pues la foto en sí posee un valor estético: uno ve la foto y le impresiona. Pero también es impresionante que más allá de ese inicio, se ha ramificado todo un mercadeo de la figura.

martes, 16 de octubre de 2007

Anderson decía que, a través de las conversaciones que ha sostenido con lectores suyos de diversa índole, de alguna manera estos lectores recordaban con facilidad detalles en lugar de grandes exposiciones o líneas narrativas. Confieso que, como lector y como espectador (en el caso del cine) siempre tengo una mejor memoria o quizás incluso hasta una preferencia estética por los detalles magistrales, esos momentos mágicos donde un libro o una película te absorben por completo y que por siempre recordarás.

Así sucede con la vida del Che… Llevo casi de la mitad del libro y, pese a que en mi mente se está trabajando una idea de quién era Ernesto Guevara de la Serna, con todas sus complejidades, siento que es un trabajo intelectual ajeno al libro, quizás incluso no desprovisto de una relación afectiva hacia el personaje. Me ha costado trazar líneas y, sin embargo, me divierto con las analogías, los detalles, esas riquezas de las que Anderson parece ser prolijo para con sus lectores.

Un ejemplo emblemático consiste en los encuentros de Guevara con cachorros. Son dos momentos separados a través de cientos de páginas. Anderson no hace comparación alguna entre ellos, pero en mí han encajado como piezas de un juego de espejos que pudiera ayudar a comprender a Guevara.

El primer cachorro ocurre justo antes de su primer viaje en motocicleta. Es el bautizado por el argentino como Come back. Este cachorro lo llevaba el Che al salir de Buenos Aires rumbo a Miramar para dárselo a la Chichina, su amor adolescente. En la imaginación del Che, el cachorro era un ovejero alemán que se convertiría en un “símbolo de los lazos que exigían su regreso”. Chichina aceptó al cachorro, pero sabía que el perrito era un ordinario “cacri”, según diríamos en Venezuela. Además, Chichina no prometió que lo esperaría. El cachorro entonces no cumplió su objetivo. Fue un pequeño fracaso amoroso, un desengaño que más tarde comprobaría cuando Chichina termina con él a través de una carta que le llega a Bariloche. Ernesto siempre como el soñador, el individuo que ve en las cosas una grandeza que los demás ignoran y desprecian.

El segundo cachorro aparece en una de las travesías del Che y sus hombres en la Sierra Maestra, casi seis años después del anterior animal. Como siempre, los hombres iban en silencio, siguiendo a un cuerpo de soldados que iba delante de ellos. Descubrieron que un cachorro los iba siguiendo. El perrito empezó a aullar, trataron de callarlo, nada funcionaba. El Che ordenó su muerte. La orden fue ignorada. Todos permanecieron en silencio. La tropa hacía un círculo alrededor del cachorro y Félix, uno de los guerrilleros, caminó hacia el centro. Sacó una soga, la anudó al cuello del animal y lentamente lo estranguló. El Che relata con gravedad:

“Los cariñosos movimientos de su cola se volvieron convulsos de pronto, para ir poco a poco extinguiéndose al compás de un quejido muy fino que podía burlar el círculo atenazante de la garganta. No sé cuanto tiempo fue, pero a todos nos pareció muy largo el lapso pasado hasta el fin. El cachorro, tras un último movimiento nervioso, dejó de debatirse. Quedó allí, esmirriado, doblada su cabecita sobre las ramas del monte.”

La noche de ese día, se refugiaron en una aldea abandonada, donde cocinaron un cerdo y un poco de yuca. En la casa donde estaban había un perro que se les acercó mientras comían. Félix le arrojó un hueso, el cual el perro cogió. Félix le puso la mano en la cabeza y el perro lo miró. El Che cuenta que tanto él como Félix experimentaron “una conmoción imperceptible. Junto a todos, con su mirada mansa, picaresca con algo de reproche, aunque observábamos a través de otro perro, estaba el cachorro asesinado”.

Pudiera agregar “y los ojos de Come back”, pero sería colocar pensamientos en la mente del Che que nunca sabremos si los tuvo. Sin embargo, apartando la arbitrariedad con la que he seleccionado los trozos, podemos observar el cambio en las personas. El Ernesto de 1952 hace un gesto cursi para una enamorada, el cachorro es un símbolo de unión, existe toda una carga afectiva y sentimental en él. Llevar a un cachorro hasta Miramar había significado una molestia que bien podía ser llevada por el amor que le tenía a Chichina, a pesar de las protestas de Granados. El Ernesto de 1957 está en el monte, en guerra, su vida peligra y al parecer los cachorros ya no conquistan corazones. El cachorro es un estorbo para el bien mayor que es el triunfo. Todo militar aspira al triunfo. Además, está la supervivencia. El pragmatismo de Fidel ya inundaba el aura idealista del Che. También es curioso que al final, el Che sienta culpa. El sacrificio del cachorro es en parte una venganza del rechazo sufrido por parte de Chichina.

En ambos casos el cachorro es un mensaje. El primero es de amor, de pertenencia. El segundo es de severidad, de coraje. Qué curioso que el coraje de un hombre se demuestre con la muerte de un cachorro. No sé si en realidad todo esto existió en el momento, sin embargo la manera como es incluido en el libro de Anderson es inevitable que impresione al lector. La enumeración de muertes humanas es tan vasta que la muerte de un simple cachorrito es la que nos enternece. Eso dice mucho de mí como lector, de la sociedad contradictoriamente ingenua y violenta en la que vivimos. Ingenuidad y violencia. Tal vez estas dos palabras sirvan para describir una parte del Che. Una parte, no todo.

domingo, 14 de octubre de 2007

Tras cientos de falsos e-mails cadenas donde aparecían fotos certificadas de su cadáver, veo hoy al comandante Fidel en un video que transmitió Chávez en Aló Presidente. Su aspecto me recordó al pasaje literario cuando al Cid muerto lo amarran a su caballo y lo sacan al campo de batalla para animar a las tropas. Después me enteré por Reuters que es que le habían puesto no sé cuantos cojines debajo para hacerlo ver más derecho de lo que está… Igual que a Eva Perón al final de sus días… Sistemas políticos enteros dependiendo del look de un personaje. Y Chávez enseñándole cuadros y coplas suyas… Ya Chávez perdió la pena hace tiempo y está desempolvando cualquier pocillo de barro, muñeca de anime, manualidad del día de las Madres que haya hecho a lo largo de su vida y lo muestra a todo el mundo elogiando sus propias dotes artísticas: ¿no recuerda eso a Hitler y su complejo de pintor frustrado? Además, la patética escena de Chávez cantándole a Fidel mientras Fidel hacía esfuerzos sobrehumanos para respirar es de antología: parecía a Heidi cantándole al abuelito, era una cosa espantosamente cursi.



Y es que la ocasión no fue sino la mejor para montar todo ese espectáculo: Chávez hizo su programa desde el mausoleo del Che en Santa Clara, Cuba. Su programa fue básicamente una misa de muerto para el Che –y de réquiem para Fidel. Una cosa casi pagana, el despliegue del culto al Che… Un empeño en decir que permanece vivo, de que sigue vivo en las revoluciones del continente, una negación de la muerte completamente egipcia y que asusta, pues pareciera que la nueva constitución reformada haya sido forjada como una especie de Libro de los Muertos que al ser leída en voz alta pueda resucitar al Che… Demasiado para mi gusto. Debo confesar que hasta dudé de seguir en el curso… Y es que todos tenemos un límite… Creo que llegué al límite cuando me encontré en la ducha cantando el coro de la cancioncita esa que han repetido durante toda la semana, la de la nueva trova:

Aquí, se queda la clara,

la entrañable transparencia

de tu querida presencia,

comandante Che Guevara

Porque la canción es pegajosa y además la he escuchado en exceso. Se te pega más rápido que algún bodrio pop de Beyoncé. Tal vez la Universidad Simón Bolívar, a través de Colette, quiera instruir a los futuros profesionales en las artes oscuras de cómo sobrevivir en un estado Socialista. Las cuales se reducen a una catequesis de los himnos sagrados, el reconocimiento de los héroes fundadores, los santos próceres, los profetas marxistas, los patriarcas guerrilleros. Toda esa profusión de imaginario, iconografía y árboles genealógicos que formarán la esencia del Estado que se quiere imponer. Ni la Tierra Media de Tolkien son tan complicados y ricos como la utópica República Bolivariana inventada por Chávez. ¿Acaso Fidel no representa una suerte de Gandalf para los vástagos de la revolución?

Sin lugar a dudas he cambiado en esta semana. Antes quería hacer el viaje por América Latina, trabajar de voluntario en alguna parte de este continente, oye vivir, sentir la experiencia… ahora me da miedo terminar como barajita repetida en algún álbum revolucionario.

sábado, 13 de octubre de 2007

En Telesur hubo un programa donde estuvo invitado Calica, el amigo de infancia del Che. La moderadora la preguntaba por qué este año la conmemoración del aniversario de la sobrevida del Che –un neologismo inventado por ella para evitar a la incomodidad de la ineludible muerte– había tenido tanto revuelo a nivel mundial. Calica respondió con sinceridad y dijo que sencillamente el número cuarenta es un número entero, que llama la atención y vende los periódicos, así que los medios de comunicación se han volcado a sacar información para vender más. Claro que hay otras cosas no dichas. El dinero que ha gastado el gobierno venezolano en esta semana en homenajes, condecoraciones, cadenas, especiales, documentales, reportajes, estudios, publicaciones, ediciones, teatro de títeres, copas de futbolito “Che Guevara”, es exorbitante. Chávez se agarró la fecha para él. Y todos lo estamos viendo.


En el programa también se anunció la futura inauguración de un monumento al Che en Argentina, en Córdoba, el 14 de junio de 2008. El escultor encargado dijo que concebía al arte como su trinchera en la militancia social. No comment.

viernes, 12 de octubre de 2007


El proyecto de reforma constitucional redactado por el ejecutivo busca la transformación del Estado en un Estado Socialista. Estamos viendo una lenta eliminación de la República. Acabo de ver que acaban de incluir 25 artículos más en la propuesta, una cosa inaudita… Anulan el derecho de información durante estados de excepción… ¿Finalmente llegó la Revolución? Parece que sólo nos damos cuenta que hemos entrado en la Revolución cuando encontramos que todo está distinto. La verdad el país, objetivamente, es otro… Quizás mi opinión es imparcial porque todos estos cambios empezaron cuando tenía catorce años… Una edad demasiado temprana y por supuesto ahora todo me parece distinto… En realidad no porque todo sea distinto no significa que haya cambiado estrictamente. Hay cosas que habían permanecido ocultas por años y ahora han salido a la luz y otras que se han manipulado, desintegrado… Todos lo repiten: era inconcebible hace apenas 10 años tantos homenajes al Che, por todas partes… Uno no puede sino hacer referencia al pueblo cubano, adoctrinado y convencido de la suprema dignidad de su miseria. Lentamente caeremos en el foso del aislamiento. Dicen que nos estamos protegiendo de la futura recesión de la economía de los Estados Unidos… ¿Puede alguien creer que si Estados Unidos cae, por alguna antisimetría mágica, nosotros prevaleceremos?