lunes, 5 de noviembre de 2007


Teodoro Petkoff escribió hace treinta años que el éxito de la izquierda que él representaba iba a depender de “la capacidad que tengamos de crear entre la población la conciencia de que existe una vía venezolana al socialismo y un modelo específicamente venezolano de socialismo” P 142. Esto va más allá de la tautología, pues es evidente que todo socialismo que surja en Venezuela, es venezolano. Prosigue: “no existe una sola revolución triunfante que no lleve una profundísima impronta nacional, que no sea hija de una voluntad revolucionaria de raíces y modalidades exteriores, sino totalmente nacionales, absolutamente específicas, políticamente determinadas y condicionadas por una historia y por una coyuntura totalmente diferenciadas y aprovechadas al margen de todo esquema o de toda “receta” supuestamente universal”. P 142-143.

Luego sigue un largo párrafo que parece recoger los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI:

“Por eso, cuando acentuamos la naturaleza venezolana de nuestra vía al socialismo, no sólo queremos subrayar la existencia de un conjunto de rasgos específicos de nuestra nación –cosa que, por lo demás, no negaría nadie, pues es demasiado obvia-, sino, lo que es decisivo, la necesidad de ajustar nuestra conducta a tales rasgos, la necesidad de ser específicos también en nuestra actuación y en la proposición que elaboramos. […] No estamos, en este momento, ante la construcción de una sociedad socialista, sino ante las demandas provenientes de la lucha por la conquista del poder, objetivo que es una función directa de la creación de una fuerza social y política capaz de alcanzarlo […] Para que el socialismo pueda ser ‘popular’ –para que posea raíces en el pueblo- tiene que ser ‘nacional’ –con raíces en la historia de la nación-. Y viceversa. Existe entre lo ‘nacional’ y lo ‘popular’ una doble relación. Por una parte, la que corresponde a los lazos entre pueblo y nación, que son categorías inseparables entre sí, mutuamente determinadas y condicionadas; y por la otra, una relación en cuanto a percepción: para que el socialismo pueda ser popular tiene que ser percibido como una resultante de la historia real de la nación, de la historia no mitificada de los combates de nuestro pueblo.” P 143-144.

A lo largo del texto existen varias tesis: la primera es la que hemos copiado textualmente arriba, la necesidad de despojar de internacionalismos al socialismo e introducirlo dentro de una tradición histórica para poder venderlo al pueblo como un fenómeno natural y nacional. Segundo, la necesidad de romper con el capitalismo de Estado y pasar a un verdadero socialismo fundamentado en métodos de producción autogestionados y comunitarios. Tercero, romper con el “esencialismo” o seguimiento literal de las ideas de Marx y Lenin, lo que significa ir más allá del “obrerismo” y el “economismo”, entender las variables sociales como entidades mucho más complejas y de las cuales la producción es otra integrante más y apoyarse en el concepto de “cultura de la dependencia” en lugar de “dependencia cultural”. Cuarto, la necesidad de una solución democrática, política y no violenta: la revolución triunfará por las elecciones.

Pero en aquellos tiempos Teodoro hablaba de un “modo de vida” errado, tal y como Chávez expresa hoy en día. La cultura venezolana se proyecta desde la clase dominante burguesa, hasta los más pobres tienen ideas burguesas y disfrutan de ellas. Todo esto continuado y protegido por los regímenes de AD y COPEI que no han producido los cambios necesarios, sólo reformas superficiales que no conducen a nada. También dice que el carácter elitista de la izquierda la hace ver con ridículo las fallas del venezolano, que son, por coincidencia, precisamente lo más venezolano de la venezolanidad. Entonces, Teodoro básicamente está diciendo que la izquierda debe entender al venezolano, incluso respetar ciertas “zonas prohibidas” como la religión, el entretenimiento, etc. y dedicarse a la construcción de un nuevo modelo que, sin embargo, y a largo plazo, terminará cambiando a la cultura misma del venezolano. Sencillamente, que lamentablemente el venezolano es así y él es quien vota, así que debemos aceptarlo como es. Por supuesto, la mera habilidad de simulación demagógica no es creíble. Es decir: hay que ser adeco para ganar, pero no se olviden nunca de las aspiraciones revolucionarias.

En otra parte se nombra una gran ilusión de la izquierda que, al parecer, estamos viendo convertida en realidad hoy en día. Teodoro dice: “Cuando este Estado [el venezolano] tome en sus manos la producción de hierro y petróleo va a ser un verdadero mamut económico” P 183. La gran fantasía de la izquierda en Venezuela entonces consiste en llegar al poder y hacerse herederos del Tesoro Nacional, el cual usarán para poder impulsar la revolución. Como dice Teodoro, el capital del Estado se encuentra separado del capital privado y, por lo tanto, puede ejercer con cierta comodidad sus medidas económicas socialistas. Hoy en día estamos viendo tal cual esto, el Estado hace lo que quiere, gasta enormes sumas de dinero en las misiones y, francamente, desprecia a la empresa privada, incluso socava (aunque parece que no será tan fácil) sus propias garantías constitucionales.

Pero, ¿acaso no es esto lo que precisamente han hecho todos los gobiernos democráticos de Venezuela? El Estado como gran benefactor, inyectando millones de millones de bolívares en el país que ha recibido por fruto de los ingresos petroleros (y en menor medida del fisco). Por supuesto que si antes se favorecía el capitalismo, ahora se favorece al “socialismo”… Tal vez Teodoro tenga más razón ahora que lo leo… Quizás el gran problema en estos momentos es que tenemos a un gobierno socialista, tal cual, y que el pueblo aún no entiende qué es el socialismo y qué clase de derechos y deberes está recibiendo. Los debates de reforma constitucional vienen a ser entonces la última edición de la Misión Robinson: una alfabetización económica, aprender el socialismo: S con O, SO, C con I con A, CIA…

¿Cuán diferentes somos a los venezolanos de hace treinta años a los cuales hablaba Teodoro? Discutíamos antes acerca de las universidades, del rol que ha tenido la educación en hacer mejorar y progresar a ciertas porciones de la población… ¿Consiguió la democracia su meta? ¿Somos más cultos como pueblo, como nación, más tecnológicamente desarrollados, más independientes, que en 1960? Creo que sólo basta ver a quién está en Miraflores hoy en día para saber la respuesta. ¿La sociedad actual, dividida, políticamente idiota, económicamente fracasada, es entonces producto de las universidades? No sé… Me da miedo hasta atreverme a decir eso…

Al parecer entonces quien sí cambió fue la izquierda. Ella leyó a Petkoff –y quizás Chávez también- y se hizo un autoproceso, un juicio introspectivo. Entró a los cuarteles, se apropió del ideario bolivariano, llegó al poder y ahora es dueña absoluta del país. Pero eso entonces es decir que Chávez es hijo de la izquierda. José Vicente estaba con Teodoro en el MAS, así que está muy bien informado de los errores de la izquierda pasada. Nos insistían en que, ante todo, Chávez es un gobierno militar. Sí, pero… los militares en Venezuela son una clase extraña. Recuerdo la anécdota de un familiar que llegó a ser General de Brigada y fue enviado a Perú de agregado militar o algo por el estilo. Cuando fue presentado ante oficiales del Ejército Peruano, estos quedaron sorprendidos pues “en el Perú, un negro jamás hubiese llegado a ser General”. Eso fue hace muchos años, y desde luego es probable que en el Perú hoy día existan Coroneles, Almirantes y Generales que sean negros de Arequipa, indios de la Cordillera o hijos de inmigrantes asiáticos, pero el sabor de la anécdota es el mismo: consiste en la comprobación de nuestra gran concepción igualitaria de nosotros mismos, que los venezolanos no adolecemos del pernicioso cáncer del racismo. Pero también habla de la diferencia de los cuerpos militares venezolanos, herederos de los lanceros de Páez y los soldados andinos de Gómez, con respecto a los demás del continente. ¿Qué fue el Porteñazo y el Carupanazo? Interesante averiguar esas cosas.

Y, a todas éstas… ¿qué es de la vida del Che? Ya volveré a él…

Leo partes de El Divino Bolívar de Elías Pino Iturrieta. Chávez = Locura… sencillamente… ¿Cómo logro empatar el hilo histórico de Bolívar con el Che Guevara dentro de la ideología chavista? Tal vez Zamora sea la clave. El papá de Maisanta era guerrillero, de las guerrillas zamoranas. La guerrilla es entonces algo familiar. Puede ser una de las tesis. Eso y la virtud armada rousseauniana.

El Che en Sierra Maestra, en uno de los tantos “combaticos”: “Personalmente noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse para la próxima oportunidad”. Como sigue la explicación de JL Anderson: “Es difícil imaginar que muchos hombres en la misma situación harían semejante juicio autocrítico, pero así enfrentaba la vida Ernesto Guevara en su nueva identidad del Che. Era una de las facetas de su carácter que lo destacaba de la vasta mayoría de sus camaradas guerrilleros, los que en pleno combate aún esperaban sobrevivir a la experiencia”. P 313-314. La necesidad de vivir es concebida como un defecto en el que se resumen las quejas, la falta de combatividad, las deserciones, desobediencias, etc.

“Uno de los aspectos más notables de su diario de esta época es la ausencia casi total de detalles de su vida personal o de pasajes introspectivos, sobre todo cuando se lo compara con el ensimismado vagabundo Ernesto de pocos años atrás” P 315

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