domingo, 30 de septiembre de 2007
The Fog of War
The Fog of War es un documental dirigido por el famoso documentalista Errol Morris. El protagonista es Robert McNamara, ex-presidente de la Ford, ex-Secretario de Defensa de los Estados Unidos y ex-director del Banco Mundial. Un hombre que ha estado en los momentos cumbres de la historia del pasado siglo. El fragmento dedicado a la crisis de los misiles es un momento priceless. La lección número dos: "La Racionalidad no nos salvará" es de especial interés. Más adelante buscaré qué dijo el Che de este momento cumbre.
sábado, 29 de septiembre de 2007
Pero Rangel se equivoca (o más bien, suena más a escándalo que a ensayo) cada vez que se enardecen sus pasiones. Sus párrafos más vehementes son sin duda los más contundentes, mas cuando meditamos sobre ellos pensamos si de verdad ha sido una idea pensada o una ráfaga de ira. Rangel fue educado en Estados Unidos y Francia y sin lugar a dudas se movía en un círculo internacional. Sin embargo, en su reflexión sobre los Estados Unidos, si bien el relato completo es coherente y fiel a la verdad, viene cargado con una serie de sentimientos muy intensos. Primero, es que Rangel se defiende mediante el ataque. Creo que lo escribió pensando en que sus lectores estarían en contra de los Estados Unidos y que de alguna manera debía encararlos. Hoy, el capítulo se lee con menos pasiones y ciertos argumentos han perdido fuerza y se escuchan hasta infantiles (como la anécdota de la familia de su compañero de cuarto... una anécdota tan extraña en el contexto del libro que llama la atención y habla mucho más del escritor que de sus ideas). Es en el adjetivo que Rangel se nos vuelve oscuro y hostil.
En cierta medida acorrala al lector en un callejón sin salida: ser latinoamericano es poseer una cantidad de pecados originales casi infinita de los cuales al parecer jamás nos libraremos a pesar de cuantas libaciones (estudios en el extranjero, cultura, activismo político, religiosidad) nos hagamos. Pero no es tan fácil, pues renegar de Latinoamérica se convierte en una extravagancia frívola (inolvidable la referencia a las manos de marqués de Ruben Darío). La gravedad fundamental es que no hemos aprendido a ser occidentales, sino que hemos tomado las porciones más livianas de la civilización y con ellas hemos confeccionado disfraces de fieltro con los cuales salir a pasear por las plazas.
Recuerdo la frase de Heráclito de Éfeso: "A todos los hombres les es posible conocerse a sí mismo y ser sabios", el principio de la democracia ateniense. Democracia con esclavos, por supuesto. La sabiduría como potencia de todos, pero acto de pocos. ¿Quién puede decir "en este momento soy sabio" o "ese hombre que va allí, es sabio" sin caer en el orgullo, la vanidad o la adulación? Un maestro hinduista decía que todo hombre debía conquistar las riquezas materiales de la vida (trabajo, esposa, hijos, poder, tierras, salud y dinero) para luego renunciar a todas ellas y dedicarse a conquistar las riquezas espirituales (la filosofía). Más o menos como el ciudadano de Babilonia de Borges, que ha vivido todas las vivencias del hombre, la única manera de llegar a la sabiduría. Y... ¿para qué? El deseo de la potencia en ser transformada en acto. Debería leer más a Aristóteles.
¿Podrán los latinoamericanos llegar a ser sabios? ¿Conocernos a nosotros mismos?
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Siguiendo con el tema de la religiosidad: resulta increíble el testimonio de Carlos Rangel en 1976 referente al acercamiento, estratégico e hipócrita por supuesto, entre la Iglesia Católica y el comunismo. Valdría la pena estudiar cuán cercanos estuvieron en realidad, para que Carlos Rangel emita juicios que parecen tan anacrónicos hoy en día, a la luz del papel que Juan Pablo II jugó en el juego de poderes de La Guerra Fría.
Sin embargo, las semejanzas ideológicas, aun cuando parezca sofisma, son demasiado atrayentes. He aquí un párrafo de Rangel, sobre el hombre nuevo:
“El hombre nuevo, en Cuba, China, Viet Nam, etc., no posee prácticamente nada, pero sería dueño de sí mismo, no está alienado por neveras, aspiradoras o televisores, y mucho menos por programas de radio o televisión que, junto con anuncios para estas y mil otras cosas, difundan información u opiniones, distintas a lo que el hombre nuevo debe conocer y pensar. Toda su satisfacción en la vida, le vendría de saber que el sacrificio de sus aspiraciones como individuo es el precio de la justicia, del triunfo del bien sobre el mal, de la salvación” (p. 225)
Comparar con este texto que aparece en la página 27 del Tratado de Economía Moderna de Maza Zavala sobre el rol de la Iglesia Católica en el modelo económico feudalista medieval:

“El hombre de la Edad Media estaba forzado a vivir del producto que arrancaba con sus esfuerzos de la tierra, A esta realidad sólo había que añadir que Dios le había dado la tierra para hacerle posible vivir hasta lograr la salvación eterna; la vida terrenal era una etapa transitoria. El fin de la actividad económica no era la riqueza, sino la subsistencia hasta que llegara el momento de pasar de la vida mortal a la vida eterna: de la ciudad terrenal a la ciudad de Dios (…) Tratar de hacer fortuna era un pecado, no importa cual fuere el medio de lograrlo”
Entonces la alienación y todas esas patrañas comunistas tienen una raíz tan profunda como la Iglesia feudal!!! Y quién sabe cuán más atrás. En realidad son sólo subterfugios ideológicos para poder justificar la pobreza. Sencillamente.
martes, 25 de septiembre de 2007
Encuentro revelador el capítulo referente a la Iglesia Católica en Del Buen Salvaje… El proceso de evangelización como continuación de una avanzada de contrarreforma que separó a España del resto del continente. La Iglesia Católica sin lugar a dudas constituyó “el cerebro y el espinazo de la sociedad latinoamericana”.
Hay frases terribles, escandalosas: “la participación primordial y ductora de la Iglesia en la creación y mantenimiento de una sociedad tarada” (p. 200) o más adelante: “La actitud de los jesuitas hacia los indígenas era la de adultos encargados de la guarda y custodia de menores permanentes, de niños de quienes no se suponía ni esperaba que llegarían nunca a la edad adulta, a la razón y a la madurez. Los ‘neófitos’ (como se les llamaba) no recibían ningún estímulo hacia la responsabilidad, sólo hacia la obediencia. ¿No es ésta la realización, tan perfecta como será jamás posible, de una especie de ‘ciudad de Dios’ en la tierra, o República platónica?” (p. 215).
En contraste con el catolicismo, la Iglesia Protestante aparece como fundadora de los cimientos religioso-cívicos de la democracia en los Estados Unidos. Los puritanos del Mayflower venían al Nuevo Mundo a ser granjeros libres y a ejercer libremente su culto, diferenciándose de los principios monárquicos de la Iglesia Católica y de los autoritarios de la Iglesia Anglicana. La moral protestante también sobresale como mucho más ‘cristiana’ que la moral católica. Leemos en la página 204:
“Con todas las imperfecciones, claudicaciones, complicidades, y todo otro género de bajezas y comportamientos inmorales, llegando a lo delictivo, que se pueden señalar como corrientes y con frecuencia impunes en los EE.UU., esa impunidad es menos probable allí que en ninguna otra parte (salvo tal vez Gran Bretaña y los países escandinavos, también protestantes); y que la sociedad norteamericana es obviamente mucho más capaz que la sociedad latinoamericana de hacer potencialmente o actualmente costosos para los transgresores, aquellos comportamientos mediante los cuales dichos transgresores demuestran no ser lo que aparentan.
Esto es lo crucial. La sociedad latinoamericana (católica) se satisface fácilmente con las apariencias (apariencia de buena conducta, apariencia de responsabilidad familiar y paterna, apariencia de talento, apariencia de probidad, apariencia de erudición, apariencia de patriotismo, apariencia de radicalismo revolucionario, apariencia de heterosexualidad, apariencia de religiosidad). A la vez, la sociedad latinoamericana ha sido muy estrecha en cuanto al abanico de comportamientos ostensibles admitidos, y de hecho es por influencia norteamericana que los latinoamericanos nos hemos hecho, recientemente, un poco más tolerantes de comportamientos heterodoxos.
Por contraste, la sociedad norteamericana (protestante) aparece en la práctica muchísimo más exigente de cumplimiento, en la práctica, de lo que cada cual pretende ser. Y es, por cierto, en esa exigencia, que es razonablemente efectiva, donde reside en gran parte la confiabilidad y la productividad de una proporción de la población norteamericana suficientemente importante como para ser determinante, sobre todo entre los grupos que colonizaros las regiones protagonistas de lo esencial del liderazgo y del dinamismo norteamericanos.”
Cada párrafo es como una espina que se te entierra en la carne. Hay un dicho llanero que dice: “la mejor palabra no se dice”. En Venezuela todos nos guiamos por ese dicho. Las verdades jamás se dicen. Hay otro dicho que sale al rescate: “el que tiene rabo de paja que no se acerque a la candela”: quien empiece a sacar verdades saldrá peor que el acusado. “Cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo”. La cultura del sapeo.
Tuve la oportunidad de vivir en un país escandinavo que tiene muchos defectos y fallas, pero, en general, es una sociedad que vive de acuerdo a una serie de valores innegociables que favorecen la verdadera calidad de vida de las personas. Muchos de ellos son la honestidad, la paz, la prudencia, el respeto. Extraño el respeto, sobre todo.
La cuestión es que las características de una sociedad, las más abyectas y deleznables, duelen a todo el que forma parte de esa sociedad, pues proyectamos esas fallas en nosotros mismos y las reconocemos con horror. Una parte de nosotros se niega a aceptarlas, porque afirmarlas sería casi como ofender a personas cercanas, queridas, en las cuales uno observa casi con tristeza tales fallas. ¿Cuándo llegará el día en que en lugar de ofendernos podamos decir con valor “disculpe” y corrijamos el error?
lunes, 24 de septiembre de 2007
Dicen que los soñadores son invenciones de la era romántica, de una sensibilidad particular nacida después de la Revolución Francesa y templada con la música de Beethoven y las noticias de las campañas napoleónicas. El hombre ensimismado, silencioso, que establece un contacto misterioso e íntimo con la naturaleza, con Dios, con los hombres. Un contacto que no requiere palabras esencialmente, sino que se basa en una comunión espiritual, mística, ejercida a través de la contemplación, la reflexión y el aislamiento. Cuando estos tres factores se unen, aparece lo sublime, como experiencia última del ser humano. Descubrir la belleza -o el horror- puros, absolutos, que están escondidos en las siluetas de las cordilleras, las aristas de las piedras, las cadencias del andar de un caballo. Recordamos los versos arrebatados de Goethe, la soledad de las pinturas de Caspar David Friedrich, la frivolidad científica del terror gótico.

Por otra parte, todo héroe romántico está en crisis consigo mismo. Posee un miedo a los localismos, a la pequeñez, a lo temporal. Desea forjar un destino universal, inmenso y eterno. De allí que el viaje como mecanismo de alcanzar un estado de madurez espiritual y personal. Es un peregrinaje, una cruzada, el camino a Jerusalén. Los viajeros de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX -recordemos a Humboldt, la vida aventurera de Lord Byron, o al propio Bolívar-en cierta medida agregaron un componente idealista a la carga religiosa y mística que poseía el viaje durante el Medioevo. Ernesto Guevara de La Serna, 'el Che', participa de esta tradición y se convierte en el primer viajero sudamericano por Sudamérica -Humboldt recorre casi los mismos sitios, pero su visión es la de un barón alemán; los verdaderos viajes de Bolívar fueron hechos en Europa, su posterior recorrido por América fue una campaña bélica- (aún así, debo revisar esta aseveración, que resulta en cierto modo temible). Incluso, el Che sirve de inspiración al personaje actual del mochilero, joven que se lanza a recorrer el mundo -que sin las ventajas de la globalización jamás habría podido salir siquiera de su ciudad.

La película Diarios de Motocicleta es la reconstrucción de este viaje. Las prístinas cumbres de los Andes argentinos, la ferocidad atroz del Atacama, los vertiginosos valles y desfiladeros del Perú, la insondable selva Amazónica... son todos elementos de los cuales vemos una triple carga simbólica: primero, el desierto en el cual estuvo el Che, descrito en sus diarios, donde vivió "la noche más fría" de su vida y sin embargo se sintió más cerca de los hombres; luego está el desierto como escenario de los hechos narrados en la película, donde Gael García Bernal de hecho camina mientras es filmado y revive las emociones del Che; y finalmente, el desierto que nos llega a nosotros, espectadores, cargado de capas semióticas a las que añadimos las de nosotros mismos. Es por ello que, si aceptamos a la película como narración y aceptamos el trato con el narrador (¿quién es el narrador de una película? ¿el director? ¿los actores? ¿el DVD que nos la muestra?), podemos experimentar cierta parte de lo sublime al ver la película. Podemos imaginarnos que, en efecto, el Che cambió en el viaje. Podemos emocionarnos al verlo cruzar el río. Podemos enfurecernos ante las injusticias de la América Latina.
Pero, ¿son todos esos sentimientos reales? La sublimidad de la montaña, ¿está en la montaña o en nuestras mentes? Sé que estoy entrando en terreno semiótico, del cual no soy digno, pero me llama muchísimo la atención el funcionamiento de la película. Y, por supuesto, más allá, el funcionamiento del testimonio narrativo de la vida del Che. Más que el propio hombre, más que el propio Che, nos queda es el testimonio. Sus restos (no sé si enterrados en Bolivia, pero aquellos que fueron mostrados como un Jesús crucificado ante las multitudes) rinden cuenta del destino final del hombre: la muerte. Su biografía estricta habla de una frustración, incluso de una manipulación. Son sus memorias las que refieren a un ideal, a un heroísmo. Y la película, aunque hace atisbos tímidos a las otras lecturas del Che, es básicamente la vida memoriada, imaginada del Che -y por el Che, lo cual es aún más maravilloso.
Cuando el Che cruza el río a nado, las relaciones entre naturaleza, sociedad y héroe, tal y como son concebidas por el Che (por supuesto, esto es un constructo, pues el verdadero hombre se ha perdido en las construcciones de su imaginación, en la imaginación de quien las relee en la película y en la imaginación de quienes menos pasiva que activamente la vemos). La observación de que el río divide a sanos y a enfermos -aunque sea obvia- adquiere rasgos sublimes para el Che. El río viene a ser una metáfora entre vida y muerte, salvación y condena, riqueza y miseria, sabiduría e ignorancia. Ahondando en la metáfora, la imagen del río resulta incluso más polémica de lo que puede parecer: la barrera no es artificial, no es un muro construido por los hombres, sino una separación hecha por la naturaleza. Pareciera que el río ha estado allí desde el principio de los tiempos, dejando a los desafortunados del otro lado. El río es la brecha entre las sociedades, la desigualdad. El hospital de leprosos es en cierto modo un microcosmos, un espejo del mundo, el parque de juegos donde el Che practica y ensaya su idealismo. El Che vence al asma y al ímpetu del río, a las normas rígidas de ese microcosmos, a la lógica, al miedo.
Quizás exista en psicología algo que explique a un acto como el que hizo el Che. El cruce a nado no curó enfermo alguno, ni unió a las colonias, ni cambió el forma alguna el orden del cosmos. Un acto meramente demostrativo. Discutía con algunas personas el significado del cruce más allá de la metáfora, sino como acto político. Me señalaban que en medio de la selva amazónica no había persona alguna, salvo un puñado de leprosos y monjas, que observara aquél acto descabellado y magnánimo. La acción no había sido hecha para encantar o cautivar a las masas, si se compara con los gestos altruistas y falsos que vemos en las campañas políticas -candidatos besando viejitas y cargando niños. Su destinatario habían sido únicamente las personas al otro lado del río: les hizo sentirse importantes, que alguien quería estar con ellos. Señalé que precisamente los candidatos besan viejitas y cargan niños por ello mismo: para hacer sentir importante a la viejita y a la madre del niño. No importa quien los vea, son dos votos más. La falsedad de los hombres no es consciente, sino que se usa a la razón para conferirle grandeza. La discusión se enardeció pues también agregué que el hecho es sencillamente una película y las películas son hiperrealidades, más intensas que lo vivido.
Hay un consenso al parecer general en decir que el Che era un alma justa y buena. No es que esté interesado en destruir tal imagen, ni que sea incapaz de creer en la bondad de los hombres. Prefiero las interpretaciones literarias que las morales. Y, sin embargo, toda interpretación es el ejercicio de cierta moralidad (¿no es acaso la estética, al fin y al cabo, una ética del estilo?).
sábado, 22 de septiembre de 2007
22.09.07

Continúa mi lectura de Del Buen Salvaje... Por supuesto, las sorpresas ante verdades conocidas pero jamás elucidadas así. Parece increíble que fue escrito hace más de 30 años. En efecto, fue publicado al mismo tiempo que Las venas abiertas... Sin ni siquiera haber abierto la primera página de este último, me atrevería a decir que sin lugar a dudas el volumen de Rangel ha envejecido mucho mejor. Debo reconocer que muchos de los mitos denunciados en Del Buen Salvaje... perduran en mí. Hay toda una plataforma educativa, sociocultural e interpersonal que me los han impuesto, o mejor dicho, transmitido. Pues pienso que los mitos no son imposiciones, sino es el aprendizaje más cómodo y fácil que puede haber. Un Dios que sale de día y se esconde de noche requiere muchos menos análisis que una bola de plasma incandescente en torno a la cual giramos por una fuerza misteriosa e inalámbrica. Los mitos existen no sólo por su utilidad, sino también porque están inmersos dentro de una esfera de conocimiento. Precisamente, los mitos son derribados únicamente cuando la verdad es tan evidente que no hay manera de no reconocerla. Pero hay algo en mí todavía que se resiste... no, resistencia no es la palabra. Quizás es incomodidad. Es la ansiedad tremenda que provoca la verdad puesta delante de tus ojos. ¿Es similar este sentimiento a la voraussetzungslöslichkeit que preconizaba Heidegger como el comienzo de la actividad filosófica? Ya he tenido mis v... moments en el pasado. Pero nunca leyendo sociología.
El Capítulo IV, "Ariel y Calibán" es duro. Y es que destrozar al Ariel de Rodó y a la raza cósmica de Vasconcelos, es algo casi cruel, sádico. Casi escucho en boca de Rangel las palabras de Flaubert en referencia a su Sallambô: "Seamos feroces, derramemos aguardiente sobre este siglo de agua azucarada". Parece mentira, pero en estos tiempos en los cuales la izquierda ha sido tan prostituida, es la derecha quien ofrece los argumentos más incendiarios. Argumentos de hace tres décadas que siguen siendo explosivos. Sencillamente increíble.
Luego, en el siguiente capítulo, llamado "Latinoamérica y el Marxismo", nos situamos en el contexto de finales del siglo XIX donde el capitalismo en lugar de entrar en crisis parecía estabilizarse y los obreros europeos mejoraban sus condiciones salariales. Allí podemos leer:
"...en la relación imperialista se encontraba la clave de la inesperada fortaleza del sistema capitalista en los países avanzados, junto con el descenso en la combatividad del proletariado industrial de esos países; y al sugerir a la vez, con toda claridad, que a partir de ese supuesto, el principal escenario de la lucha contra el sistema capitalista y por la revolución mundial debería desarrollarse no en las metrópolis, como habían supuesto Marx y Engels, sino en los países coloniales y dependientes, en la periferia".
Es decir en el Tercer Mundo, expresión acuñada en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Pero este Tercer Mundo NO era de ninguna manera Latinoamérica, la cual nunca fue estudiada por Marx ni por Engels. Estas ideas se referían sobre todo a Ásia y África, todavía sometidas a la dependencia colonialista. Como advierte Rangel, por decisiones demagogas y antinaturales, ciertos países de América Latina (nosotros por supuesto entre ellos) nos hemos declarado Tercer Mundo, lo cual supone una cierta carga de intereses y metas completamente distintas a las que un país avanzado heredero de la cultura occidental debería tener. Por ello Haya de la Torre sostenía que en América Latina el Imperialismo representa no el último, sino el primer estadio del capitalismo. Fue el Imperio Español quien comenzó a instalar una estructura económica por demandas de la metrópoli.
En un escenario rígido donde todas las órdenes a los Partidos Comunistas eran emitidas desde Moscú, y la URSS y China en lugar de estados comunistas hermanos se erguían por separado para constituirse en potencias rivales, Fidel Castro, "un terrorista individualista y pequeño-burgués", irrumpe en 1958. Cito:
"La aparición de Cuba revolucionaria fue doblemente importante: aportaba evidencia sobre la fuerza histórica del leninismo, como ya queda dicho; pero además y sobre todo daba oxígeno a la esperanza de que alguna vez, en alguna parte, un régimen comunista pudiera no ser inhumano."
Fue en esa revolución que surgió el Che y sus ideales de guerrilleros virtuosos, ascetas y puros que serían la verdadera vanguardia del proletariado. Rangel nos dice que el Che no inventó nada, que sus ideas del hombre nuevo, trabajo voluntario, etc. vienen de Marx, Engels, Fourier, Kautsky (y otros más que primera vez que escucho). Sin embargo... ¿fue el Che entonces el primero en llevarlas a cabo?
En mi casa la película Diarios de motocicleta fue la sensación. Tuve que volverla a ver. El Che todavía despierta fascinación en todos. Volví a escuchar el discurso en el cumpleaños y no dejé de sentir admiración. Pensé en los que estaban presentes allí, monjas, enfermeras, doctores, quienes años más tarde verían al joven Ernesto llenar las portadas de las revistas y periódicos de todo el mundo. Dirían con emoción "¡Pero si es el Fuser, Ernestico!", un leproso contaría cómo había estrechado manos con ese revolucionario sin guantes de por medio. La película se construye en efecto como una evolución del personaje. Desde un comienzo muy tímido e inseguro hasta una apoteosis de Patria, Muerte o Socialismo. Incluso si el Che no hubiese hecho más nada en vida, con esa pequeña porción mostrada en esos Diarios, pensaríamos cuán grande fue ese hombre.
Grandeza. Aunque moleste a muchos, debo usar esos calificativos. Hay algo heroico en el Che, cuyo fracaso ideológico e histórico no lo niega ni oculta, sino más bien lo dramatiza y convierte en tragedia poética.
21.09.07

Acabo de ver Diarios de motocicleta del director Walter Salles. ¿Quién era el Che, en realidad? Lo vemos al principio rodeado de una familia amorosa, convencional, que lo despiden preocupados al momento de partir a un viaje que nadie sabe por qué lo quiere hacer. La película muestra que la idea del viaje es original de Granados, y que él convence al Che de acompañarle. Sin desearlo, sin quererlo, el Che surge transformado del viaje, un renacimiento, un reencuentro con la humanidad. ¿Podemos asegurar que el cambio de la personalidad del Che fue un salto dialéctico provocado por la injusticia y miseria humanas imperante en la América Latina? Desde luego que no. El Che sabía lo que quería ver. Su lectura de los pueblos oprimidos, si bien no es inválida, es producto de su extrema sensibilidad. El Che quería ser cambiado y lo consiguió.
El cruce a nado del río Amazonas está cargado de simbolismos. Gilgamesh, Moisés, Jesús curando a los leprosos… hay toda una carga épica, mítica, religiosa. Lepra, ¡por Dios! no pudo escoger otra enfermedad menos bíblica. El Che es Jesucristo, Madre Teresa y José Gregorio Hernández juntos, todos metidos en el paquete de un joven lleno de vitalidad y energía. La juventud como reformadora. Uno siente hasta vacuidad al compararse con la personalidad vibrante y explosiva del Che. ¿Ejemplo de juventudes? Ideal, más bien. ¿Dónde nace la idea que la juventud debe ser así, infatigable y con deseos de cambiarlo todo? Entusiasma, por supuesto, mas sólo hasta cierto punto. Demasiada ambición mesiánica. El cruce a nado como puente humano tendido entre dos mitades irreconciliables por las diferencias: sanos/enfermos, incluidos/excluidos, ricos/pobres, hispano/quechua, capataz/peón, terrateniente/campesino, médico/muerte. Un mundo dicotómico. Fácil de entender, de digerir y de identificar. Si antes la Cruz venía a romper la rueda del eterno retorno, ahora llega el Che y su revolución. Con razón Fidel lo sacudió del gobierno. El poder no es controlado por la metafísica.
Por otra parte, América Latina constituye otro personaje dentro de la película. La vemos alta y majestuosa, cubierta de nieves, surcada por desiertos, herida por las minas, guardiana de las ruinas incas, contaminada por las urbes imperiales, selvática, mancillada, tenaz. Todo un juego de la Tierra y su Gente. La Tierra es lo mismo que el Pueblo. Las tierras son de los indios, se dice en la película. Los indios como dueños originales de la Tierra. Una lógica que explica por qué cuando buscamos asiento, sencillamente la silla es de quien llegue primero. La tierra es de quien llegue primero. ¿Controlaban los campesinos incas su Tierra? ¿Qué hay de los mochicas, los nazcas y todo ese mar de pueblos vasallos de los incas? ¿Qué hay de sus tierras? ¿Quién las robó? No niego que ha habido injusticias. Las venas abiertas de América Latina de Galeano puede que explique algo (por supuesto, es necesario leer con suma cautela). Pero también los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de La Vega.
jueves, 20 de septiembre de 2007
20.09.07
Leo Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario de Carlos Rangel. Es uno de esos libros en los cuales la figura literaria “abrir los ojos” parece insuperable a la hora de describir las emociones que despierta intensamente en el lector. Estaba familiarizado con algo de la historia latinoamericana y no me pierdo ante la multitud de hechos y nombres que son conectados por Rangel, mas hay una interpretación enteramente novedosa. Lo cual es triste, porque si yo, lector del año dos mil siete, todavía me maravillo de las cosas expuestas en este libro, significa que los mitos y mentiras denunciados en él todavía son parte íntegra del imaginario histórico que conforma nuestra identidad como venezolanos y latinoamericanos. Claro está que de alguna manera, no hay nada nuevo. Rangel no descubre nada. En realidad todo lo sabía. Sólo que hay un esclarecimiento, un razonamiento desapasionado sobre los hechos. Es como si todas las piezas hubiesen estado delante de mí hace mucho tiempo y ahora son conectadas.
Me sucede mucho últimamente. Por ejemplo, Cristóbal Colón. En el ensayo “The Power of Falsehood”, incluido en el volumen On Literature, Umberto Eco se hace la siguiente pregunta: ¿Qué trataba de demostrar Cristóbal Colón cuando quería llegar al Este navegando hacia el Oeste y qué negaban los obstinados sabios de Salamanca para disuadirle? Mi respuesta automática, pavloviana, (como la de muchos) había sido que Colón pensaba que la Tierra era redonda, mientras que los monjes de Salamanca, así como toda la Iglesia Católica, pensaban que la Tierra era plana y que las carabelas, si navegaban muy lejos, llegarían al fin del mundo y caerían al abismo ¡Falso! Desde la antigüedad, griegos y egipcios sabían que la Tierra era redonda… Recordé con vergüenza que, en efecto, Eratóstenes había calculado el diámetro de la esfera terrestre con un error de unos cuantos estadios (medida de longitud usada en aquél entonces). La escuela aristotélica y ptolemaica sobre la cual estaba basada la ciencia medieval sabía esto. El mito de una Iglesia convencida en la flatness de la Tierra, sostiene Eco, fue creado por los positivistas ingleses de una era postdarwiniana en la cual se quería probar que, si la Iglesia erró antes al juzgar la forma del planeta, tal vez lo estaba haciendo de nuevo cuando rechazaba la teoría de evolución de las especies.
En conclusión, tal y como decía Jean-François Revel: “La mentira es la primera de las fuerzas que gobiernan al mundo”. De ahora en adelante, extrema cautela con las fuentes de las cuales extraigo la información.
A través de este ejemplo, suerte de primera mentira descubierta, puedo empezar a reflexionar sobre los mitos derribados por Carlos Rangel en Del Buen Salvaje…
Latinoamérica en realidad puede dividirse claramente en la América Española, que estuvo dominada por el Imperio Español, y el Brasil, dominado por Portugal. Una distinción clara debido a las diferentes características entre los imperios dominantes. Además, Brasil llegó a ser capital del Imperio durante un tiempo.
El Nuevo Mundo viene a ser depositario de todos los mitos europeos. Entre ellos el mito del Buen Salvaje: el aborigen impoluto, virgen, casto, viviendo en el jardín del Edén (la América), sin conocer la maldad, la guerra, la codicia ni la vanidad, fue corrompido por la Civilización Europea (los conquistadores) quienes impusieron sus normas sociales artificiales, decadentes, opresoras y lo extrajeron de su estado de gloria primigenia. La continuación natural de este mito consiste en el Buen Revolucionario: no hay ser mejor predestinado para llevar a cabo la Revolución que el mismo Buen Salvaje Americano, cuyo núcleo existencial nunca fue afectado por las imposiciones europeas y todavía conserva el candor adánico capaz de renovación y purificación de las estructuras sociales. Estas ideas me hacen pensar en Robinson Crusoe, en el “te llamaré Viernes”, el discurso de Coetzee ante la Academia Sueca, colonialismo, muchas cosas. Debo revisar también, en los discursos del Che, la idea de EL HOMBRE NUEVO.
La imagen de Bolívar es una imagen mucho más compleja, llena de matices claroscuros. En realidad son pensamientos muy coherentes entre sí, obedeciendo a las circunstancias al momento que fueron enunciados, claro está. El detalle consiste en que existen fragmentos que jamás son citados, por no corresponder al mito de padre fundador celestial al cual estamos acostumbrados.
Quisiera leer también El laberinto de la Soledad de Octavio Paz, tan citado por Rangel. Ya tengo en mi poder a la entrevista que le hizo Ramonet a Fidel. Demasiadas páginas.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
19.09.07
De ahora en adelante este será mi diario. Lo inicio con motivo de una materia que estoy cursando en la Universidad Simón Bolívar, título “El Che Guevara, Ídolo Pop: Bibliografía e Imaginación Política” dictada por Colette Capriles. El porqué un diario como herramienta para trazar el hilo conductor de la materia todavía me es confuso. Quizás Colette conserve un gusto íntimo, estético por los diarios y los confesionarios después del éxito de su libro La Revolución como espectáculo. Sin lugar a dudas hay algo de catarsis en todo diario. En vano trataré de reflexionar los hechos con la asepsia del análisis crítico y objetivo. Por eso empecé llamándolo mi diario, pues no es ni del Che, ni de los integrantes del curso, ni de algún narrador omnisciente. Me pregunto si al final, cuando el proyecto final esté listo, el aquí presente diario no tenga otra función sino la de revelar el verdadero significado de los impersonales planteamientos y conclusiones que se hacen en todo trabajo final de un General. Mis opiniones quedarán desnudas y mis juicios serán considerados como incompletos, sesgados, apresurados y abiertos. Vale la pena el riesgo.
Hoy, el Che que tenía en mi mente, sureño, soñador, engañado, kordiano, ya ha cambiado. En clase se han tocado muy por encima las distintas maneras por las cuales podemos abordar la figura del Che. Fundamental es, por supuesto, su aspecto biográfico. Buscaré la biografía escrita por J. L. Anderson, de la cual he escuchado intriga que posee un “olor a incienso y velones”. Lo cual nos lleva al aspecto religioso, algo que nunca habría asociado al Che. Y es cierto que el ideal de joven adinerado (clase media) que renuncia a todo (su carrera de medicina) y se dedica a salvar al hombre (nuevo) es algo que nos invita a recordar a San Francisco de Asís, a ese ideal cristiano de negación del yo y entrega total a un ideal. El aspecto icónico, pop, justin-timberlakense del Che, que lo ha convertido en artículo de consumo, serigrafía de franela más reproducida en todo el mundo, chapa decorativa, graffiti stencil, foto del siglo XX, etc. será otro pilar fundamental del curso. Por supuesto, el uso que el gobierno venezolano le ha dado al Che será también tema álgido.
El hecho de que el Che haya sido también un ferviente escritor de diarios le confiere un tono irónico, mordaz a este diario. Así como el Che escribía para darle estructura a su vida, este diario servirá para darle estructura a nuestros pensamientos sobre el Che. Produce un poco de vértigo esta afirmación, al más puro estilo de las mise en abîme que tanto gustan en la narratología.
Hay que releer al Che más allá del aspecto político. Y cuando se le ve desde el punto de vista cultural, hay que detenerse y observarlo no sólo desde la perspectiva latinoamericana sino también desde otras esquinas del mundo.
Interesante me parece la entrevista de Ramonet, trataré de conseguirla.




