Es que Chávez es un jardín semiótico. El maestro del espectáculo. Mensajes enviados a ritmo vertiginoso, constantemente, aturdiendo al público. ¿Cómo olvidar a Chávez trazando meridianos inexistentes con ademanes pastorales, de espaldas a la cámara, mirando hacia la estatua del Che, con el cielo cubano a su esplendor?
Se menciona mucho a Neruda. También tengo muchos intereses en la poesía, lo que pasa es que detesto a Neruda, pero gente muy crítica reconoce que Canto General es un texto fundamental. Y eso que estuve a punto de comprarlo el lunes pasado, pero preferí a Las flores del mal de Baudelaire… una torpe edición en español, pero
que me sirve a corto plazo… más adelante voy con la original en francés.
Una de las cosas que más me gustaron de las que se mencionaron en clase –y de hecho me está llamando tanto la atención que puede ser que la convierta en mi trabajo final– es el embrollo en que está metido el gobierno al tratar de hacer convivir el Antiguo Testamento (Bolívar) con el Nuevo Testamento (Che). Un embrollo bizantino, que recuerda a las discusiones entre arrianos y neoplatónicos… ¿Tal vez sobrevenga un cisma? Es demasiado in
teresante. La inquietud que tengo es la vastedad del problema… debería enfocarme en un único aspecto, ya que Bolívar habló de muchas cosas y el Che de muchas otras también. Una comparación total del pensamiento de ambos y, de paso, analizarlos a través de la manipulación que le da Chávez es demasiado trabajo. Debo encontrar un aspecto que sea clave, un punto de quiebre por así decirlo entre el pensamiento bolivariano y el pensamiento guevarista para no aislarlo del resto pero sí profundizar en él y poder efectuar un proyecto final factible.
Inolvidable: la iconografía del Che. Ya en la clase pasada mostré la página central del diario La Hojilla donde podíamos ver a un Che con el pañuelito ese de Arafat, con el emblema “Palestina Libre”, graffitis del Che en Bolivia, Argentina, Corea del Sur, Estados Unidos, tatuado en el brazo de Maradona, en una fotografía enmarcada en cristal junto a Frida Kahlo, en fin… Hoy también vimos diseños gráficos modernos inspirados en la emblemática foto de Korda. La foto de Korda es perfectamente lo que definimos como icono. Su representación es esquemática: mirada hacia la izquierda, abundante cabellera despeinada, expresión seria, boina con estrella… hay muchas variaciones, pero el resultado es inconfundible. La foto del siglo, nada más y nada menos. Pero pareciera que es un cascarón vacío, al cual cada artista le otorga su significado y puede convertir en apología o burla. Es interesante, pues la foto en sí posee un valor estético: uno ve la foto y le impresiona. Pero también es impresionante que más allá de ese inicio, se ha ramificado todo un mercadeo de la figura.


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