
Continúa mi lectura de Del Buen Salvaje... Por supuesto, las sorpresas ante verdades conocidas pero jamás elucidadas así. Parece increíble que fue escrito hace más de 30 años. En efecto, fue publicado al mismo tiempo que Las venas abiertas... Sin ni siquiera haber abierto la primera página de este último, me atrevería a decir que sin lugar a dudas el volumen de Rangel ha envejecido mucho mejor. Debo reconocer que muchos de los mitos denunciados en Del Buen Salvaje... perduran en mí. Hay toda una plataforma educativa, sociocultural e interpersonal que me los han impuesto, o mejor dicho, transmitido. Pues pienso que los mitos no son imposiciones, sino es el aprendizaje más cómodo y fácil que puede haber. Un Dios que sale de día y se esconde de noche requiere muchos menos análisis que una bola de plasma incandescente en torno a la cual giramos por una fuerza misteriosa e inalámbrica. Los mitos existen no sólo por su utilidad, sino también porque están inmersos dentro de una esfera de conocimiento. Precisamente, los mitos son derribados únicamente cuando la verdad es tan evidente que no hay manera de no reconocerla. Pero hay algo en mí todavía que se resiste... no, resistencia no es la palabra. Quizás es incomodidad. Es la ansiedad tremenda que provoca la verdad puesta delante de tus ojos. ¿Es similar este sentimiento a la voraussetzungslöslichkeit que preconizaba Heidegger como el comienzo de la actividad filosófica? Ya he tenido mis v... moments en el pasado. Pero nunca leyendo sociología.
El Capítulo IV, "Ariel y Calibán" es duro. Y es que destrozar al Ariel de Rodó y a la raza cósmica de Vasconcelos, es algo casi cruel, sádico. Casi escucho en boca de Rangel las palabras de Flaubert en referencia a su Sallambô: "Seamos feroces, derramemos aguardiente sobre este siglo de agua azucarada". Parece mentira, pero en estos tiempos en los cuales la izquierda ha sido tan prostituida, es la derecha quien ofrece los argumentos más incendiarios. Argumentos de hace tres décadas que siguen siendo explosivos. Sencillamente increíble.
Luego, en el siguiente capítulo, llamado "Latinoamérica y el Marxismo", nos situamos en el contexto de finales del siglo XIX donde el capitalismo en lugar de entrar en crisis parecía estabilizarse y los obreros europeos mejoraban sus condiciones salariales. Allí podemos leer:
"...en la relación imperialista se encontraba la clave de la inesperada fortaleza del sistema capitalista en los países avanzados, junto con el descenso en la combatividad del proletariado industrial de esos países; y al sugerir a la vez, con toda claridad, que a partir de ese supuesto, el principal escenario de la lucha contra el sistema capitalista y por la revolución mundial debería desarrollarse no en las metrópolis, como habían supuesto Marx y Engels, sino en los países coloniales y dependientes, en la periferia".
Es decir en el Tercer Mundo, expresión acuñada en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Pero este Tercer Mundo NO era de ninguna manera Latinoamérica, la cual nunca fue estudiada por Marx ni por Engels. Estas ideas se referían sobre todo a Ásia y África, todavía sometidas a la dependencia colonialista. Como advierte Rangel, por decisiones demagogas y antinaturales, ciertos países de América Latina (nosotros por supuesto entre ellos) nos hemos declarado Tercer Mundo, lo cual supone una cierta carga de intereses y metas completamente distintas a las que un país avanzado heredero de la cultura occidental debería tener. Por ello Haya de la Torre sostenía que en América Latina el Imperialismo representa no el último, sino el primer estadio del capitalismo. Fue el Imperio Español quien comenzó a instalar una estructura económica por demandas de la metrópoli.
En un escenario rígido donde todas las órdenes a los Partidos Comunistas eran emitidas desde Moscú, y la URSS y China en lugar de estados comunistas hermanos se erguían por separado para constituirse en potencias rivales, Fidel Castro, "un terrorista individualista y pequeño-burgués", irrumpe en 1958. Cito:
"La aparición de Cuba revolucionaria fue doblemente importante: aportaba evidencia sobre la fuerza histórica del leninismo, como ya queda dicho; pero además y sobre todo daba oxígeno a la esperanza de que alguna vez, en alguna parte, un régimen comunista pudiera no ser inhumano."
Fue en esa revolución que surgió el Che y sus ideales de guerrilleros virtuosos, ascetas y puros que serían la verdadera vanguardia del proletariado. Rangel nos dice que el Che no inventó nada, que sus ideas del hombre nuevo, trabajo voluntario, etc. vienen de Marx, Engels, Fourier, Kautsky (y otros más que primera vez que escucho). Sin embargo... ¿fue el Che entonces el primero en llevarlas a cabo?
En mi casa la película Diarios de motocicleta fue la sensación. Tuve que volverla a ver. El Che todavía despierta fascinación en todos. Volví a escuchar el discurso en el cumpleaños y no dejé de sentir admiración. Pensé en los que estaban presentes allí, monjas, enfermeras, doctores, quienes años más tarde verían al joven Ernesto llenar las portadas de las revistas y periódicos de todo el mundo. Dirían con emoción "¡Pero si es el Fuser, Ernestico!", un leproso contaría cómo había estrechado manos con ese revolucionario sin guantes de por medio. La película se construye en efecto como una evolución del personaje. Desde un comienzo muy tímido e inseguro hasta una apoteosis de Patria, Muerte o Socialismo. Incluso si el Che no hubiese hecho más nada en vida, con esa pequeña porción mostrada en esos Diarios, pensaríamos cuán grande fue ese hombre.
Grandeza. Aunque moleste a muchos, debo usar esos calificativos. Hay algo heroico en el Che, cuyo fracaso ideológico e histórico no lo niega ni oculta, sino más bien lo dramatiza y convierte en tragedia poética.

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