miércoles, 10 de octubre de 2007


El encuentro con Jon Lee Anderson fue excelente. Pese a las torpes intervenciones de ciertos individuos que la verdad producen dudas en cuanto a la calidad de los nuevos periodistas en Venezuela, la sobriedad, sensatez y sencillez de JLA le supieron conferir un carácter íntimo y sincero al foro.

JLA es un periodista. Debemos empezar por allí. No es político, ni partidario de alguna inclinación ideológica (o al menos eso nos presenta al exterior, a los indiscretos lectores y oyentes). Quizás lo más revelador del encuentro fue su testimonio como periodista de guerra, el cual ayuda a colocar en contexto su trabajo biográfico con Ernesto Guevara de la Serna. JLA es un hombre que ha vivido en países en guerra y ha convivido con hombres que hacen la guerra. Entiende que la guerra es el caos y nunca se puede comprender del todo. Ha estado en países centros de conflicto, como Birmania, Iraq, Líbano, entre otros.

De allí el motivo de la biografía del Che: a través de la compañía con guerrilleros afganos, birmanos, saharahuis, notó que todos estos veneran a la figura del Che, lo estudian. Un mujahadin poseía una foto del Che en su billetera. En Beirut los soldados leían con voracidad el manual Guerra de Guerrillas. ¿Por qué? Porque el Che es el hombre máxime del ser guerrillero: tiene agallas, está dispuesto al sacrificio, vive en austeridad, asume una postura valiente ante la propia muerte y la de los demás, es severo y capaz de tomar decisiones duras y penosas. Recuerdo el escrito aparecido en La Hojilla donde se hallaban las características del comandante ideal según Sun Tzu en el Che. Más allá de la apología, se encuentra un fervor compartido y vivido por personas alrededor del mundo. Falso o no, el mito existe.

Una persona realiza la pregunta: durante los fusilamientos de la Cabaña, ¿jugó el Che a la crueldad o fue su labor simplemente la de hacer cumplir una sentencia muy a su pesar? Los fusilamientos sumarios después del triunfo de la revolución. Todavía no he llegado a esa porción de la historia, pero he escuchado los comentarios. JLA responde como un caballero:

La supuesta legitimidad de nuestros Estados Modernos está construida con la sangre derramada de mucha gente. La historia luego tiende a pulir los hechos. La Revolución Cubana fue una Guerra, y en la Guerra se fusila, ¿qué se espera? A los metropolitanos, personas urbanas, intelectuales, no nos gustan los fusilamientos, pero la realidad es así. Batista lo había hecho también, Batista había torturado y matado a guerrilleros seguidores de Fidel. Así que cuando los niños de la Revolución, pues los guerrilleros eran muy muy jóvenes, llegan al poder, la sociedad civil clamaba por sangre y los tribunales fueron a conclusión inevitable. Guevara Lynch confiesa que, al encontrarse con su hijo después del triunfo de la revolución, "no lo reconoce". El Che ha pasado por una Guerra, y en la guerra se mata: El Che es ahora un guerrero, El Che es ahora un asesino.

En su trabajo como periodista, JLA se ha encontrado a niños asesinos y reconoce que la mayoría de los guerreros en el mundo son niños, los cuales son usados porque aún no han adquirido una conciencia y le sirve a los grandes ejércitos para adueñarse de almas. Cuando quiere hablar con un soldado, llámese general, teniente o mercenario, la mejor manera de romper el hielo es al decir "YO SÉ QUE TIENES QUE MATAR" y, automáticamente se abre, pues EL SECRETO DE TODO MILITAR ES QUE MATA y en pecho se saca la heroicidad pero en la mente se lleva el recuerdo de la sangre. El Che también pasó por una etapa implacable, más que todo por autoexperimentación: forjarse como guerrero, dispuesto a todo, entrenarse en la supervivencia y cuyo único fin es la victoria. En cuanto a la crueldad, para JLA crueldad es torturar y el Che nunca lo hizo.

La gran sensatez de JLA se refleja cuando dice que, a partir de esa fascinación que le causaba el Che, empezó a hacer el trabajo de investigación sin ningún odio o amor hacia el personaje, y que tras 5 años de trabajo, al final del proyecto "quedé igual". Un poco cínico, pero muy cierto. A medida que avanzo leyendo el libro, me desapego más y más de cualquier idea sobre el Che. El Che era un hombre. Y como hombre, tuvo sus virtudes y defectos. Y punto.

No hay comentarios: