sábado, 10 de noviembre de 2007

En la página 387 de Anderson: “El Che sugirió que se redujera la jornada laboral de ocho a seis horas para crear puestos de trabajo”. Una similitud de Cuba y Venezuela para ese entonces: ambas eran naciones monoproductoras, una dependiente del precio internacional del azúcar, la otra del petróleo. Esto hizo que la economía de Cuba siempre fuera dependiente, así como lo es la venezolana. Tal característica fue tan influyente que “las negociaciones azucareras fueron el primer paso importante en las conversaciones secretas que desembocaron en la alianza cubano-soviética” P 409.

En una carta que le escribe el Che desde la India a su madre:

“Algo que realmente se ha desarrollado en mí es la sensación de lo masivo en contraposición con lo personal; soy el mismo solitario que era, buscando mi camino sin ayuda personal, pero ahora poseo el sentido de mi deber histórico. No tengo hogar ni mujer ni hijos ni padres ni hermanos y hermanas, mis amigos son mis amigos en tanto piensen políticamente como yo y sin embargo estoy contento, siento algo en la vida, no sólo una poderosa fuerza interior, que siempre sentí, sino también el poder de inyectarla a los demás y un sentido absolutamente fatalista de mi misión que me despoja del miedo.” P 413

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