jueves, 1 de noviembre de 2007


De cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades. En clase nos referíamos acerca de las necesidades. Termino aquí de completar la idea. Básicamente esa sentencia nos indica que en el socialismo el Estado surge como única entidad capaz de resolver el problema económico de cómo producir (al escoger selectivamente los recursos) y de la distribución de los productos. La distribución se haría en base a las necesidades de cada quién. Por supuesto, ya está claro que el gran problema de esto consiste en definir cuáles son las necesidades de la sociedad, pues por definición las necesidades son ilimitadas y siempre crecientes. Ahora, precisamente, el modelo socialista, tal y como ha sido comprobado en tantas partes, es incapaz de generar riqueza y adolece de muy baja productividad. Por ende, cada vez le quedan menos productos qué distribuir y menos necesidades qué satisfacer. Claro, el socialismo es también incapaz de ver esto y sencillamente se proclama como ente moral, reestructurador de la cultura humana y ¿qué hace? Pues nos dice que nuestras necesidades no son verdaderas, que nuestras necesidades económicas son fruto de la dominación burguesa: uno no necesita un carro, ni una casa, ni vacaciones en Margarita… todo eso hiede a pequeña burguesía… El socialismo, al ser incapaz de aumentar la calidad de vida, hace algo muy fácil: proclama la dignidad de la pobreza, por supuesto después de explicar las razones a través del imperialismo, el peso de un modelo histórico tradicional y corrupto, la traición de los infiltrados, etc. Eso es lo que quise decir cuando el Estado desciende el estándar de necesidades del pueblo, pues el Estado Socialista asume que las necesidades de la sociedad se encuentran en una lista de cosas por hacer, como un mandado de supermercado. Lo malo es que no se tiene suficiente dinero y nunca alcanza para la leche, ni la carne ni los huevos.

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